El deterioro productivo y comercial dejó de ser una amenaza para convertirse en una realidad que atraviesa a toda la provincia de Buenos Aires. Según un relevamiento del Observatorio de Datos Estratégicos, al menos 3.165 comercios y establecimientos productivos bajaron sus persianas de forma documentada en territorio bonaerense entre 2023 y septiembre de 2026.
Luján no está exenta de este contexto, ya que el mismo informe destaca que se registraron más de 20 cierres comerciales únicamente entre enero y mediados de febrero de este año. El impacto más profundo se siente en el entramado industrial, histórico motor del empleo local. Mientras la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA) reportó a nivel provincial la pérdida de 1.306 unidades productivas y casi 42.000 puestos de trabajo, las estadísticas lujanenses alarman de igual forma.
En la economía formal del distrito se producen actualmente entre 9 y 12 despidos por semana durante 2026. La crisis golpea de lleno a industrias emblemáticas de la zona. Cerámica Cortines, por ejemplo, eliminó más de 130 puestos de trabajo en un proceso de ajuste iniciado en 2025. El panorama es especialmente crítico en el rubro textil, indumentaria y calzado, identificado por el observatorio como uno de los sectores más afectados a nivel provincial.

A nivel local, la firma Estampados Rotativos llegó a sostener 49 suspensiones antes de registrar nuevos despidos, mientras que Tex Fabric también inició el 2026 con desvinculaciones laborales. Como resultado directo de la caída en las ventas, los referentes del sector describen que las plantas locales operan con una capacidad ociosa cercana a la mitad. Esta parálisis va en sintonía con el escenario nacional, donde la industria textil utilizaba apenas alrededor del 42% de su capacidad instalada hacia mayo de 2026.
Las causas de esta recesión son múltiples: los relevamientos empresariales apuntan a la caída del consumo, la pérdida de rentabilidad, la presión impositiva y el aumento de tarifas y servicios. En el sector manufacturero, a estos factores se le suma la fuerte competencia de los productos importados. Frente a este escenario, empresarios y sindicatos locales recordaron que ya en 2023 habían advertido que una apertura indiscriminada dejaría a la industria al borde del abismo.
Al rechazar la desregulación del mercado, el sector productivo lujanense exige la reconstrucción de un acuerdo nacional con reglas previsibles, argumentando que resulta imposible competir cuando la industria argentina debe producir soportando una estructura de costos que no se le exige a los bienes que ingresan desde el exterior.






