Luciani y Sallaberry «filtran» diferencias de mando tras años de feeling político ¿Rupturas, «pegar para negociar» o mera rosca política en medio de una gestión sin respuesta? La idea de obligar a acuerdos electorales vía micrófonos y el comunicado de la Junta de Gobierno de la UV donde se informa la candidatura de Rita Sallaberry. Un falso divorcio para disputar cargos.

Con aquello que se esgrime generalmente que «en política todo es posible», parece haber nacido una posibilidad de ruptura intempestiva de uno de los partidos que conforma la alianza de gobierno. En las últimas horas, con las versiones y los rumores  se intenta armar el relato de un problema interno que nace en la Unión Vecinal e impacta en todo Cambiemos.

Con declaraciones, posturas y emisarios, el teléfono descompuesto crece en el contexto de la disputa por la herencia política de Oscar Luciani. Si algo le faltaba al proceso de retirada era una pelea interna. El baño de renovación y separación está en marcha. Luciani parece ser mancha venenosa. Hace horas el comunicado de la Unión Vecinal circula por mails y whatsapp, pero para que tenga cierta pertinencia se tuvo que preparar el terreno. Un acting de peleas que si bien pueden ser, también se pueden inventar.

Tras gobernar ocho años y ser uno de los grupos más cerrados y crípticos de la política municipal, luego de las miles de fotos de asados y reuniones de «Oscar y los chicos»  y después de un paternalismo omnipresente del intendente para su equipo de jóvenes, ahora todo parece estar roto y la forma de exponerlo es a través de los medios de comunicación.

La escena carece de un buen guionista. O tal vez (cuesta creerlo) existe la intención de mostrar que, como gobierno -incluso con los resortes del Estado a su disposición- no han sido capaces de organizar una salida prolija y una transición ordenada, casi en composé a la idea imperante de una gestión deslucida de nula iniciativa política. La opción parece ser la primera: una buena idea pero mal implementada. Sin mediar reunión, café, charla, llamado telefónico o un emoji de whatsapp, el sector joven de la Unión Vecinal decidió mostrar su incomodidad en tevé, luego Sallaberry puso la voz y dio declaraciones, y finalmente circuló un comunicado proponiéndola como pre candidata a la intendencia.

Es necesario volver unas páginas hacia atrás. Sallaberry desparramó que está enojada con Luciani por su declinación a la intendencia, por la intención de correrla del cargo tras sus últimas vacaciones y a partir del respaldo consecuente que ofreció el intendente al candidato radical Fernando Casset. Tras cartón, una cena en lo de Javier Casset -con foto incluida- habría sido una gota más para la rabieta adolescente. Rita lo dice y cuenta a viva voz a periodistas y dirigentes: lo hace volviendo sobre sus pasos que exhibieron siempre una actitud reservada. Ahora algo cambió y desde su oficina en el palacio municipal organizó la operación de cómo, a quién y cuándo filtraría la intención de «los chicos» de la Unión Vecinal de reclamar lugares más preponderantes en el armado 2019. Nada es natural.

El contexto responde a un rosca típica del partido «con más de 40 años» -UV dixit- que mantuvo su protagonismo en el poder municipal en los ’70 (con la dictadura militar), en los ’90 (en los años de Carlos Menem y coqueteos con Duhalde) y en el nuevo siglo (con miradas de reojo a Scioli, si era necesario). Entre éstos últimos dos períodos, el partido sufrió la no renovación y la falta de recambio generacional, proceso que hoy todavía queda largo para el salto que -insisten- merecen pegar les chiques. Entre los 70 y los 80 el vecinalismo exhibió diversas caras que exceden este repaso, por caso los Artero, los Massera, los Cabrera -entre otros-. Todos quedaron en el camino ante el apellido Sallaberry.

Aquí y ahora, entonces. La secretaria de Gobierno quiere que todos sepan que está enojada. No se guarda críticas para Luciani y marca sus errores insistentemente, la falta de conducción y la bronca por querer correrla de su cargo. Pocas iniciativas tan claras como intentar instalar un divorcio. Si Sallaberry está enojada o es un mero posicionamiento cosmético, allá las estrategias.

Lo cierto es que algunos meses atrás la propia Sallaberry también había comunicado internamente su viaje a Australia con la idea de «salir del mapa político», por un tiempo. Y si se va más hacia atrás, nuevamente la joven dirigente política daba otra señal contradictoria a la luz de lo que sucede en la actualidad: «Queremos tres lugares en la lista de concejales», pidió en una mesa con poca gente. Federico Ferrarazo, Agustín Musso, Francisco Giaccaglia eran algunos nombres para el tridente. Ella se veía  y se mostraba afuera.

Cuestión que -ahora- parece molesta. Para exponerlo ella y su sector juvenil preparó los hilos para que el mensaje de disgusto sea visible y que luego salga por televisión. El complemento sería lo declarado por ella vía éter. El sábado por la mañana, en el programa radial «La Palabra» de Gerardo Tomadoni, Sallaberry le tiró unos petardos en los pies a Casset y lo corrió como candidato único. «Habrá querido pegarle al chancho para que el dueño salte», pensaron en calle Mitre.

De calle a calle. Desde Mariano Moreno 865 salió para todos los medios el comunicado oficial de la Unión Vecinal. Casi como una solicitada de antaño, la UV manifestó su apoyo a lo que fue filtrando Sallaberry y no solo eso: «Consideramos necesario expresar nuestro total apoyo a nuestra afiliada y referente, ratificando cada uno de sus dichos. La Junta de Gobierno de la Unión Vecinal de Luján, además, quiere expresar públicamente que, al igual que todos los años electorales, propondrá a su Asamblea de Afiliados una lista puramente vecinalista, llevando como candidata a Intendente Municipal a Ana Rita Sallaberry».

«Boleta corta», «unidad no asegurada» y, al final, la firma de Agustin Musso, Néstor Luciani, Omar Saavedra, María de la Paz Elías, Federico Ferrarazzo, Francisco Giaccaglia, Horacio Di Marco y Federico Baffa. Bombazo. ¿Bombazo? Por ahora una estrategia política y comunicacional con intención de mostrar independencia y confrontación aunque pertenencia a Cambiemos.

Nadie quiere lo malo de la gestión, el 70 porciento de imagen negativa de Luciani y la grave herencia económica que deja. Pero lo que está de fondo es la renovación: ¿Cómo seguir sin ser lo mismo? Una pseudo pelea puede ayudar. Pero no muy intensa, primero porque los pies del plato del poder no se sacan nunca. Y por último, porque los segundos y terceros puestos en elecciones pasadas son enseñanzas que nadie puede suponer desaprendidas.

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