Voucher para el pueblo

Tito Ferrari
Tito Ferrari
Educador, realizador audiovisual, militante popular, vecino de Los Laureles

El 21 de marzo el gobierno de Javier Milei oficializó el programa de los vouchers. Aquellas familias que no llegan a pagar la cuota de la escuela privada (con subvención de hasta el 75%), que tienen un ingreso menor a siete salarios mínimos vital y móvil, y que la cuota del colegio no supera los $54.396, pueden acceder a un beneficio del 50% de su valor, teniendo como límite no más de $27.198. Ahora bien, lo primero que nos puede salir desde el campo educativo y desde los que defendemos la educación pública y gratuita en nuestro país es que esto atenta contra eso.

Pero cómo hacemos para mirar más allá de la reacción defensiva de la educación pública y analizar no solo la intencionalidad política que tiene el Gobierno, sino también con qué situación real y concreta de nuestro pueblo logra conectar y sobre la cual, quizás, abre la posibilidad de dar pasos firmes hacia una transformación de raíz de la educación nacional que paso a paso la va haciendo más privada y menos pública.

En primer lugar, es una medida que tiende a financiar la demanda y no la oferta, algo que claramente busca tensionar e ir horadando a nuestro propio sistema de educación público y gratuito. La Ley Nacional de Educación 26.206 (2006) garantiza el acceso a la educación, por lo tanto la oferta educativa. Esto implica miles de jardines, escuelas, salarios e infraestructura en todo el país. La nueva medida apunta a poner plata directamente en las familias. Algo similar al modelo neoliberal de Chile que profundizó las desigualdades en la población, entre quienes podían pagar una mejor escuela y quienes no, y tenían que hasta endeudarse para poder hacerlo.

Por otro lado, esta medida refleja que plata hay. Por un lado se sacó el FONID (Fondo Nacional de Incentivo Docente) que iba a las provincias y que había surgido en los 90 para acompañar el traspaso de las escuelas a las provincias. Asimismo miles de comedores en todo el país no están recibiendo alimento, y millones de niños/as y jóvenes no tienen para los útiles en las escuelas  públicas. Entonces hay plata para algunos/as y para otros no.

Medidas que parecieran buscar una lucha entre vecinos/as. Entre uno/a que manda a su pibe a la parroquial y recibe un voucher y otro/a que lo tiene en la pública y recibe un castigo. Por lo tanto, no podemos tolerar que siembren la crueldad en nuestras barriadas, y también necesitamos instalar en las comunidades educativas el debate acerca de qué se hace con ese recurso público, en dónde es necesario invertir, más allá de lo necesariamente salarial. Ellos/as, quienes gobiernan, lo tienen claro: dividir a los/as de abajo y desfinanciar lo público para que el sector privado se haga una fiesta. ¿Nosotros/as?

Ahora bien, lo novedoso de esta iniciativa es que va a llegar a una porción de nuestro pueblo, a los sectores populares y a los sectores de clase media baja, ya que la cuota del colegio que entraría dentro de los márgenes establecidos, es una cuota de escuela parroquial. Esas escuelas en algunas casas es la apuesta a una “escuela privada” y a la posibilidad del ascenso social y el progreso familiar. En otras, y fuertemente en el último tiempo, viene siendo, aunque nos duela, elegir la privada porque la escuela pública del barrio no funciona bien, “le suelta la manos a los/as pibes/as”, “los docentes no van”, “hay conflictos y que los resuelvan afuera”.

Entonces, me animo a vislumbrar que va a ser una medida celebrada doblemente por esa porción de nuestro pueblo. Primero, porque tiene que ver con que desde el Estado se dé una respuesta -y concretamente desde este gobierno- a una situación como consecuencia del descomunal ajuste y “la miseria planificada” que estamos viviendo y, por las dudas, como consecuencia de su propio plan económico.

Y por otro, porque da cierto cobijo político a las familias, vecinos/as, estudiantes que en nuestra escuela pública, así como están, no pudimos abrazar y ellos/as ahora los/as usan como punta de lanza. Parece que también tienen claro que no hay cambio sin el pueblo, y por lo que parece, con un Estado presente. Entonces me pregunto como educador, ¿cómo abrazamos a esas familias que también quieren una escuela pública en el barrio? Y que quieren que sea la mejor escuela pública, pero así como está no. Y también, ¿qué Estado, qué políticas públicas a nivel educativo son urgente crear y salir a proponer/disputar?

Por lo tanto, estamos frente a una etapa donde se quiere transformar de raíz nuestra educación. Tienen un horizonte, van a acumular con las fuerzas del cielo, pero también, con las del pueblo para avanzar. Me pregunto si los/as educadores/as, los sindicatos y organizaciones estaremos a la altura. Porque es la oportunidad que tenemos de tomar en nuestras manos la situación en la que está nuestra escuela pública, a la que hay que defender, pero también a la que hay que poner en debate, para encarar una transformación histórica desde los/as trabajadores/as de la educación, la comunidad educativa y las organizaciones sociales, y no desde el mercado.

Quizás aún estamos a tiempo de encontrarnos, reunirnos y convocar a encuentros, asambleas, Foros y hasta un Congreso Pedagógico Nacional que nos permita escribir una nueva hoja de la historia educativa de nuestro pueblo y de la educación pública para defenderla y transformarla juntos/as.

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Tito Ferrari
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Educador, realizador audiovisual, militante popular, vecino de Los Laureles

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