Foto: Julieta Brancatto

Entre lluvia y lluvia, decenas de familias padecen inundaciones y deben buscar refugio y volver a empezar. Otras tantas no pueden salir de casa por el deterioro de las calles.

Una familia aguanta el temporal. Otra vez la lluvia, el crecimiento del río representa una amenaza conocida pero en los barrios, azota más el abandono de la gestión municipal que el mal tiempo.

Poca o mucha el agua que cae en el barrio Villa del Parque va derechito al arroyo y no hace falta mucho para el desborde que deja en un espiral de problemas a las casi diez familias que viven en pasaje “Che Guevara”.

Esta vez, decidieron marchar a casas de familiares y amigos. Otra mujer con sus hijos encaró para el Mignone que se dispuso como centro de evacuados. Desde el Estado Municipal apenas arrimaron agua potable y algo de mercadería. Pero más de una familia, otra vez, perdió todo. La mayoría ya no lleva la cuenta de cuántas veces volvió a empezar en los últimos años.

En la otra punta de la ciudad, el barrio San Fermín cuna de familias laburantes y trabajadores empobrecidos, afronta la misma malaria. Algunos ranchitos entre perros y los restos de la cirujeada que sirve para el mango diario, entregan una imagen difícil de asimilar.

Tres vecinos se abrazan y comparten las donaciones que en el barrio se estuvieron pidiendo durante estos días. Colchones, frazada y ropa seca para bancar estos días que vienen, de frío y laburos para desinfectar sus viviendas.

Otras ocho familias aguantan en la sociedad de fomento de La Loma. Entre el montón, apuran el mangazo de una leche especial antirreflujo. “Nutrilón”, así lo tenes que pedir, repiten varias mujeres. Es para un bebé de 17 días que cargado en brazos, rajó sin saberlo de su casa para no terminar abajo del agua.

Aunque se activó el protocoló de inundaciones, la asistencia es poca y la atención es mala. En las sociedades de fomento y los comedores del barrio, quienes viven anegados encuentran más hospitalidad.

Algunos brazos solidarios ayudan a pasar las duras jornadas, en la sociedad de fomento, los merenderos y comedores amasan algo y extienden el mangazo para que lleguen las donaciones.

Cerquita, el predio del barrio San Marta luce algunas casitas con familias que ya la pasaron y accedieron a la relocalización. Conviven entre inundados pero también son vecinos de casas que han quedado por la mitad, a medio construir y sin garantías de continuidad. La obra que la gobernadora inauguró y sobre la cual dijo “si decimos que la vamos a terminar es por que lo vamos a hacer”, suman 96 viviendas que quedaron en veremos.

Este fin de semana no dejó foto de la basílica amenazada por el desborde del río, ni explicaciones de funcionarios, ni cadenas de comunicados oficiales. Pero sí las consecuencias del abandono y las promesas incumplidas. Las postales, son las cotidianas, las que deja cada tormenta a decenas de vecinos y vecinas que otra vez, juntan fuerzas para volver a empezar.

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