abril 13, 2024
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Viajar a las Islas: “En Malvinas me encontré con una parte de Marcelo”

Flavia Porto, compañera del veterano de Malvinas Marcelo Sánchez, cumplió su sueño de pisar el archipiélago. Su estadía en el territorio, su visita al Cementerio de Darwin y la posición donde combatió Sánchez, en esta nota.

Durante los primeros días de marzo, una comitiva de Luján conformada por veteranos de Malvinas, familiares y amigos partieron rumbo a las Islas, en la previa de un nuevo 2 de Abril, a 42 años del conflicto bélico con Inglaterra. En ese avión estuvo Flavia Porto reconocida profesora de literatura de nuestra ciudad, quien milita la causa Malvinas en las escuelas desde hace muchos años, y compañera del veterano Marcelo Sánchez, fallecido el 30 de junio del 2021 por coronavirus.

En una travesía que duró una semana, el grupo recorrió distintos puntos de Malvinas, rindió homenajes a sus familiares y amigos, reconoció posiciones donde combatieron en 1982 y cumplieron un sueño, como es el caso de Flavia, que ansiaba con pisar el territorio en el cual combatió Marcelo y al que habían planeado volver juntos.

El avión partió de Río Gallegos hacia Malvinas el 9 de marzo, solo hay un vuelo por mes que despega los sábados, y volvieron a Luján el 17 de marzo, con muchas historias, con metas cumplidas y con la reafirmación de seguir luchando por la soberanía aún más fuerte.

―¿Cómo se da este viaje?

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―El viaje lo planifiqué con mucho tiempo. Hacía muchos años que quería viajar, porque enseño Malvinas, porque creo en esta causa y me interesaba conocer no solo esa parte de la Argentina, sino también lo que vengo enseñando hace tanto tiempo. Se fue postergando por una cuestión netamente económica. Junto con mi compañero, el veterano de guerra de Malvinas Marcelo Sánchez, pensamos en viajar juntos. Luego llegó la pandemia, se disolvió esa posibilidad, pero los dos soñábamos con viajar a Malvinas juntos. Por eso yo creía que para mí era vital ir.

―¿Cómo tomaste la decisión?

―En el período de elecciones, diciembre del año pasado, veo que la Argentina empieza a cambiar y apareció el tener temor de no poder ir, por eso tomé la decisión, empujada por mi familia. Ahí empezamos a armar un grupo, junto a Marcelo Vallejos, Benjamín Márquez, Quique Álvarez con su hijo y Tomás Calisqui, y a planificar el viaje. Viajar fue concretar un sueño.

―¿Es muy difícil viajar a Malvinas para un argentino?

―El mayor problema para llegar a Malvinas es primero comulgar con la idea que te van a sellar el pasaporte. Muchos dicen que es admitir que estás yendo el extranjero, pero en mi caso es el sacrificio que tuve que hacer para ir a conocer nuestra patria. Sin dudas que el mayor conflicto es el económico, porque es costosísimo viajar.

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―¿Qué sentiste al llegar a las Islas?

―En el vuelo que nos llevó de Río Gallegos hasta Malvinas, justo cuando estábamos sobrevolando las Islas para el aterrizaje, me ganó una emoción y lo primero que se me vino a la cabeza fue saber que estaba cumpliendo mi sueño. Es un conflicto de emociones: ir a un lugar que forma parte de tu patria, donde te sellan un pasaporte para poder ingresar, donde hablan otro idioma y yo sentir la argentinidad en mi alma.

―Otro de los motivos de los viajes a las Islas fue para recordar a Marcelo, tu compañero…

―Este sueño se sostenía por diversos propósitos. Conocer esta tierra, su geografía, pero también lo que refiere a la memoria, poder realizar las conmemoraciones. Traer a la memoria a esas personas a las que llamamos héroes.

―¿Encontraste la posición de Marcelo?

―Sí. Marcelo fue un apuntador de cañón y guiada y orientada por sus compañeros, que me reuní con ellos con anterioridad al viaje, me marcaron el lugar, por eso pudimos llegar. Estuvimos en su posición, en la trinchera. Fue algo místico, lleno de amor. Obviamente que triste, pero fue muy reparador para mí llegar a ese lugar. Me encontré con una parte de Marcelo ahí. Estando ahí, cerca del mar, me permitió llevar algo que también nos habíamos prometido con Marcelo, que es una medalla que él guardaba, tirarla al mar.

―¿Qué otros lugares recorrieron?

―Pudimos ir al cementerio de Darwin, donde cantamos el himno y colocamos una bandera Argentina. Allí no hay gran circulación de personas, por eso pudimos hacer esto. Fue un momento que caló muy profundo. También fuimos a las posiciones de cada uno de los veteranos, encontrar esos lugares en donde cada uno combatió, durmió, escuchar anécdotas ahí, ver su emoción.

―¿Tenés anécdotas en tu estadía en el cementerio?

―Cuando fuimos al Cementerio de Darwin tuve la posibilidad de llevarle flores a Enrique Hudepohl, caído de acá de Luján. Nosotras con mi compañera, con Carolina Tarda, enseñamos la memoria local y para mí fue una gran emoción poder encontrar ese lugar, poder compartir un tiempo. Le pude rendir homenaje, sentir que estaba más cerca. Eso, de algún modo, resignificó todo lo que vengo trabajando desde hace años.

―¿Qué cosas fueron las que más te paralizaron en tu estadía en las Islas?

―Que hablen en otro idioma, que sean una colonia, genera mucho dolor. Es como pedir permiso para entrar en tu propia casa el hecho de ir por un tiempo determinado. Vimos carteles y banderas en donde nos pedían a los argentinos que dejemos de reclamar por la soberanía. Es muy chocante y doloroso saber que todo ese territorio es nuestro y que en este estado actual de la política argentina vemos alejarse el sueño de recuperar la soberanía. Yo traté de tomármelo de otra forma, como para no estar llena de bronca. Por eso volví en un estado de renovación de energía, para seguir con la lucha.

―¿Cómo estás viendo las medidas del gobierno nacional en clave de soberanía por las Islas?

―Justamente, cuando decido viajar, lo hago por este contexto. Un contexto en el cual el presidente se nombró como admirador de Margaret Thatcher, esas ansias de rifar nuestra soberanía. En los discursos se ve la intencionalidad de no continuar con las políticas que se estaban realizando en favor de la soberanía y en el marco del derecho internacional. Hay una desvalorización por lo que se venía haciendo, que fue un montó. ¿Suficiente? Seguramente que no, pero había un gran impulso de las políticas internacionales en favor de la soberanía plena.

―¿Qué te genera eso?

―Ver que los Kelpers viven de nuestros recursos naturales, las concesiones con otros países, en donde extraen ilimitadamente nuestros recursos. Te enfrentas a la realidad de un gobierno que no pelea, que no tiene la intencionalidad, no demuestra señas que tengan que ver con el nacionalismo, eso genera temor.

Leo Blasco
Leo Blasco
Periodista. Licenciado en Comunicación Audiovisual.

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