Foto: Victoria Nordenstahl

Ladran Sancho participó de la recorrida que brindó Paco Durañona a dirigentes del Frente de Todos de Luján por la planta de reciclado en San Antonio de Areco. La experiencia en la que basaron la ordenanza que prometía erradicar el basural local y espera su aplicación.

A comienzos de 2018 el Concejo Deliberante de Luján aprobó una ordenanza madre para encarar la reconversión del basural en una planta de transferencia. El plan incluye la «transformación, parquización y puesta en valor de las tierras» del basural a cielo abierto más grande de la provincia y contempla la integración de trabajadores informales que viven del reciclado.

Pero, al día de hoy, la gestión municipal aplicó un solo articulo de la legislación y para colmo de males, ni siquiera pudieron evitar los incendios en el predio del barrio San Pedro.

La norma aprobada contempla el paso a paso, las instrucciones para que la gestión encare las soluciones. Fue trabajada por la Comisión Ampliada que integraron concejales, funcionarios del Ejecutivo y vecinos y vecinas de la ciudad.

A su vez está basada en la experiencia de San Antonio de Areco que, salvando las diferencias en la densidad poblacional y por consiguiente el volumen de producción de residuos (21 mil kilos frente a 120 mil diarios), partieron de un problema similar y lograron un parque «modelo» en la provincia. El intendente Paco Durañona, recibió a dirigentes locales del Frente de Todos y les hizo un tour por el basural municipal. Ladran Sancho fue parte de la recorrida para conocer una experiencia viable de reconversión de los residuos.

En 2011 cuando asumió Durañoña la situación del basural en la localidad vecina era similar a la que hoy presenta Luján. Familias que vivían dentro del predio «tenían el control, el municipio no podía poner un píe» recuerda el secretario de Higiene Urbana, Damian Natalini.

El plan comenzó por la separación de origen, desde los domicilios y consiste en dividir sólidos de húmedos «para hacérsela más fácil al vecino». También incluye la colocación de contenedores que respetan la misma división y hasta una «guardia costera» que mantiene el río limpio de desechos urbanos.

En el predio, alejado de la zona urbana a diferencia de lo que sucede en Luján, cuentan con una oficina, una planta de transferencia, una chipeadora y espacio suficiente como para mantener separada la basura electrónica, la ya procesada y los restos que no se pueden recuperar y envían al CEAMSE.

Desde hace un año no entierran residuos sólidos urbanos, patógenos domiciliarios ni neumáticos. Restos de poda, escombros y otros partes recuperables de los residuos son tratados en el lugar y reutilizados. En la región es la única planta habilitada por el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible para emitir certificado de disposición final.

Con  más de 23 mil habitantes, Areco produce cerca de 21 toneladas de basura mensual frente a las 120 que produce Luján. Aunque la diferencia es considerable, la experiencia Areco arrima posibilidades desde la gestión pública en dialogo con los actores privados, empresas y grandes generadores de residuos y actores de un tercer sector implicados a la temática.

El intendente Durañona encabezó la recorrida y como buen gestor no se privó de dar consejos a los dirigentes del Frente de Todos: «Me imagino yo en la zona de la explanada de la Basílica campanas verdes y contenedores a morir. Húmedos y secos, que la gente pueda dejar residuos ya separados» tiró entre otras pautas a lo largo del tour.

En Luján, quien quiera gestionar adecuadamente el tratamiento de residuos encontrará masa crítica en la ciudadanía para iniciar un proceso participativo y responsable junto a cooperativas, federaciones y vecinos organizados que luchan por la erradicación del basural a cielo abierto. Más allá de las distancias, la experiencia Areco demuestra que es posible reducir el volumen y generar conciencia ambiental.

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