La lucha por un futuro más verde, la concientización de los más jóvenes sobre el reciclaje y la contención de laburantes que trabajan en contacto directo con la basura son los pilares fundamentales que hacen funcionar a Usina Eco, una cooperativa local que recibe más de nueve mil kilos de basura semanales y ofrece una salida laboral a 32 trabajadores.

«No esperábamos una respuesta tan rápida por parte de la sociedad», comienza diciendo Javier, uno de los cooperativistas de UsinaEco, mientras mira la enorme cantidad de bolsones llenos de basura que se apilan en un galpón alquilado por la cooperativa de la que forma parte, que se encuentra dentro del predio de la Ex Vandenfil.

En tres años UsinaEco pasó de ser un sueño y un proyecto a materializarse, sumar recursos humanos y materiales, cerrar convenios con empresas, cooperativas e instituciones educativas para meterse de lleno en el proceso de reciclado.

«La Cooperativa nació para dignificar el trabajo del recolector urbano, desestigmatizar la relación que se hace entre la basura y la pobreza, como si la basura le correspondiera al pobre» rememora Javier desde la puerta de la planta.

Las charlas en las escuelas rindieron sus frutos: los más pequeños lograron modificar los hábitos de sus padres a la hora de separar los residuos y los vecinos lujanenses comenzaron a tomar conciencia de la importancia de separar la basura a la hora de desecharla, lo que conllevó a que la cooperativa tenga más trabajo, que se ve obligada a ir alquilando más galpones para poder manejar con más facilidad las crecientes cantidades de desechos recibidas.

Pero la pregunta que hay que hacerse es: ¿Adónde iría toda esa basura si no llegara a Usina Eco?, y la respuesta es simple: al basural. Gracias al trabajo de la cooperativa, miles de kilos de desechos hoy pueden ser reciclados y devueltos al circuito productivo en forma de materia prima. «Procesamos entre 8 y 10 toneladas por semana de las cuales solo el 2 por ciento pasa a ser rechazo y va a la quema» aseguran.

Para entender mejor cómo funciona el proceso, Martín, coordinador del trabajo dentro de la cooperativa, dio el ejemplo de un cliente que fabrica envases para productos de limpieza. La empresa le compra varios bolsones de producto acondicionado a Usina Eco y a partir de esa materia prima se pueden fabricar nuevos envases que están en condiciones de volver a las góndolas.

Para lograr recolectar una mayor cantidad de residuos, la cooperativa tiene un acuerdo con grandes generadores de residuos de marcas reconocidas. Convenios que gestionaron por su cuenta, mientras esperan que desde el municipio se comience a aplicar la legislación que obligaría a los grandes productores de residuos a pagar por ese servicio.

El impacto del cooperativismo aplicado al trabajo de reciclaje es doble: no solo que colabora para que la sociedad en su conjunto viva en un ambiente más saludable, sino que también le otorga una dignidad a trabajadores de la basura que, si no estuvieran dentro de Usina Eco, estarían laburando en el basural de una forma totalmente precarizada, sin las herramientas de trabajo correspondientes y sin derechos laborales.

«Tenemos dos camiones bastante viejos para recolectar los bolsones», cuentan mientras recorren junto a Ladran Sancho la planta. «Te imaginarás que viven en el taller, siempre tienen algún problema mecánico». Pero esta es solo una de las necesidades que debe suplir la cooperativa para poder funcionar. La ropa de trabajo y las herramientas como las prensas hidráulicas y los contenedores para los residuos que no pudieron ser reciclados también forman parte de la lista de compras comunitaria. Queda todo por hacer.

Desde Ladran Sancho subimos a uno de los camiones recolectores de Usina Eco para acompañar a los laburantes y tener de primera mano la experiencia de un parte importante del proceso de recolección.

Al volante, Chiqui sueña con algún día tener un vehículo 0 km, pero en el corto plazo aspira a ponerle un estéreo al que ya maneja. «Todos los días estamos dos o tres horas arriba del camión juntando los residuos», explica y destaca que «la gente está comenzando a tomar conciencia, cada vez son más los negocios y particulares que separan los residuos de la basura».

Como todo trabajo, el de recolección también tiene sus altibajos. Chiqui aclaró que «Hay veces que la gente no tiene preparada la basura y hay que pasar varias veces por el lugar, por lo que perdemos bastante tiempo», y, en contraste, añadió que «hay personas que nos esperan con los residuos en la puerta y nos los entregan en mano, como que ya le agarraron cariño a la cooperativa».

Pero más allá de las necesidades y problemas que debe atravesar, la cooperativa no solo se pone como objetivo la generación de empleo digno, sino que también cumple un rol educativo y apunta a la concientización de los jóvenes en edad escolar. A través de charlas en distintos colegios de la ciudad, los referentes de Usina le explican a los más chicos el por qué es tan importante separar los residuos de la basura, reciclar y reutilizar.

«Las charlas están emparentadas con lo que plantean los lineamientos curriculares de la Provincia de Buenos Aires, es decir que son personalizadas para los destinatarios dependiendo de su edad», explica Pablo, difusor de UsinaEco en los colegios, y agrega: «ni bien nos vamos de la escuela luego de una charla, ya consideramos a esa institución como un punto verde.».

Estas conversaciones con los chicos siempre van acompañadas por una presentación que tiene una parte divertida y otra que muestra la dura realidad en la que se vive. La divertida está basada en un recital de punk, monólogos del planeta tierra encarnado en un personaje animado y canciones sobre separar los residuos y las tres R. La parte real muestra cómo Luján tiene el basural a cielo abierto más grande de la Provincia de Buenos Aires, las terribles condiciones en las que trabajan quienes juntan residuos en la quema y los efectos perjudiciales que provoca la basura en el medio ambiente.

Es así como Usina Eco va creciendo día a día. La mayoría de los miembros sueña con algún día llegar a erradicar el basural a cielo abierto por completo, pero para lograr ese objetivo el camino es largo y de lucha constante. Mientras tanto, la concientización, la dignificación del trabajo y el reciclaje siguen a la orden del día en los galpones de la ex Vandenfil y crean un futuro de esperanza en una ciudad con el triste honor de tener el vertedero de desechos más grande de la provincia. Adelante cooperativistas!.

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