Un grupo de mujeres de 18 años hacen trabajos de prevención y contención de situaciones de violencia de género dentro del boliche Mint. Avanza la propuesta para que su trabajo se convierta en política pública y sea extensivo al resto de los locales bailables del partido.

Surgidas del colectivo de “Adolescentas Feministas de Luján”, Josefa Cappanera, Martina Olaz y Tamara López trabajan hace un año atendiendo situaciones de violencia de género contra las mujeres en el boliche Mint (ex Al Diablo).

El primer contacto de las chicas con el lugar llegó a partir de una fotógrafa contratada por el local bailable que integraba la Asamblea de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis. A través de ella nació el interés de los dueños de contactarse con mujeres jóvenes para convertir al boliche en un lugar más inclusivo. Al poco tiempo concluyeron que era necesario que hubiese un grupo de mujeres feministas dentro del boliche para detectar y prevenir las violencias de género. 

Dos de ellas, comparten la experiencia de abordar una problemática recurrente en la nocturnidad, describen las carencias en prevención y capacitación dentro de espacios bailables, y explican el trabajo en conjunto con el Estado con el objetivo de hacer de la noche un lugar más seguro para las mujeres.


—Están hace un año realizando un trabajo que no existía en las noches de Luján, ¿les sorprendió que los dueños las contactaran?

Martina Olaz Nos sorprendió que la iniciativa surgió de ellos y nos pareció muy bien. Nuestro trabajo surge de una necesidad previa.

Josefa Cappanera Es llamativo que los dueños de un boliche digan “necesitamos contratar pibas para garantizarles la seguridad a otras pibitas”. Esto ocurre porque hay una serie de violencias en el boliche que pueden ser prevenidas trabajando con medidas como la capacitación del personal masculino.

—Y además está la cuestión comercial…

JC -Si, hay una necesidad comercial para que los boliches sean seguros para que las pibas sigan yendo, entonces tienen que garantizar la seguridad. Para que las pibas esten seguras dentro de los boliches, es necesario el trabajo de mujeres capacitadas en perspectiva de género. Se está planteando un cambio de paradigma con estos nuevos puestos de trabajo. 

—En concreto, ¿en qué consistió su trabajo este tiempo dentro de Mint?

JC -Lo que hacemos es dar vueltas por el boliche, revisar los puntos conflictivos como el baño o el patio donde las chicas van a tomar aire. Cuando atendemos a chicas alcoholizadas, la enfermera les hacen preguntas como «¿Qué comiste?, «¿Qué tomaste?», «¿Fumaste algo?”. Después nosotras nos encargamos de que la chica entienda que tiene que irse a su casa. Le pedimos un número de teléfono de la madre o el padre para que la puedan ir a buscar tratando de garantizar una llegada segura.

MO —Laburamos con una enfermera que se ocupa de la parte médica mientras nosotras nos ocupamos de la contención. También trabajamos en conjunto con el personal de seguridad femenino. Hay casos como el de una chica que tenía una denuncia contra el ex novio y se lo encontró en el boliche. Los problemas llegan por el solo hecho de ser mujeres.

—¿Qué cambios lograron con sus intervenciones en el local?

JC —Uno de los logros que tuvimos fue sacar a un patovica que abusaba. Insistimos tanto que finalmente no trabajó más. Tratamos de ser bastante severas y decir “esto que estás haciendo está mal” porque no es negociable. No se puede negociar el abuso o el no abuso, el acoso o el no acoso.

—¿Qué significa ser mujer e ir a un boliche?

JC —Los boliches son ambientes de mucha vulnerabilidad para las mujeres. Después de lo que pasó con Fernando (Báez Sosa), debatimos mucho ya que nosotras presenciamos situaciones de abuso, de acoso explícito, de cosificación. Nosotras podemos diferenciar tanto al varón que entra al boliche dispuesto a pelearse y al que no lo hace con esa intención. En cambio, observamos que la totalidad de las pibas que entran al boliche lo hacen en un estado de vulnerabilidad por el contexto social. Esto no significa que en su cotidianeidad no sufran situaciones de violencia sino que en el boliche esas condiciones sistemáticas de opresión y sumisión se ven potenciadas.

Foto: Julieta Brancatto

—¿Cómo se enteran ustedes del interés del municipio en abordar la problemática de la violencia en la nocturnidad?

JC —A fines de enero, uno de los dueños del boliche nos contó que estaba reuniéndose con María Eva Rey, secretaria de Desarrollo Humano y con Soledad Alvarado, directora de Niñez, Adolescencia y Juventud de la Municipalidad de Luján, para empezar a trabajar políticas con perspectiva de género dentro del boliche vinculadas a cartelería, inclusión de personal de seguridad femenino, enfermería y puntos de hidratación.

—¿Qué surgió de esas charlas?

JC —Estamos en gestiones con concejales y concejalas, y con las funcionarias del Ejecutivo. Desde el Concejo nos plantean que es muy importante buscar la transversalidad para que las medidas no queden acotadas a un solo boliche y que se extiendan a todos los locales bailables.

—¿Qué más les haría falta para mejorar su trabajo?

JC—Entendemos que nuestro trabajo es innovador pero también se necesitan recursos como la policía en la calle y las cámaras de vigilancia para cuando se enfrentan dos bandas a la salida del boliche. Si bien nuestro pedido de fondo es la consigna «más educación y menos policía”, en este contexto se vuelve necesario abordar integralmente el problema de la violencia en la nocturnidad.

MO—En las dos charlas que tuvimos tanto con concejales como con la secretaría hicimos mucho hincapié en la necesidad de las capacitaciones a todo el personal. Hoy en día, una piba que va un boliche se siente más cómoda si ante un problema es atendida por alguien que la ayuda y la lleva hasta una enfermería donde hay otra mujer. No es lo mismo que sean hombres los que cumplen esta función.

—¿Se puede implementar como política pública este trabajo que hacen ustedes?

JC—Los boliches no tienen mucho margen de maniobra. Los femicidios han aumentado. Y antes de matarnos, a las mujeres nos violentan en muchos otros ambientes y momentos de nuestra vida. Si el municipio dice «tenemos que atender esta situación de emergencia», nosotras creemos que los boliches no tienen mucho margen para maniobrar. 

MO—Las dos partes están en diálogo, tienen propuestas. En el caso del boliche en el que trabajamos, el dueño se encuentra dispuesto a atender la problemática y a nivel municipal también. 

Foto: Julieta Brancatto

En Luján, dos factores permiten el avance en pensar medidas para abordar el problema de la violencia en la nocturnidad. El primero es la asunción a nivel municipal de un gobierno que tiene funcionarias feministas entre sus filas y, en segundo lugar, la conmoción pública que causó el asesinato de Fernando Báez Sosa a manos de un grupo de hombres a la salida de un boliche en Villa Gesell.

—¿Conocen alguna propuesta similar en otros municipios?

JC—No. Sí, en la fiesta de navidad que se hizo en el Luján Rugby Club hubo una intervención de la Asamblea de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis con cartelería pero es diferente porque no hubo laburo en conjunto, solo fue una acción de denuncia. Que en el futuro se disponga que los boliches tengan que tener mujeres laburando dentro del lugar para garantizar la seguridad de las pibas los estaría obligando a comprometerse con una situación que no pueden seguir ignorando. 

—¿Qué nos pueden adelantar del proyecto de ordenanza que se está armando?

JC—Uno de los puntos de la ordenanza debe decir que la habilitación de los patovicas tiene que darse de acuerdo a los cursos o capacitación en violencia de género a los que hayan asistido. Otro de los puntos que planteamos es que los hombres que trabajen en la noche tienen que acreditar que no tienen denuncias de violencia. 

—¿Cómo se enteran las pibas que van al boliche que ustedes están para ayudarlas en caso que lo necesiten?

JC—Tratamos que el boliche además de publicitar sus promociones y sus regalos referidos al consumo de alcohol, también publique que nosotras estamos haciendo este trabajo. Así como publicita las cuestiones de diversión, buscamos que publicite su política en materia de seguridad, contención y prevención. 

MO—Nosotras nos conocimos y nos hicimos amigas por “Adolescentas Feministas de Luján”. Nos ha costado mucho hacer el trabajo que venimos haciendo y ahora, un año después, está dando sus frutos. Algunas madres que van a buscar a sus hijas a la salida del boliche nos agradecen desde el auto.

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