Un poco de aburrimiento no se le niega a nadie

Laura Marcozzi
Laura Marcozzi
Traductora Literaria y Guía Montessori

Vivimos un ritmo de vida acelerado y sumamente estructurado, lleno de rutinas, horarios y actividades planeadas. Y cuando finalmente llegan las tan deseadas vacaciones, casi no sabemos qué hacer con nuestro tiempo libre, especialmente con el de nuestros niños, quienes suelen sentirse invadidos por el tan temido aburrimiento. Reivindicar el ocio es algo que nos debemos en un mundo que nos propulsa a estar permanentemente ocupados y en movimiento, de otra manera el tiempo parece perdido. 

Nuestros hijos se aburren y nos sentimos obligados a entretenerlos. Planificamos actividades, salidas al cine, encuentros con amigos, visitas a la pileta de los primos y, en el peor de los casos, les damos más tiempo de pantalla que lo habitual. Pareciera que, como plantea Maritchu Seitún, Licenciada en Psicología, “ya no sabemos estar sin hacer nada ni confiamos que del aburrimiento pueda surgir algo interesante”. Pues, bien… respiremos profundo. Quitémonos todos esos mandatos que nos agobian y exploremos la idea de que el aburrimiento tiene sus beneficios.

Aburrirse plantea al niño un desafío: ¿será que es posible encontrar dentro de sí aquello que no se recibe desde afuera? Ante la falta de un estímulo externo que lo entretenga y el aburrimiento que le sigue, es probable que haya frustración, pero para aquel que logra tolerarla, también se abre la puerta a la creatividad y la imaginación. El no tener “algo que hacer” puede ser una invitación a preguntarse qué tiene ganas de hacer o qué cosas le resultan divertidas. 

Como adultos podemos motivarlos a idear una actividad o inventar un proyecto de su interés con el que llenar su tiempo. Este buceo interior no sólo le traerá autoconocimiento sobre sus preferencias y sus capacidades, sino que ayudará a construir su autoestima al darle valor a sus ocurrencias.

Al mismo tiempo, la necesidad de llevar a cabo aquello que han ideado, ayudará a los niños a desarrollar habilidades de planificación y organización. Ya sea que se trate de construir un escondite en el jardín, lavar la bicicleta, recolectar juguetes que ya no usa para donar, bañar al perro o cocinar unas ricas galletitas para compartir, será indispensable que utilicen estrategias de planificación como hacer una lista de los materiales necesarios y establecer la secuencia de pasos para realizar la actividad.  

En el caso de que el aburrimiento los encuentre con amigos o hermanos, también tendrán que poner en práctica la flexibilidad y la tolerancia, que siempre se requiere cuando interactuamos con otro. La idea de uno puede ser modificada o directamente no aceptada por el resto del grupo y habrá que seguir buscando opciones que agraden a todos.

Por último, en este proceso de convertir el aburrimiento en ocio creativo, nuestros hijos experimentarán la libertad y la independencia de ocuparse de su propio bienestar y la satisfacción de ver materializada una idea suya. 

Nuestro rol como adultos será entonces guiarlos, acompañarlos a descubrir este mundo de posibilidades y devolver al aburrimiento el valor que tenía en épocas en que las opciones tecnológicas eran casi nulas. A nuestros infantes actuales, sobreestimulados por un mundo digital, luminiscente y consumista, no se les puede negar un poco de aburrimiento, en tanto logremos percibirlo como lo que potencialmente es: una puerta a infinitas posibilidades. 

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Laura Marcozzi
Laura Marcozzi
Traductora Literaria y Guía Montessori

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