El #8M en Luján marcó un antes y un después. El movimiento de mujeres organizadas dio un verdadero mensaje político frente al Estado municipal. Un quiebre histórico le da comienzo a una nueva etapa del feminismo en nuestra ciudad. ¿De la fe y la historia? De la historia feminista suena mucho mejor.

El jueves se vivió una jornada histórica sobre las calles de Luján. Cientas de mujeres coparon la agenda y el espacio público, en una muestra de madurez y organización poco antes vista, marcando una posición política clara frente al Estado que nos vulnera. Podría decirse que fue increíble, pero no. Es real. Las mujeres movemos al mundo, por eso el #8M lo paramos.

Tampoco es casual. Históricamente las mujeres encabezamos y motorizamos los distintos reclamos ante necesidades e injusticias sociales. Ejemplos de estos últimos tiempos pueden ser la exigencia de la erradicación de la termoeléctrica instalada en la ciudad, el pedido de justicia por Melani Sánchez, o hasta el reclamo sobre las tarifas eléctricas. Todos son liderados por mujeres trabajadoras de Luján.

Mucho menos fue mágico. Al #8M se llegó con organización, debate, acuerdos, y acciones concretas, para la construcción feminista como contrafuerza del patriarcado dominante.

Durante años las organizaciones motorizaron proyectos en pos de la igualdad de los géneros. Como contrapropuesta, poco se hizo tanto desde el ejecutivo municipal como desde el Concejo Deliberante. Aún hay muchas deudas en materia de género que son reclamadas por las mujeres organizadas.

Foto: Josefina De Mattei

La fuerza del movimiento de mujeres a partir del grito colectivo contra la violencia machista Ni Una Menos, envalentonó a millones de mujeres que decidimos dejar de ser invisibles frente a un sistema que busca oprimirnos diaria y constantemente.

Por eso de cara al #8M, en 2017 se creó la Asamblea de Mujeres de Luján que este año se amplió, y partir de su trabajo organizado comenzaron a impulsar diferentes exigencias, proyectos y actividades para lograr que el municipio diseñe, presupueste y aplique políticas integrales de género en la ciudad de Luján.

Sin respuestas claras a las exigencias planteadas, la posición del gobierno frente al #8M fue el desprecio hacia la Asamblea de Mujeres y el resto de autoconvocadas que se sumaron a marchar por sus derechos. Negó la declaración de interés municipal de las actividades organizadas, negó el asueto administrativo a las trabajadoras municipales para que pudieran participar de la movilización y desconoció al movimiento de mujeres organizado en la Asamblea, realizando su propio acto oficial organizado por el área de cultura de la Municipalidad de Luján.

No hace falta ser muy despierto para comprender que son las organizaciones las que movilizaron la visibilización de las distintas problemáticas que nos atraviesan a las mujeres y el rol del Estado en esa disputa.

Foto: Victoria Nordenstahl

Tal vez por eso la subdirectora de género Celina de Belaieff, en el acto protocolar encabezado por Oscar Luciani y mientras las calles de Luján vibraban al paso de la Asamblea, fue muy lúcida al destacar en su exposición a las mujeres organizadas.

«Celebramos que en nuestra ciudad se vienen llevando adelante una larga lista de actividades organizadas por las distintas organizaciones sociales y movimientos que se organizan en la lucha por los derechos de las mujeres, siendo ellas quienes logran posicionar estas problemáticas en la agenda pública», dijo ante la atenta mirada del jefe comunal y mientras varias compañeras trabajadoras de la Subdirección participaban de la marcha.

Con la llama del feminismo más encendida que nunca, varias puertas se abren para la discusión política de género en Luján. Una larga lista de reclamos encabezan los tópicos de discusión que deberá darse el arco político de nuestra ciudad, tras el mensaje y la interpelación del movimiento de mujeres este #8M.

Que se construya el refugio de mujeres que Luciani viene prometiendo desde hace dos años; que la Subdirección de Género suba de rango en el organigrama municipal; que se cumpla con la Ley de cupo laboral trans; que haya transparencia en cuanto a la información estadística sobre violencia de género; que aumente el presupuesto para el área, que este año será prácticamente nulo ya que la partida destinada sólo alcanza para los sueldos de las y los trabajadorxs.

Que se implementen políticas públicas e integrales en materia de género; que haya más funcionarias mujeres; que se de cumplimiento efectivo a la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, para prevenir, sancionar y erradicar la violencia; que se cree una comisión de género en el Concejo Deliberante; y que se firme una ordenanza que finalmente prohíba los concursos de belleza en Luján; son sólo algunos de los ítems que los de arriba deberán anotar en sus agendas de trabajo.

Sin embargo, más allá de las lecturas políticas que puedan hacerse sobre la disputa de poder entre el gobierno y los movimientos sociales de mujeres organizadas, este #8M fue especial desde todo punto de vista. Por primera vez en la historia de Luján se vio tal muestra de madurez, organización y unión entre mujeres. Sororidad fue el común el denominador, desde las tantas asambleas que se realizaron hasta la marcha y festival del jueves 8.

Contra los prejuicios de una sociedad con una mirada sesgada y violenta frente y con el movimiento de mujeres, se vivió un clima de alegría, fiesta y unión en las calles de nuestra ciudad. Cuesta mucho poner en palabras la energía que generamos las mujeres juntas: iguales, siendo una y todas a la vez. Orgullo, superación, hermandad, compañerismo son algunas de las palabras que grafican los que se vivió desde dentro.

El acto político fue clave pero ahora la lucha organizada debe continuar para que la revolución feminista sea posible. Lo que se vivió en Luján este #8M es el comienzo de esa nueva etapa. No una grieta entre pares, sino un quiebre histórico que seguramente marcará el camino para las nuevas generaciones de pibas que tanto protagonismo tuvieron en esta jornada, para que encabecen esta lucha que es tan antigua como el patriarcado, pero que no nos asusta ni un poco.

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