Un bálsamo contra el dolor

En Argentina, cada vez más personas utilizan el cannabis con fines medicinales. Conforman una comunidad generosa que comparte sus conocimientos. Luján no es la excepción.

En el año 2017, Claudia —a quien llamaremos de esa forma para preservar su identidad— conoció a un grupo de amigos que, distribuidos alrededor de una mesa, conversaban sobre las propiedades de la planta de cannabis. Uno de ellos, se dedicaba a producir aceite para uso familiar. Debido a las restricciones legales sobre el uso de la planta, se veía obligado a realizar una acción totalmente bienintencionada de manera clandestina.

Hace cuatro años que Claudia estudia, investiga y se informa en grupos dentro de la inmensa comunidad cannábica sobre los usos medicinales de esta planta y produce aceites que, junto con la intervención de una médica especializada, comparte con quienes lo necesitan para mejorar su calidad de vida.

La situación no es fácil. En Argentina, la tenencia de flores, semillas y plantas de cannabis (o marihuana) destinadas al uso recreativo está penada por la Ley Nº 23.737 con entre 4 a 15 años de prisión.

Para uso medicinal, se permite la compra en farmacias con autorización y prescripción médica, con inscripción previa en el Reprocann o el autocultivo personal o familiar o para una tercera persona o una organización civil autorizada por la Autoridad de Aplicación.

Aunque la realidad dista de la letra legal. Recientemente, una pareja que cultivaba la planta para producir aceite por dolencias tuvo que soportar un allanamiento ilegal en su vivienda y el secuestro de sus aceites y sus plantas.

Debido a estas situaciones y conflictos con la ley y dada la necesidad de mejorar la circulación de la planta en su versión medicinal, madres y padres de pacientes comenzaron a formar organizaciones como Mamá Cultiva o Papá Cultiva.

La planta de cannabis demostró ser muy útil de muchas formas. Día a día, personas que sufren enfermedades crónicas o degenerativas se ven beneficiadas con su uso, además de que muchos recurren a ella para calmar síntomas de ansiedad, mitigar el estrés, aumentar o bajar de peso.

También la utilizan pacientes con distintos tipos de cáncer, y está probado su funcionamiento en casos de epilepsia y esclerosis múltiple. Es imposible olvidar el video que se viralizó hace tres años, donde un paciente con Parkinson logra calmar y reducir los síntomas de esta enfermedad, luego de aplicar gotas del aceite de manera sublingüal.

Claudia tiene un entusiasmo único por lo que hace. Con ese impulso, sumado a su generosidad, cuenta sobre diferentes casos que vio en los años que lleva colaborando en los tratamientos de distintas personas con sus aceites de cannabis.

—¿Cómo comenzaste con la elaboración de los aceites?

—Fue por pura convicción. Veo gente que está sufriendo mucho, que tiene mucho dolor. Esto siempre fue así. Pero ahora que se comenzaron a estudiar los efectos del aceite y se vio cómo mejora la calidad de vida, es necesario defenderlo, porque la gente lo necesita. Yo lo comencé a hacer por curiosidad y porque vi cómo funcionaba en mis familiares y amigos. Y seguí haciéndolo porque si hay una persona que ya comenzó el tratamiento y le está yendo bien, vos no le podés decir ‘No tengo más’. Entonces supe que me tenía que comprometer y asegurarme de no decirle a nadie que está mejorando su dolor, que ya no tengo.

—¿Cómo es el procedimiento para prepararlo?

—Hay dos formas de extracción, una es a través de la resina que obtenés de las flores o cogollos de la planta. Yo trabajo con cogollos de plantas sin ningún tipo de químicos, 100% orgánicas. De 10  gramos, obtengo un mililitro de resina y eso es lo que se diluye en algún aceite, porque son moléculas lipofílicas. Luego viene el tema de las proporciones. Se recomienda en general comenzar con 1/60, esto significa 1 mililitro de resina en 60 mililitros de aceite. A mí me gusta el de oliva porque tiene omega 3, omega 6, entre otras propiedades y no se solidifica con el frío. También tengo un convenio con una persona que hace aceite artesanal de oliva en Córdoba. Es un aceite que no se pone rancio, porque todas las moléculas están con la cadena completa. Con eso hago el aceite de cannabis. Hay otras proporciones, como por ejemplo 1/100, que se usa en veterinaria. Lo importante es comenzar siempre con la proporción más suave, e ir viendo cómo funciona. Porque en realidad, ya tenemos en nuestras células un sistema endocannabinoide. Lo que estamos haciendo es ver cómo responde eso a la cantidad que le estamos dando, y ayudamos al cuerpo a reponerse y estar mejor.

—¿Cómo sería eso?

—Los endocannabinoides forman un sistema, como una red celular de neurotransmisores que están en nuestro cuerpo. Para explicarlo de forma simple, la planta tiene moléculas que responden e interactúan con moléculas muy similares que tenemos en nuestro cuerpo. Tenemos receptores de esas moléculas (por ejemplo, THC y CBD que son las más conocidas) en todas las células del cuerpo; eso es lo zarpado. Es la descentralización de los receptores. Salvo en el tronco encefálico; ahí no tenemos receptores por eso no hay muertes por sobredosis. Porque todas las funciones que no son mediadas por nuestra voluntad se manejan por esa parte del cuerpo, y en esa parte no hay receptores.

—¿Entonces sería como decir que, como seres humanos, estamos preparados para consumir cannabis?

—Exacto. La consigna con las terapias de cannabis es que vos te tenés que autoobservar, porque cada organismo es distinto, no es algo que se pueda extrapolar. Por ejemplo, el otro día una piba vino por un dolor muy fuerte que tenía una hernia de disco. No conocía nada del cannabis. Le recomendamos una dosis suave, tomó  1/60 cada 8 horas. A los días cuando hicimos el seguimiento me contó que estaba re bien, que dormía y hacía sus cosas excelente. Necesitaba re poquitito. Eso, quizás a otra persona no le hace nada. El tono endocannabinoide de cada persona es único, y va cambiando con el tiempo.

—¿Por qué ocurre eso?

—Porque se genera a demanda según tu situación. Si entraste en un pico de estrés, tu cuerpo tiene que generar endocanabinoides para compensar este desequilibrio. Cuando vos no tenés esa capacidad, ya sea por el pico de estrés, o por algunas enfermedades crónicas, el cannabis funciona como un suplemento. En las enfermedades como la artritis, hay una deficiencia clínica de endocanabinoides. Tu cuerpo no está produciendo la cantidad que necesita para responder a lo que le está sucediendo. Ahí es donde se hace una terapia de base constante con cannabis.

—¿Pero eso no genera adicción?

—No. Porque se acumula en las grasas del cuerpo. El cuerpo sigue liberando lo que acumuló en las grasas. Se metaboliza y vuelve al torrente sanguíneo. Hay un dato que a mí siempre me resultó muy divertido, que es que la gente que siempre usaba la planta y después baja mucho de peso, se sienten “fumados” porque lo que tenían acumulado en el tejido adiposo pasa al torrente sanguíneo.

—¿Qué tipo de productos hacés?

—Yo hago principalmente aceites. El macerado tiene bastante THC, se extrae sin alcohol. El otro, es el aceite full spectrum, que tiene todo. Le puse el nombre “Efecto Séquito”, porque los estudios dicen que el cogollo tiene cientos de moléculas distintas. Y se ha comprobado que, cuando actúan en conjunto, los efectos son mucho mayores. Actúan todos los cannabinoides, los más conocidos son el THC y el CBD; los terpenos son los del olor, y los flabonoides los del color. La acción conjunta de todos se le llama efecto séquito. Además del aceite hago un bálsamo de cannabis; es por vía dérmica. Lo utilizan mucho por artritis reumatoidea, quemaduras, dolores en las articulaciones. También hago cremas con las flores de caléndula. Es increíble el efecto para la piel.

—¿Cómo es tener que verse obligada a pedir permiso para cultivar una planta que es medicinal?

—La verdad es que yo me arriesgo porque siento que le hago un bien a la gente. Somos un montón en esta situación. Cuando yo conocí la planta, supe que el acceso tenía, tiene que ser libre. La ley te obliga a registrarte en el REPROCAM. Para eso, necesitas tres cosas: un usuario, que debe ser un paciente que necesita el tratamiento con cannabis; un médico que haga el seguimiento y te receta ese cannabis, y después el cultivador. Vos podés hacer autocultivo o que te cultive un tercero. La página del Reprocann está caída desde el 1 de septiembre. Para mí nada de eso es casual.

—¿Cuál sería tu aspiración con respecto a este oficio que desempeñás?

—Me gustaría, primero que nada, que si se va a instalar el cannabis que sea con un concepto holístico y no un monocultivo industrial, porque al final es lo mismo. Yo quiero que la planta se use con conciencia del ambiente. No estoy ni ahí con la visión androcentrista de la vida; somos una especie más en el planeta. Entonces, que nos sirvamos entre todas. Que los seres humanos no seamos tan plaga. Por otro lado, está todo bien con el autocultivo, pero hay que militar para que se despenalice la planta. Tener que pedir permiso para cultivar una planta que le hace bien a la gente me parece algo atroz. Que sea libre. Eso es lo que queremos, por ahí va.

Por consultas sobre los productos de Efecto Séquito ir aquí. Más información sobre el colectivo Mamá Cultiva en su web.

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