Trabajadores y dueños de empresas textiles realizaron un hecho político histórico. Si bien es cierto que comparar esta jornada con el «Cordobazo» es empequeñecer la importancia y la relevancia política de aquella movilización histórica, no deja de ser llamativo e inusual que trabajadores y patrones se unieran en un reclamo defendiendo el mismo interés: defender la industria nacional y los puestos de trabajo que esta brinda.

En este marco de unidad que dio en la inédita movilización, empresarios y empleados textiles mantuvieron un discurso crítico al gobierno de Mauricio Macri y de Oscar Luciani, en donde primó la unidad como herramienta para enfrentar la aguda crisis que atraviesa el sector textil. Ignacio Lopolito sostuvo que “hoy todos acá estamos haciendo historia, hoy acá desde Luján capital de la fe, estamos iniciando el proceso, estamos iniciando un nuevo camino paradigmático, como lo fue en el 69 el Cordobazo cuando se juntaron el Movimiento Obrero con los estudiantes, hoy nos estamos juntando el Movimiento Obrero con los empresarios para defender el trabajo argentino”. En sintonía con el dirigente sindical, el Presidente de la Cámara Textil de Luján, Rodolfo Bianchi declaró “estamos unidos desde los delegados, los trabajadores, las centrales obreras y nosotros, los que damos trabajo (…) Todos juntos tenemos que dar esta lucha, tenemos que cuidar los puestos de trabajo”. Además, los oradores plantearon que el ejemplo de unidad que ellos realizaron debe replicarse en todos los pueblos del país, con el objetivo de defender la industria nacional y con ello los puestos de trabajo que esta brinda.

No hay lugar para la burguesía nacional

Desde el 2008 con la crisis financiera conocida como “Crisis Subprime”, el mundo vive en un estancamiento económico del cual Argentina no escapa y por consecuencia, nuestra ciudad tampoco. En este contexto, nuestro país adoptó una serie de medidas (licencia a las importaciones, “cepo” al dólar, etc.) con el objetivo de apalear los efectos que produciría en nuestra economía. Los países desarrollados debieron trasladar su crisis financiera a países subdesarrollados como Argentina, Brasil, entre otros. Para ello, necesitaban gobiernos que abrieran las puertas de las economías nacionales a los intereses internacionales. Es así que vemos cómo gobiernos neoliberales tomaron las riendas de los gobiernos progresistas de Latinoamericana (Temer en Brasil y Macri en Argentina). Nuestra Ciudad (y con ello las empresas, los trabajadores, y los ciudadanos) no es ajena a lo que pase a nivel mundial, y mucho menos a lo que ocurra a nivel internacional. La llegada de la “Alianza Cambiemos” al Gobierno Nacional significó la muerte de la industria nacional y el auge de un modelo especulativo financiero. Un ejemplo claro de ello se puede visualizar en la composición política del gobierno actual, es decir, los funcionarios que integran el organigrama del Estado. De los 104 cargos más importantes, 31 (29,8%) de ellos provienen de Bancos transnacionales y empresas extranjeras, entre ellos se encuentran el Ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren (Ex Ceo de Shell), el Ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat-Gay (JP Morgan), la titular de Aerolíneas Argentinas, Isela Constantini (Ex General Motors), entre otros. Tan sólo 7 (6,7%) responden a grupos económicos locales, y vale aclarar que no son representantes de las Pequeñas y Medianas Empresas que reclamaban frente a la Municipalidad por la caída abrumadora de la industria textil. Lo que hay que remarcar de esta composición política de la Alianza Cambiemos es que sólo dos funcionarios provienen de la actividad industrial (de General Motors uno de ellos y L´Oreal el otro), en contra posición, la alianza se caracteriza de un fuerte rasgo financiero.

Lo que le sucede a la industria textil es consecuencia de un gobierno y un contexto internacional que tiene intereses que van en contraposición a los intereses de la industria nacional. El sector textil es el primer damnificado porque tiene una alta debilidad para competir con las industrias textiles de otros países. ¿A qué se debe esto? Los empleados textiles de otros países tienen sueldos indignos, en Bangladesh un obrero del sector cobra 100 dólares mensuales, es decir, 1600 pesos argentinos, esto equivale más o menos el precio de un pantalón vaquero bangladesí en un centro comercial de Varsovia o Berlín. ¿La solución es flexibilizar salarios y discutir los convenios colectivos como planteo el Presidente Mauricio Macri? No. La solución es un Estado que defienda el consumo interno, defienda la industria nacional y construya alternativas políticas y económicas frente a un mundo que está en crisis permanente con una crisis de sobreproducción que atenta contra trabajadores y hasta propios capitalistas que ya no entran en el reparto de la ganancia mundial.

Las PyMES ya no tienen lugar en el reparto del capital, la extranjerización y el rápido proceso de concentración de la economía Argentina son las principales causas. En el sector de bebidas y alimentos, el 82% son microempresas y pequeñas empresas, pero tan sólo representan el 3% de las ventas. Mientras que el 1,5% se quedan con el 80% de la facturación y el 93% de las exportaciones. En el sector de la Minería, las exportaciones mineras alcanzaron entre el 2001 y el 2014 una cifra de 35 mil millones de dólares. El 55% de las mismas fueron realizadas por 3 grandes corporaciones (Glencore, Barrick Gold y Anglo Gold) y si tomamos las primeras 10 empresas exportan el 90% del total del país. Esto se profundiza con las políticas tomadas desde el 10 de diciembre por Mauricio Macri: apertura de importaciones, libre mercado, quita de retenciones, la puesta en marcha de una nueva bicicleta financiera (la deuda externa aumentó US$40.000 millones y altas tasas de ganancia en las LEBACs), la condonación de deuda a empresas eléctricas (19 mil millones de pesos), entre otras medidas.

El mundo se encamina a concentrar cada vez más en cada vez menos manos, y en esta distribución las PyMES, entre ellas las textiles de nuestra ciudad, no tienen alternativa que unirse a los trabajadores para no ser absorbidas por las grandes empresas extranjeras. Se vuelve necesario, entonces, replantear un nuevo modelo de producción, debido a que en el actual se está desarrollando una gran crisis continua que ahoga hasta a los propios capitalistas.

 

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