En la fábrica de galletitas, hace tres días que los laburantes están de paro por el retraso en el pago de la segunda quincena de septiembre. El malestar se extiende desde principio de año.

La crisis económica sigue haciendo estragos en todos los sectores de la producción nacional. En Tía Maruca, el lunes pasado laburantes decidieron paralizar la fábrica ubicada en el Parque Industrial de Villa Flandria por tiempo indeterminado ante la falta de pago de sus haberes.

El motivo que disparó la medida es el retraso en el pago de la segunda quincena del mes de septiembre que debió ser abonada el 4 de octubre. Desde la empresa pagaron a los operarios el 50 por ciento de esa quincena el día 11 de octubre y aún no informaron cuando terminarán de abonar el saldo.

Diego Machuco, delegado de la empresa expresó «estamos complicados y desgastados. Venimos de todo el año con estas demoras y retrasos en los pagos. Por eso decidimos tomar esta medida. Somos cerca de 50 operarios en la fábrica del Parque Industrial».

Al mismo tiempo sostuvo que quienes pagan los platos rotos son les trabajadores. «Los que más problemas estamos teniendo somos los que estamos en convenio. Los que son gerentes están cobrando. Es el gran problema, porque si estamos en crisis que estemos en crisis todos. No solo nosotros que somos los que menos ganamos» explicó el delegado.

La decisión de paralizar la fábrica es la segunda que se toma en el año por el mismo motivo. «Nosotros hicimos otro paro hace dos meses por la misma situación pero veníamos aguantando. No es que paramos el primer día que no nos pagan. Llegamos a una situación límite. Esta fecha es muy límite. Este año empezó con retrasos de los pagos, el aguinaldo nos lo pagaron fuera de término, y nos deben un retroactivo de mayo por las paritarias, entre otras cosas» sostuvo.

Los y las empleadas no tienen respuestas por parte de la patronal y seguirán con el paro hasta que se les deposite la totalidad del sueldo. «Supuestamente hoy nos pagan pero no es nada seguro. Desde que tomamos la medida no se acercan porque no les gusta. En un momento se acercó el dueño y quiso intimidar diciendo ‘el que quiere arreglar, que venga a arreglar’. Pero cuando fueron querían arreglar en cuotas. Tenemos poco diálogo, a veces con algún gerente pero nada en concreto» concluyó.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí