El Tribunal Oral Federal de San Juan condenó a trece militares por secuestros, torturas y asesinatos durante la última dictadura militar. Víctor Correa participó de la Mega Causa contra los represores y habló con Ladran Sancho luego de la sentencia.

Luego de un año y medio de juicio, el tribunal Oral Federal de San Juan condenó a diez militares, un ex policía federal y dos ex efectivos de la policía local, por los delitos de lesa humanidad perpetrados en San Juan, durante la última dictadura militar.

Los delitos que se tomaron en cuenta en el proceso, tienen que ver con el área militar 332 que abarca toda la provincia de San Juan y que dependía del III Cuerpo del Ejército que contó con, por lo menos, cinco centros clandestinos de tortura y exterminio.

Víctor Correa militó contra aquellos represores, fue detenido en centros clandestinos durante el ’75, se exilió durante cuatro años en Europa y 1979 regresó clandestinamente a Argentina. Fue cobijado en Luján y desde entonces permaneció aquí.

Entre mates, cuenta las sensaciones de testimoniar en la segunda Mega Causa contra los represores sanjuaninos, el resultado de la sentencia, sus recuerdos de aquellos años de terrorismo de Estado, y resalta que  “tengo nuevos motivos para enfrentar a la dictadura” al referirse a sus hijos y la juventud militante.

“Los motivos que teníamos en los ’70 no alcanzan después de tantos años. Hay que buscar nuevas inspiraciones porque es demasiado lo que hay que enfrentar. Pienso en mis hijos, en la juventud que tiene sueños y en todos los compañeros a los que uno debe dar testimonio” dice.

Victor intenta contextualizar pero los sentimientos van mechando su discurso: “Esta historia comienza con la decisión política de Néstor Kirchner de llevar adelante los juicios de lesa humanidad en todo el país, no como un acto de venganza sino para que prevalezca la democracia”.

-¿Cómo fue ese día en el que los militares te detienen?

-Aquella mañana del 2 de diciembre de 1975 a las 6 de la mañana el ejército me saca secuestrado de mi cama, de mi casa, en la cuál tengo pruebas y está filmado. Pude demostrar que la justicia apañaba lo que hacían los militares. Lo demostré y lo declaré. El juez Federal Mario Gerarduci, en el momento que me llevan a declarar, me dice “esta vez me cagaste, la próxima te reviento. Vas a salir en libertad, pero desde la cárcel”.

-Más tarde pudiste salir y te exiliaste en Europa…

-El 4 de enero de 1976 me llaman a la reja y me leen un decreto presidencial que decía que tenía que seguir detenido, firmado por María Estela Martínez de Perón. Después de traslados de cárceles, me entregan un decreto unipersonal firmado por Videla, dónde me sacan de la Argentina. Entonces, yo planteo, si no ponía en peligro la seguridad nacional ¿Por qué no me dieron la libertad? Porque me tenían que seguir persiguiendo. Cuando llego a Francia cuento lo que me pasó a mí, lo que pasaba en las demás cárceles y denuncio que en Argentina no había estado de derecho. Eso me costó que Massera me denunciara a nivel internacional en Francia.

-¿Y cuándo pudiste volver a Argentina?

-El 19 de julio de 1979, a la una de la tarde en Retiro. En plena dictadura. Estuve casi cinco años clandestino en Argentina.

-¿Cómo fueron esos cinco años?

-Durante cinco años me llamé Juan. El orgullo de mi clase. Donde mis pares obreros panaderos agremiados, sindicalizados me ayudaron muchísimo a encontrar trabajo. Yo 48 horas después de llegado entraba a trabajar en una panadería de capital y no paré nunca más de trabajar.

-¿Qué pudiste demostrar en el juicio?

-La importancia es porque pude contar y demostrar mi verdad. Y lo hice desde el punto narrativo en dos oportunidades. Primero declarando tres horas en el Juzgado Federal de Mercedes y cuando inicio la declaración el 29 de mayo pasado, el fiscal me volvió a hacer relatar todo de nuevo, desde el comienzo y lo hice.

-¿Qué sentiste al momento de la condena?

-Un tremendo dolor. El concepto de que el tiempo, la distancia, la paga, anula, sepulta o entierra, en este caso no. Porque cuando no se ha perdido la conciencia el dolor es más profundo.

-Has destacado el patrocinio de Miguel Prince como abogado en esta causa.

-Me llamaron una mañana de San Juan y me dijeron que ya estaba todo listo pero que necesitaba un abogado. Esa misma mañana me encuentro con tres jóvenes abogados de Luján, conocidos, y les comento. La respuesta fue no. Al otro día me llama Miguel Prince, no sé por qué circunstancias y le comenté. No alcance a decirle que necesitaba un abogado y me dijo “yo te acompaño”.

-¿Qué impresiones te llevas luego de testimoniar en la causa?

-La dictadura estaba a dos metros. Los milicos estaban a dos metros mío. Me preguntaban y yo contestaba. Los miraba a la cara. Le digo a Prince, ¿dónde está ese otro que me pregunta y no lo veo? No lo podés ver, me dijo. Está en una pantalla atrás tuyo, por videoconferencia, un abogado de Comodoro Py, indagándote, defendiendo a los militares.

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