Ladran Sancho se acercó a la Asociación Civil La Urdimbre y conoció la historia de Marcos y Santiago, dos pibes que se encuentran en rehabilitación. La falta de políticas públicas, la problemática social del consumo problemático y mucho más en este recorrido por la comunidad terapéutica.

La Urdimbre es una Asociación Civil que lucha contra el uso problemático de drogas y alcohol y que ofrece una asistencia a pibes que intentan salir del consumo. Con sede en Hostería San Antonio, la comunidad terapéutica funciona en un predio de seis hectáreas con características rurales.

La duración del tratamiento varía de acuerdo al proceso de cada joven, aunque por lo general el proceso nunca es menor a un año. El seguimiento de los pibes durante la reinserción es parte del tratamiento y se realiza un acompañamiento especial para aquellos que presenten dificultades a la hora salir por primera vez.

Para ingresar se hacen dos entrevistas. Primero con el paciente y después con la familia, para ver el grado de consumo problemático que existe también en su entorno. La asociación trabaja con pibes que han presentado la voluntad propia de querer realizar un tratamiento y que buscan una ayuda para terminar con el consumo.

“Nosotros trabajamos sobre cinco hilos fundamentales. El tiempo, el juego, las caricias, los límites y la escucha”.

Ivo Botto, estudiante de sociología y parte del equipo técnico de La Urdimbre, comentó como trabajan en la comunidad y dio detalles del día a día de los jóvenes en su recuperación. Además resaltó la falta de apoyo del Estado, ante una problemática real: “Nos avasalla el sistema económico de hoy y el Estado no tiene ganas de ayudarnos. La municipalidad no se hace cargo de nada. Ni de bajarnos los impuestos”.

-¿Cómo explicás la perspectiva de laburo de La Urdimbre?

-Para mí es una cuestión de resinificar el sujeto, posicionado en sujeto de derecho. Entendiendo que en la ciudadanía existen obligaciones y garantías que una persona debe tener. Muchas veces cuando llegan acá no las tienen. Pierden el sentido de lo que es una persona en un ámbito. La idea es poder reconstruir esos procesos y que esa persona sea un sujeto de derecho con las obligaciones y garantías que tiene como cualquier ciudadano.

-¿Cómo está compuesta la comunidad de La Urdimbre?

-Está organizada por un equipo multidisciplinario, en donde encontrás trabajadores sociales, psicólogos, psicólogos sociales, sociólogos, operadores terapéuticos, talleristas, profesores de educación física. La ruptura del paradigma es a partir de la multiplicidad de paradigmas y no solamente parado desde un lugar, sino de la múltiple mirada de los jóvenes. Por ahí en un partido de fútbol salta algo determinado de un joven que en lo comunitario no se ve nunca y eso hay que abordarlo.

“Los jóvenes llegan acá por su voluntad, como así también se pueden retirar. No obligamos a nadie a quedarse”.

-¿Qué análisis haces de la sociedad en la que vivimos?

-Yo tomo al autor Bauman (Zygmunt) y su concepto de modernidad líquida. Lo único que les da certezas a los chicos que están acá es el consumo. El consumo es la certeza para sostenerse ante sus penurias, sus frustraciones. Desandar ese camino es un camino largo, que se hace en un proceso que lleva mucho tiempo. Nosotros pensamos en darle entidad y valor a los valores comunitarios. Solidaridad, amor, caricias, límites, escucha. Enaltecer esos valores. El día de mañana, cuando se vuelvan a encontrar con sus círculos, ellos se van a posicionar desde otro lugar. Entonces dejan de tener la necesidad de esta modernidad líquida de la certeza del consumo, para ser ellos la certeza del no consumo.

-¿Qué responsabilidad tiene el Estado en esa regulación?

-Políticas sociales se necesitan hacer si o si. Es necesario que el Estado esté presente para estas cosas, porque sino va a seguir generando vulnerabilidad y esa vulnerabilidad va a ser una lucha no de clases, sino de mismos vecinos. Primero por consumo, después por lo que tengo y vos no tenés. En un momento esto tiene que tener un corte y tiene que ser una política de Estado la que esté presente en eso”.

-¿Cómo se trabaja con la familia?

-El abordaje es completo. Cada quince días acá hay grupo de familias. Los trabajos son dinámicos, hay una trabajadora social y un directivo que acompaña el proceso, donde van abordando diferentes formas de ver al joven y de cómo se vieron ellos en su crianza. Para nosotros es importante el proceso de crianza de los adultos y el proceso de crianza que dieron ellos. Hacer visual esa parte es donde ellos van a poder correr al joven de esa crianza negativa que tuvieron.

-Te lo pregunto porque cuando salen tienen que volver a sus casas

-La idea es que cada uno pueda construirse. Tanto en el espacio individual como en el grupal se puedan construir y no que uno se construya y los otros queden parados en el mismo lugar. Por eso es que el proceso terapéutico es en conjunto. Sí o sí lo tiene que hacer la familia como red y el joven asistiendo a esa red. Nosotros hablamos de entramado y de los hilos, justamente por eso, porque entendemos que la familia es un hilo fundamental del joven. Construir la dinámica o ver la dinámica de esa familia es importante para que se corra de los lugares que a él lo depositaban en el consumo.

-¿Cómo ves las divisiones que se hacen en la sociedad respecto a las formas del consumo?

-La división de clases sociales existe. Es real que el consumo es transversal a cualquier clase social. No es cierto que el consumo más problemático es el de la clase baja. La sustancia por ahí es distinta. Hace un tiempo, en un análisis que estuvimos haciendo, nos dimos cuenta que el consumo de cocaína consume todas las etapas sociales. Hay otro tipo de derivados de la cocaína que se estuvo sumergiendo a la clase media, que antes no llegaba nunca, por ejemplo paco, crack o ese tipo de droga más dura, más de cocina que son vestigios, para poder seguir manufacturando sobre el residuo.

“Como la sustancia no diferencia las clases sociales, tampoco deberíamos nosotros diferenciar las clases sociales”.

“La única forma de zafar es voluntad propia”

“Esta es el área de chanchería. Lo que se hace es el limpiado, alimentado y la reproducción de los chanchos. Esta es una madre que recién parió. Hay tres chanchas y un chanco padrillo”, comienza Marcos con la recorrida al gran predio con el que cuenta La Urdimbre. Él, junto a Santiago, serán los que nos muestren el lugar y  nos cuenten el trabajo diario, que también les sirve de terapia.

Marcos tiene 25 años, es de la ciudad de Trenque Lauquen y llegó a la comunidad por un amigo, que estuvo internado en otro lugar y que le recomendó que haga el tratamiento. Hace siete meses que está en La Urdimbre y tomó la decisión de buscar ayuda porque se dio cuenta que tenía un problema con el consumo.

-¿Cómo llegás acá?

-Cuando llegué estaba re asustado. Yo entré por un amigo que me recomendó, pero por mi mismo. Primero tuve que entender la realidad de que tenía problemas con el consumo y después fui escalando y superando ciertas cosas y abriendo el abanico. Entender por qué consumía, por qué recaigo, que me llevó al consumo.

-¿Qué objetivos tenés para cuando salgas?

-El tema de proyectar para adelante sí, todo el mundo te dice yo cuando salga de acá voy a ir a, pero es un paso grande. Es muy de a poco, porque afuera está la realidad. Tenemos que salir muy preparados.

-¿Qué mensaje le darías a alguien que está pasando por tu misma situación?

-Es muy difícil darse cuenta y tener conciencia de la enfermedad de la adicción, cuando uno ya no puede avanzar es porque evidentemente algo está mal. La única forma de zafar es voluntad propia y que nadie lo va a poder hacer por vos mismo. Le diría que se puede. El que te pueda llegar a entender, en cuanto a la droga, es otro amigo que también se droga. Pero ¿Qué vas a hacer con ese amigo que se droga? Te vas a drogar lo más probable. Entonces es encontrar a un par, alguien que te entienda, pero que te de un consejo saludable. Fijate que le estás errando en tal cosa.

“El objetivo a cumplir es dejar el consumo. Mientras tanto es aprender muchas cosas para sacarle provecho a este lugar”.

Santiago tiene 46 años, es de San Isidro, tiene cuatro hijos y una recaída fue lo que motivó a que tome la dura decisión de buscar ayuda e internarse. Hace ocho meses que se encuentra en rehabilitación y sueña con poder recuperarse y volver a pasar tiempo con sus hijos.

-¿Cómo llegaste a La Urdimbre?

-Lo primero que yo hice fue un ambulatorio un par de años atrás y no me sirvió. Yo iba al mediodía, iba dos o tres horas y ya después hacía mi vida rutinaria. Fue ahí cuando tuve la recaída, que fue lo más fuerte, y a mis 46 años me costó un montón tomar la decisión. Tengo cuatro hijos, imaginate que lo primero que se te viene a la cabeza es tengo que dejar a los cuatro chicos. Pero ese tiempo que dejás lo vas ganando por otro lado. Me costó pero tomé la decisión y acá lo primero que tenés que asumir es que tenés un problema con el consumo.

«Esta es el área aves. Yo soy el encargado del área aves y es una de las tantas áreas con el mismo objetivo. Compañerismo básicamente y tratar de dar una mano al que lo necesite, en cuanto a lo terapéutico”, continúa Marcos con la recorrida, mientras nos enseña la nueva laguna para los patos, laguna que él mismo pensó y que luego llevaron adelante. Mientras tanto, Santiago continúa con su relato.

-¿Qué crees que va a pasar cuando salgas?

-Cuando salís de acá tenés que rever muchas cosas y rearmarte, porque si no te estarías moviendo siempre en tu mismo círculo y volverías a lo mismo. Es evitar muchas cosas. Yo cuando salgo tengo laburo, pero es en el mismo círculo en donde estaba cuando ingresé. Es un trabajo decir, de acá me tengo que correr. No sé, haré un trabajo independiente.

-¿Qué le dirías a aquellas personas que la están pasando mal?

-Aprender a escuchar. Acá en el tratamiento nos enseñan lo que es la escucha y de cuantas veces te dijeron hasta acá. Y tenés que saber que es hasta acá y no tocar el fondo, porque mucha gente no ha podido encontrar la salida y ha perdido la vida. Después de escuchar vos tenés que tener la voluntad propia.

“Esta es el área huerta. Si tienen preguntas, pregunten. De acá nosotros comemos. Tenemos una parte suficiente, porque ahora en invierno y te limita bastante. Nos agarraron en temporada baja -se ríe-. Por lo menos te abre el panorama para el día de mañana poder tener tu huerta”, sigue nuestro guía turístico de lujo. Por otro lado Santiago nos cuenta como son las salidas, aquellas que se dan cada quince días y que van ganando permitidos, de acuerdo al proceso de recuperación.

-¿Cómo son las salidas?

-Acá se trabaja mucho con la confianza al paciente. Yo uso las salidas para compartir momentos con mis hijos. Una salida, una comida, un paseo. Después de cada salida vos tenés una devolución y tenés tu terapia en donde volcás tu salida. En la primera franja te vienen a buscar y te traen, en la segunda vas solo y te van a buscar y ya en la tercera te manejás solo.

Finalizó la recorrida y Marcos y Santiago nos despiden con un apretón de manos. Nos invitaron a volver y comer lo que ellos mismos cultivan. La semilla que ellos mismos plantaron, al momento de tomar la decisión de buscar ayuda, comienza a germinar y cada vez falta menos para que de los frutos. Por lo pronto le siguen metiendo a la recuperación.

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