La asociación que trabaja para que pibes y pibas salgan de las adicciones fue noticia esta semana debido a la situación de la primera casa comunitaria de mujeres que posee en Open Door. En esta nota historias de vida y superación más allá de las noticias.

Vientos de Libertad nació en 2003 en la localidad de Williams Morris partido de Hurlingham de la mano de un grupo de jóvenes en rehabilitación que decidieron ayudar a otros como ellos que se encontraban atrapados por el consumo de drogas.

Desde sus experiencias personales y a través de los aportes de profesionales, mediante talleres, deportes y el acompañamiento diario, fueron ganando territorio y abrazando más fuerte el trabajo a favor de la vida frente al abandono y la falta de respuestas gubernamentales.

En 2006 se formalizaron como asociación civil y desde allí crecieron sin interrupciones. Vientos de Libertad cuenta con cinco casas comunitarias y 17 centros barriales que están en todo el país. En Luján realizan un trabajo articulado con organizaciones sociales y entidades en los barrios San Fermín, Villa del Parque, El Quinto y Open Door.

La casa ubicada en Open Door supera por decenas al capacidad que posee y tras varias gestiones fallidas, la comunidad que la integra decidió ocupar un ala en construcción del Instituto Alvear.

Con fuertes historias de vida y una lógica de construcción que no se detiene ni baila al ritmo de la burocracia, en Vientos de Libertad «se construyen las respuestas que el Estado no brinda». Así lo sintetiza Sebastián Sánchez. El joven que le ganó a la droga y hoy es uno de los cordinadores de la asociación.

«Pasé por situación de consumo, mis viejos consumían, vengo de una familia totalmente complicada. Hice un tratamiento a los 16 años. Cuando salí, volví al barrio y ahí es donde empezamos a laburar con la problemática».

Las adicciones aparecen como consecuencias de otras falencias en los barrios más castigados por la desigualdad. Así, lo entiende y lo explica Sebastián. «Cuando se habla de consumo problemático, tenemos que entender que nuestros pibes no solo tuvieron como problema el consumo, sino que hubo muchas problemáticas que acarrearon. Por las pocas posibilidades que tuvieron, por los lugares donde vivieron. Entonces en los centros barriales tenemos desde una olla popular para morfar, hasta un psicólogo que atienda a los pibes».

Sebastián Sánchez fue adicto, se recuperó y hoy ayuda a los pibes a salir de las drogas. Foto: Victoria Nordenstahl

En su trabajo cotidiano la asociación no solo se enfrenta contra la droga y la desigualdad, sino también contra la burocracia. Sebastián relata que «el problema más grande del Estado es que, ante la emergencia de un pibe para hacer un tratamiento, ellos lo que hacían es darle un turno de acá a un mes, dos meses, etc».

La orientación para las personas que se acercan para recuperarse es comunitaria y con una mirada integral. Según la coordinación, los profesionales y los y las jóvenes que luchan por recuperarse «las decisiones las tomamos nosotros». La mirada comunitaria pone al sujeto en el compromiso de decidir sobre sus propias vidas, no son sujetos pasivos que recibes instrucciones. Los profesionales y acompañantes sos imprescindibles para desarrollar más subjetividad y no reproducir la dependencia.

Clases de zumba para las chicas de Vientos de Libertad. Foto: Victoria Nordenstahl

Así la superación de las adicciones tiene varios frentes abiertos. El más reciente se dio por la falta de condiciones para realizar rehabilitaciones en situaciones críticas. En ese marco y ante la falta de respuestas por los canales institucionales decidieron ocupar una parte del Instituto Alvear.

A partir de esa medida se concretan negociaciones con funcionarios del Gobierno nacional. Fueron reconocidos en su tarea y lograron un permiso provisorio para permanecer allí hasta que se les garantice un espacio adecuado para mejorar las condiciones de vida de la juventud en proceso de rehabilitación y donde puedan admitir nuevos cupos.

El paso implica una aceptación obligada por parte de los funcionarios con capacidad de gestionar recursos que para los pibes y pibas implican la posibilidad de salvarse y salvar a otros. Frente a la indiferencia y la opresión, soplan Vientos de Libertad.

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