Foto: Julieta Brancatto

A unas cuadras de la Terminal de Ómnibus se encuentra la cocina del Langar Callejero, un lugar que reúne a varios vecinos de Luján con el objetivo de brindarle contención a las personas en situación de calle. Crónica de la historia y el funcionamiento de una cocina impulsada por el amor y la solidaridad.

Tras el portón de chapa que da a la calle 9 de Julio y un largo pasillo, se encuentra el epicentro de una cocina chica pero que reúne a varios lujanenses con ansías de ayudar a los que más lo necesitan. Si bien la casa es de Leo, uno de los administradores del Langar, en realidad pertenece a todos los integrantes del grupo, que religiosamente se juntan todos los lunes y jueves a partir de las 18 para preparar deliciosos platos que luego son entregados a las familias que no tienen un techo. 

El Langar funciona hace un año y dos meses, en los que nunca se dejó a los comensales con las manos vacías. “Nosotros vamos a estar en la terminal por más que llueva, haga frío, o nos invadan los extraterrestres”, aclaran Leo y Juan y reafirman su voluntad de ayudar al prójimo. Es así como, en parte, también se formó un grupo social y de amigos en el que se trabaja en conjunto. 

La idea de la acción solidaria surgió a partir de los Templos Sij, pertenecientes a una religión india fundada por Gurú Narak, que reciben a sus creyentes y en función a la ofrenda que le hacen a la deidad, le otorgan un plato de comida. Estos templos, a diferencia de lo que ocurre en las religiones abrahámicas, no fueron concebidos como lugares de culto sino más bien como un espacio de encuentro con los pares y de solidaridad.

Por su parte, la comida que cocina el Langar es solo vegetariana o vegana. Esto es para evitar que alguien rechace el plato por cuestiones religiosas o personales y todos puedan aceptarlo de igual manera. “Nosotros ofrecemos una versión de comida apta para todos, de muy alta calidad y muy sabrosa”, afirma Juan y añade: “De hecho, cuando otras personas le ofrecen comida a los chicos, estos la rechazan para esperar la nuestra. Es muy loco como nos eligen”. 

Si bien todos los miembros de la cocina profesan creencias y costumbres distintas, el grupo en su conjunto está totalmente alejado de cualquier partidismo político. “Si un político quiere venir, puede venir como vecino, pero no como político. No le dejamos tomarse fotos para que luego las difunda”, aseveran ambos administradores con cierto rigor, y argumentan: “el no vendernos a ninguna causa política nos otorgó una gran seriedad”.

A partir de esta neutralidad, fue que la Fundación Papa Francisco se interesó en el Langar y le envió un camión lleno de comida. “El viernes pasado nos llegó terrible camión de la Fundación Papa Francisco, estamos eternamente agradecidos con ellos, la verdad es que nos ayudaron un montón”, agradece Leo. 

El equipo periodístico de Ladran Sancho llegó al Langar en un momento de abundancia. “Antes había que meternos las manos en el bolsillo para poder pagar los servicios y los alimentos, realmente era muy difícil”, coinciden todos los integrantes de la cocina. Es por esto que ven a la ayuda de diversos comercios y organizaciones como un alivio. 

Por cuestiones laborales o personales, no siempre pueden asistir todos los miembros de la cocina. Es por esto que el grupo va variando y los que siempre están son Leo y Juan, que salen a repartir comida inclusive hasta en días no laborales. 

A partir de la difusión que va sumando el Langar, los vínculos del grupo también van creciendo. Es así que también llegan a distintos sectores, tales como sindicatos o comercios particulares, que hacen sus propias donaciones y acortan un poco las cuentas por pagar de la cocina. 

No obstante, también van sumando colaboraciones con otras instituciones y organizaciones destinadas a la solidaridad. Actualmente están trabajando codo a codo con Fundación Sí y Pie Solidario, siempre en pos de brindarle una mejor calidad de vida a aquellas personas que realmente lo necesitan. Por consiguiente, a partir de estas relaciones también surgen intercambios, por ejemplo, en el corto plazo planean cambiar leche por soja con la Fundación Sí. De este modo, se forma un circuito de productos y se le da más eficiencia a la tarea de ayudar. 

Pero los productos no siempre terminan en trueque. Por ejemplo, ahora mismo el Langar está donándole los alimentos que no utiliza o que sobran a varios merenderos y comedores de Luján y sus localidades aledañas. Están colaborando con varias instituciones de Olivera. 

Además, el Langar no se conforma con albergar a sus propios cocineros y también recibe a alumnos de distintas escuelas locales. Ahora mismo están colaborando los chicos de la Escuela Secundaria N° 19, que llegaron a la cocina para hacer un trabajo práctico y terminaron ayudando en la labor solidaria. En estos casos, Leo y Juan organizan jornadas especiales de medio día para ellos, por lo que los días que recibían su colaboración, las personas recibían almuerzo y cena.

Por último, todos los colaboradores del Langar coinciden en que la parte más gratificante de la acción que llevan a cabo es ver la mirada de agradecimiento que les dedican las personas en situación de calle. “Saben que está hecho con mucho amor y que estamos pensando en ellos, entonces esa mirada y ese brillo en los ojos son invaluables”, sentencian.

Fotos: Julieta Brancatto

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