“No soy buena ni mala, soy extraordinaria”. Así se presenta Victoria Cavilla y resulta difícil contradecirla. No porque no lo permita, sino porque con el correr de los minutos el grabador encendido registra a una mujer multifacética y fiel a su personalidad, una mujer que capta la atención por su porte y su profunda mirada de ojos negros.

Detallista, ordenada e hipersensible son sólo algunos aspectos de esa personalidad sencilla pero envuelta de interrogantes que invitan a saber más. Sin embargo no es eso lo que convoca a conocerla, sino su activismo por los derechos de las mujeres trans, su militancia sindical y su relación con el feminismo; tres patas fundamentales de la inserción social de esta mujer que tiene el mundo por delante.

En el libro La Cámara Lúcida, Roland Barthes reflexiona sobre la imagen. Allí define al punctum como aquello que viene dado por la fascinación, por la emotividad, lo que provoca una respuesta en el espectador. Algo que no se busca, sino que “sale” de la escena para generar algo en el que observa.

El punctum para Vicky -como todos la llaman- fue el Encuentro Nacional de Mujeres de Chaco en 2017, donde conoció a muchas compañeras trans. Ahí fue cuando comenzó a interiorizarse mucho más sobre la situación que atraviesan. “Me encontré con muchas cosas que me generaron un montón de sentimientos, dolor, angustia, me sentí defraudada por el mundo en el que vivimos, por cómo el Estado se maneja con nosotras, que siguen siendo mujeres perseguidas, les arman causas, las corren en la calle, las utilizan como mulas, los policías les sacan plata. Tenemos leyes pero al estar tan vulnerados nuestros derechos el Estado no se da cuenta de lo que nos están haciendo. No es mi caso pero sí el de la mayoría, yo soy una mujer afortunada y creo que vivo como en una burbuja porque tengo un montón de personas que tratan de cuidarme y el colectivo trans no lo tiene”.

Además de la exclusión estatal, que por ejemplo no cumple con la Ley de Cupo Laboral Trans, las chicas sufren toda una vida de rechazos que van determinando sus posibilidades como sujetas sociales. “Por ejemplo por ser trans te tenés que ir de tu casa, ya es el primer lugar de donde te echan, te vas de la escuela por discriminación y terminás en la calle con 15 años sin saber qué hacer”.

Victoria fue una de las primeras mujeres que hizo su cambio de identidad de género en el Registro Civil de Luján. Foto: Julieta Brancatto

La experiencia de los talleres y las charlas en Chaco le permitieron a Vicky ver las cosas de otra manera. Cuenta que en ese momento quería mirar al resto de las compañeras y pedirles perdón por ser una mujer que vive de otra manera. Ella trabaja en el Estado, tiene gente que la quiere y una familia que la respeta. “Y me duele que las otras chicas no tengan eso. Entonces desde mi humildad y desde este lugar quiero empezar a ver de qué manera puedo ayudarlas, teniendo las herramientas que tengo”, dice emocionada.

Victoria puede ayudarlas porque puede y siempre pudo elegir qué camino tomar y cómo tomarlo. Eso es lo que la diferencia del resto aunque sigue siendo igual que las demás mujeres, por sufrir las mismas opresiones del sistema. “Es muy importante el derecho a elegir porque vivimos en un patriarcado que nos excluye pero que a la vez es el mismo que nos busca para su satisfacción y no nos ayuda”.

“Por eso necesitamos la posibilidad de elegir, no que nos impongan. A nosotras, las mujeres transgénero, transexuales y travestis siempre nos obligaron a ser prostitutas. Nos impusieron que estemos paradas en una esquina y vendamos nuestro cuerpo. Yo no tenía ganas de eso y decidí ir por otro lado, me dediqué a limpiar casas, cuidar personas mayores y no terminar en la calle”.

“Soy una sobreviviente”

Victoria es una mujer afortunada, o medianamente inteligente –como dice ella- porque todas las oportunidades que se le presentaron en la vida, las aprovechó y las utilizó para transformar su realidad. “Todas las sogas que me fueron tirando las agarré”.

La educación fue clave para convertirse en la mujer que es hoy, además de su familia que le dio las posibilidades de elegir y enfrentarse a la sociedad de otra manera. Por los 90´ terminó el secundario y recuerda las dificultades que enfrentó, así como a sus compañeros que exigieron el cumplimiento de sus derechos, o los directivos que el día de la entrega de diplomas la llamaron a recibirlo primera en la lista de mujeres y bajo el nombre “Victoria”.

En la semana previa al #8M Victoria participó de una de las actividades donde expuso la necesidad de la aplicación de la Ley de Cupo Laboral Trans. Foto: Victoria Nordenstahl

Sin embargo nunca estuvo lejos de sus compañeras, el resto de las chicas trans. Las conoce, entiende su realidad y las dificultades que afrontan diariamente. “Yo fui haciendo otro estilo de vida aunque no soy hipócrita porque hubo un tiempo de mi vida muy duro, por eso entiendo a las chicas que hoy en día se tienen que prostituir. No es fácil. Yo no soy distinta a ellas, sólo tuve la suerte o la inteligencia de querer hacer otras cosas”.

Victoria dice que no se considera una referente trans, pero lo es. Hay muchas chicas que se referencian en ella por todo lo que hizo por sí misma y lo que logró despejándose el camino y saliendo adelante. Todo eso es algo que quiere ayudar a replicar en otras compañeras, a pesar de las dificultades que pueda tener para hacerlo.

“Es difícil trabajar con la población trans, somos muy cerradas. Las chicas están sumidas en un mundo que a veces es muy difícil sacarlas, no es porque no lo entiendan, están acostumbradas a eso. Hay que hacer todo un trabajo para que tengan confianza, porque están acostumbradas a otra cosa. No es fácil ir a estudiar, enfrentarte ante la sociedad. Yo tuve la suerte de hacer teatro 20 años, terminar mis estudios, tener oportunidades”.

“Generalmente me trago las lágrimas y sigo adelante, pero agradezco por lo que tengo y la vida que me tocó y elegí. Yo lo que quiero hoy en día es poder ayudar a las otras, a los otros, a les otres. No sé si voy a hacerlo bien, pero voy a trabajar apoyándome en mis compañeros y dando todo de mí. Estoy muy agradecida por la vida que fue bastante generosa conmigo. A veces queremos tener todo y no podemos. Eso duele y te hace sentir un poco sola, pero sigo adelante, le pongo garra, me cuido, me quiero. Por eso soy una sobreviviente, porque quiero seguir dando desde el corazón, todo lo que pueda”.

“No soy politiquera pero termino haciendo política”

Vicky trabaja hace cuatro años en la SEDRONAR, en un dispositivo que al comenzar estaba destinado a mujeres y mujeres trans en situación de consumo problemático. En ese marco comenzó a trabajar como operadora terapéutica y aún lo hace, aunque el programa se modificó y sólo es para madres con hijos.  A partir del cambio de dispositivo se sumaron otros compañeros trabajadores “quienes nos empezaron a ayudar para que tengamos conciencia y gracias a eso me afilié al sindicato y empecé a meterme, movilizarme, a militar”.

En septiembre habrá elecciones internas en la CTA de los Trabajadores y Victoria es candidata a ocupar la Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades. “El hecho de ser una mujer transgénero me hace estar muy parada en el lugar de la mujer. ATE es un gremio que está trabajando mucho el género y está dando iguales oportunidades, tanto a hombres como mujeres, eso es muy importante. Acá en la regional oeste queremos trabajar en ese sentido y enfocarnos también en los derechos de las personas trans”.

Victoria Cavilla es candidata a ocupar la Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades de la CTA de los Trabajadores. Foto: Julieta Brancatto

Independiente es otra de las formas de describir a Victoria. Siempre tuvo gente a su lado: compañeros de trabajo, del sindicato, de la escuela, de teatro, su familia. Ellos fueron estímulos, puentes, facilitadores de herramientas, ideas, acciones. Pero siempre hizo todo sola, tomó lo que tenía enfrente y lo convirtió en hechos. Nuevamente se le presenta una oportunidad siendo candidata. Confiesa tener miedo, pero sabe que siempre pudo, aún en soledad.

“ATE Capital ya está trabajando en la igualdad de género, la idea sería poder bajar y trabajar eso en el territorio y armar otro tipo de política, algo más horizontal. Me gustaría que la mujer ocupe los lugares, que no corra atrás del hombre para tomar una decisión, sino que vaya y en todo caso que se equivoque, porque así es como se aprende. No estemos atrás del hombre, ni adelante; sino al costado, como iguales”.

“Yo soy una mujer afortunada, y por eso mismo quiero dar tanto en lo sindical como en el activismo trans lo mejor que pueda. Si ganamos las elecciones me gustaría presentar proyectos en función del cupo trans, para que se cumpla y efectivice la ley. Es uno de los objetivos que tengo”.

Los caminos que Victoria Cavilla tomó siempre tuvieron un mismo horizonte, transformar su realidad y la del resto de sus compañeras trans. “Tuve la posibilidad de militar la disidencia en otros países pero elegí quedarme porque siempre quise hacer esto en Luján y lograr cambios acá. Yo nací y me crié en Luján, todos me conocen y quiero demostrar que no somos monstruos ni cosas raras”.

A pesar de las dificultades y fundamentalmente contra un Estado ausente que invisibiliza las disidencias, Vicky está cumpliendo silenciosamente su objetivo, aún sin saberlo.

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