Falleció esta madrugada tras décadas militancia. Desde el rincón de las cacerolas al legado para la juventud. Rosita nos hereda el ejemplo y nos compromete con la historia y con el futuro. «La lucha no fue en vano, porque no la abandonamos nunca» sintetizó en una de sus últimas declaraciones públicas.

Rosa Sierra, como tantas madres, fue parida por su hijo, Ricardo Luis Palazzo, detenido desaparecido el 16 de septiembre de 1976. “Palito” como lo apodaron, militaba en la Juventud Peronista. Tenía 21 años cuando lo secuestraron en Capital Federal de casa de su novia Teresa y madre de su hija Mariana, nieta de Rosita.

Este viernes, la Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos Desaparecidos – Luján comunicó que Rosa falleció, luego de militar la aparición con vida de su hijo y los 30 mil detenidos desaparecidos por más de 40 años.

“Pasaron tantas cosas que nos resultan increíbles hoy. Pero, nosotros surgimos de ahí. Somos las que quedamos de la dictadura porque no nos pudieron sacar de la Plaza. Hubo Madres que pagaron con su vida esto” recordaba Rosa al cumplirse 35 años del golpe como cambió su vida para siempre, a partir de la desaparición de su hijo.

«Cuando ya era inútil ir al juzgado, a la comisaría y a un lado y a otro, decidimos ir a la Plaza. Circulen nos decían. Y hace 35 años que estamos circulando. Así empezamos con las rondas de Madres. No aflojamos nunca. Nos decíamos sin el sacrificio de la búsqueda es imposible la alegría del reencuentro. Y si. Salimos del rincón de las cacerolas y nos dimos fuerzas unas a otras. Y ahora nos respetan más porque nos conocen pero antes éramos las locas. Locas por buscar a nuestros hijos» continuaba relatando la bisagra más importante de su biografía.

“El pañuelo es el símbolo de la comunicación con los demás y el nudo es el abrazo que nos dan los chicos. Cuando vemos…

Geplaatst door Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos Desaparecidos – Luján op Vrijdag 2 augustus 2019

Rosa nació en General Alverar y llegó a Luján a partir del destino laboral de Luis Palazzo, su marido, quien fue jefe del correo. Aquí criaron a sus cinco hijos: Liliana, Ricardo, Cristina, Silvia y Pablo.

Tras la desaparición de Ricardo, Rosa comenzó una búsqueda que la llevó por comisarías, juzgados e iglesias. En el trajín, conoció a otras Madres y participó del mito fundacional: “el primer pañuelo se usó en una peregrinación juvenil a Luján. Nos preguntábamos como nos íbamos a reconocer porque no teníamos nada en ese momento. Una dijo de un pañuelo, una cinta y alguien dijo de ponernos un pañal de nuestros hijos. ¿Quien no tenía guardado uno? Y la primer salida la hicimos con el pañuelo, que era un pañal de gasa. La iglesia nunca nos trató muy bien. Ese día dejamos un pañuelo y una petición por nuestros hijos pero fue sacado. Pero cuando se cumplieron 30 años lo hicimos de nuevo y nadie sacó nada. Entonces la lucha no fue en vano, porque no la abandonamos nunca”.

En la casa de Rosa sobre la calle Ituzaingó funcionó por años la sede local de Madres de Plaza de Mayo. Así conoció a su compañera, Ana Aguirre y al paso de las décadas entablaron un vínculo que vuelve casi imposible imaginarse a una sin la otra.

Juntas, bajaron línea a la juventud cada vez que tuvieron oportunidad. En cada acto, durante los últimos años además del repaso histórico aparecían las referencias para les jóvenes, en la que reflejaban la militancia de sus hijos: “Ahora los chicos están militando bastante. Eso es lindo, eso nos gusta a las Madres. Ojalá esto no se pierda y siga la juventud luchando, discutiendo” se sonreía Rosa durante la presentación de un ciclo documental “Cine con Memoria” en la UNLu durante 2015.

Este viernes nos dejó Rosa, ya en vida varios murales la homenajeaban junto a Ana. Testimonios, discursos, anécdotas y gestos que no se dejan escribir quedarán iluminando el camino que toca seguir transitando para las generaciones que, guiados por el ejemplo de las Madres, levantan las banderas de memoria, verdad y justicia.

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