De izquierda a derecha; Murillo, Artese, Moglie y Mage. Foto: Julieta Brancatto

Durante las conclusiones del trabajo de revisión participativa del COU, el panel  de La Brújula coincidió en la importancia de revisar permanentemente la legislación, la prioridad en abrir la participación a la comunidad para discutir sobre la planificación urbana de la ciudad y la necesidad de desarrollar servicios esenciales.

Salió al público la segunda edición de la revista Post Plan, el material gráfico que plasma las discusiones de varios sectores en torno al Código de Ordenamiento Urbano (COU) de Luján que encabezó el equipo técnico de la FADU-UBA de La Brújula contratado por el municipio durante 2014 para diseñar el instrumento metodológico que permitió recabar las opiniones de la ciudadanía lujanense de cara a la reforma del viejo plan regulador que data de los años ’70.

“De forma casi unánime registramos que los y las lujanenses no quieren integrarse al conurbano bonaerense. Tienen entidad como pueblo con otras lógicas y hay que entender y pensar Luján desde esta consigna” enmarcó el doctor en arquitectura Fernando Murillo.

Convocados por la Mutual Arkhos de la Sociedad de Arquitectos del Distrito V, en la biblioteca Jean Jaures disertaron quienes participaron del proceso de recabar las opiniones de la comunidad durante el proceso de discusión de la herramienta de ordenamiento territorial que con sus idas y vueltas, se aprobó en febrero de 2017.

Según reza la tapa de la revista, la intención es “mirar críticamente el pasado para proyectar el futuro” y de ese modo encararon el asunto desde la mesa de oradores: la licenciada Silvia Moglie, el Dr. Andrés Mage y los arquitectos Gabriel Artese y Fernando Murillo integrantes de La Brújula.

El barrio Padre Varela sirvió de termómetro en un momento inicial del trabajo de La Brújula porque “tenía una convivencia cercana entre un barrio formal, un barrio informal y otro social. Tiene una parte informal detrás del arroyo Gutiérrez, otra parte formal y la cercanía al Fonavi” explicó el arquitecto investigador Gabriel Artese quien también recuperó rápidamente que en ese momento el COU se había aprobado y vetado por el intendente dado el gran rechazo popular”.

Para Artese el rechazo de los y las lujanenses se podía traducir en ejes que permitieron realizar el trabajo metodológico: desarrollo urbano y vivienda, la protección ambiental, los aspectos patrimoniales, la producción, la participación y el uso de normas complementarias.

El arquitecto e investigador reconoció que la expansión de barrios privados implicaba la conurbanización y que la gente de forma casi unánime quería mantener la identidad de las localidades y la falta de protección (con compensaciones y sanciones) a las zonas ribereñas e históricas de Luján. También dedicó algunas lineas a la cuestión industrial indicando que lo que se pensó originalmente “era exagerado e iban a tener problemas de servicios”. Respecto al turismo “tampoco estaban especificadas cuales eran las zonas preferidas” y algo similar sucedió con el equipamiento pensando por ejemplo en la terminal de ómnibus.

Párrafo aparte, Artese recordó la necesidad de evaluar permanentemente el Código de Ordenamiento Urbano a través de la creación de una comisión y en ese sentido se creó, aprobó y más tarde el intendente vetó un Consejo Urbanístico Ambiental. Uno de sus radactores, el ingeniero Daniel Lanson lo señaló desde el público pero el debate no prendió. Entiendo que lo vetó porqué se proponía que fuera vinculante. Es decir por cuestiones de competencias legales no se podría”.

Recuperando uno de los principales ejes que surgen de las conclusiones del trabajo participativo, la licenciada Silvia Moglie recordó que en el barrio Padre Varela «veníamos con un reclamo intenso y permanente por acceder al agua y las cloacas».

La trabajadora social se presentó «fundamentalmente como vecina» y desde ahí soltó: «Para lo que nosotros era una preocupación principalmente vinculado a los servicios se fueron incorporando desde la mirada de ellos (La Brújula) aspectos relacionados con acceso a la tierra y la vivienda, la situación dominial, el ascinamiento, etc. No entendíamos de fondo que quería La Brújula. Cuando empezaron a tener datos y arribaron a un diagnóstico que terminó siendo un gran encuentro con protagonismo de la comunidad. Clarificamos las responsabilidades de las instituciones y de nuestra posición como comunidad que es la de exigir mejores condiciones de vida».

Quien continuó en el uso de la palabra fue el doctor Mage, por aquellos años de discusiones agitadas fue director del Museo Udaondo que fue escenario de encuentros para la discusión de la herramienta que regula el uso del suelo. El doctor coincidió con la importancia de abrir los espacios de debates aunque «en algunos casos se hicieron notar un poco revoltosamente» dijo. Para Mage, «lo que pasaba y quizás sigue pasando es que no nos entendemos» y que «la ciudad carece de un Plan Estratégico quede tener el mayor nivel de consenso a través de la participación del vecino y con un rol mucho más protagonico del Estado».

La mesa de debate se extendió más allá de los oradores y pasadas las 21hs en la biblioteca Jean Jaures continuó el pin pon entre asistentes y disertantes. Desde La Brújula, confirmaron que la intención es «seguir participando y abriendo el debate. Generando un monitoreo de la aplicación del COU, actualizando datos y emitiendo opinión técnica».

Es probable que la versión final del Codigo de Ordenamiento Urbano llegué definitivamente aprobada desde los organismos provinciales y plasme así el uso del suelo definido en 2017 que contempla el 70% del suelo lujanense se destinará al campo, el 12% a clubes de campo u otro tipo de barrios cerrados, el 7% para urbanización abierta y el resto para áreas complementarias.

En un juego de pinzas, el crecimiento del déficit habitacional y las condiciones del hábitat en contraposición con los negocios inmobiliarios imponen un juego fuerte de los actores en disputa por el uso del suelo. De ahí que las discusiones avanzarán en un caso por el lobby y las presiones, y la necesidad de consolidar instrumentos participativos cada vez más eficaces y con resonancia en las instituciones, por el otro. En la revisión y adaptación de una «norma que cuando llegue convalidada, en varios aspectos ya será vieja» a decir del arquitecto Artese habrá que ver quien junto más porotos para imponer demandas en una agenda de Estado más que de gobierno que por ahora es apenas imaginable.

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