julio 23, 2024
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Luján

Resolver desde el escritorio lo que se sufre en los barrios

El intendente y funcionarios de Políticas Sociales evaluaron el protocolo de emergencias “con el objetivo de identificar cuestiones a mejorar para próximos eventos”. Desde Ladran Sancho recorremos las miradas de las organizaciones sociales y los vecinos solidarios para sumar el aporte territorial que quedó afuera de la reunión.

El protocolo para inundaciones alcanza el grado de dogma de fe, para funcionarios encargados de las tareas de prevención, asistencia y la vuelta a casa de familias afectadas por la inundación. Ante las consultas periodísticas o las demandas vecinales se aferran a un papel plagado de flechas para argumentar negativas. “Tenemos un protocolo que seguir” responden.

Durante la mañana del lunes el jefe comunal analizó junto funcionarios de Políticas Sociales el famoso protocolo puesto en marcha durante la última tormenta y crecida del río Luján. “Con el objetivo de identificar cuestiones a mejorar para próximos eventos” informó Prensa Municipal

Aunque existe y figura en un expediente, no puede leerse en el boletín oficial. Vecinos y organizaciones sociales reclaman conocerlo y poder participar en la redefinición de un nuevo instrumento para operar en territorio en éstas circunstancias. Pero el gobierno insiste en trabajar con métodos sin participación de los actores territoriales a los que recurre en ocasiones adversas, y excluye del análisis a la comunidad afectada.

Parte de esa comunidad evalúa la intervención oficial en la última inundacion para esta nota, que busca colarse en la reunión del intendente y los funcionarios, como un aporte vecinal que pone en relieve la participación ciudadana.

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Desde los barrios y localidades coinciden en marcar como un error grave las deficiencias en la comunicación oficial y la asistencia social; la centralización de todo el operativo y las consultas en su solo hombre, el director de Defensa Civil Antonio Graglia; y la ausencia de acompañamiento psicológico a las familias afectadas.

“Los vecinos estuvimos prácticamente solos, no se prepara nada antes. No teníamos ni luz para ver cómo crecía el arroyo” señaló Graciela Cordero del comedor El Rinconcito, del barrio Padre Varela. Agregó que “Bomberos trabaja todo el tiempo entonces el teléfono da ocupado y no tenes a quien referirte cuando hay que evacuar a alguien. En Políticas Sociales dicen que hay que llamar a Graglia”.

Experimentada en estos tristes casos, refiere que en el plano de la asistencia “lo primero que hay que hacer es entregar bolsas de consorcio y velas. Porque la gente tiene que juntar sus cosas y no tiene donde y enseguida cortan la luz por prevención”. Sobre el procedimiento oficial reflexionó que “antes de que se venga otra inundación los funcionarios tendrían que pasar unos días con nosotros”.

Victor, cooperativista del Movimiento de Trabajadores Excluidos dijo sobre el protocolo que “en caso que exista, no lo conocemos”. Junto a sus compañeros participaron del traslado de familias evacuadas. Las asistieron en la camioneta que utilizan para su trabajo cotidiano como albañiles en la obra de viviendas del pueblo.

Aseguró que “no había una asistencia ordenada en la escuela para que la gente pueda comer algo caliente y cambiarse la ropa mojada” y remarcó que “no sabíamos si teníamos que evacuar o no evacuar. Si no fuera porque fuimos hasta Políticas Sociales hubiéramos tenido menos información. Si ellos tenían el dato de cuanto iba a crecer el río y los arroyos no lo dijeron, la gente no lo sabía”.

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Guadalupe Ledesma, integrante de Vamos-Patria Grande y de la Comisión de Control y Seguimiento por Relocalización de Familias Inundadas, criticó la centralización en pocos puntos para atender a evacuados y pidió la apertura de centros intermedios, en proximidad a la casa de los vecinos.

“La gente que no quieren irse de su casa a un centro de evacuados se queda sin asistencia, por eso es necesario que el Estado esté cerca de la gente” y como los anteriores entrevistados consideró que “muchas familias estaban desesperadas porque no tenían información oficial”.

La referente barrial enfatizó que “una familia inundada no puede dormir en el playón de una escuela. No hay forma de calefaccionar y la asistencia es deficitaria. Las clases se retomaron el miércoles con normalidad mientras las familias seguían evacuadas, es una falta de respeto”.

Para Ledesma “tendría que haber un registro de familia que se autoevacuan. En La Loma hay muchas familias que no les ha llegado ningún tipo de asistencia, ni artículos de limpieza, ni agua potable, ni comida, ni colchones secos”.

Sobre el famoso protocolo remarcó que “no puede existir sin la participación. Hay experiencias acumuladas para conocer qué cosas están bien y qué cosas se hacen mal. Éste gobierno quiere resolver cosas que no conoce, que no vive y que no sufre sin tener en cuenta a las organizaciones y a las familias afectadas”. Además, solicitó asistencia psicológica para los vecinos que sufren cada lluvia. “El acompañamiento lo están pidiendo las familias que en cada lluvia reviven la angustia. Muchas perdieron todo y necesitan asistencia para volver a sus casas, cotejar qué perdieron y cómo viven esos procesos”.

Foto: Victoria Nordenstahl

En sintonía con abrir la discusión ante un gobierno cada vez más hermético y menos participativo, Natalia Correa, integrante de la Corriente de Unidad Popular, recordó que “antes existía el ProDeCom como un espacio donde funcionarios y actores territoriales podían discutir cómo trabajar en estos contextos”.

Para Correa “ningún funcionario se acercó a las familias afectadas. El protocolo no cubre las demandas de los vecinos afectados. Apenas se trabajó con los evacuados y se los asiste mal. En Olivera había gente desde las 16hs y mandaron asistencia a las 22hs”.

Además, opinó que “el municipio trabajó de forma desarticulada” y que “lo que ha hecho el gobierno hasta acá fue tapar la situación. Si no fuera por la presión de las organizaciones y los vecinos lo único que hacían era pasar con la camioneta de Defensa Civil”.

La agua bajó y el sábado regresaron las últimas personas evacuadas a sus hogares. Todavía con el dolor de cientos de familias y la preocupación de cara a la próxima tormenta aparecen las reflexiones de la sociedad civil convocada ante cada urgencia por el gobierno pero despreciada en la toma de decisiones. Empujaran al gobierno a acepar la participación, romper la terquedad política y el vicio de resolver desde los escritorios lo que se sufre en los barrios.

Agustin Espínola
Agustin Espínola
Periodista en la Cooperativa Ladran Sancho
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