Reprimir el dolor

Tras las manifestaciones por el crimen de Agustín en el barrio Ameghino, la Policía reprimió a los pibes que reclaman por su amigo. 

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La tarde del sábado ya pintaba mal desde el arranque de la jornada. El barrio Ameghino amanecía con la más trágica noticia, un pibe de 14 años fue asesinado por otro joven de 24, también vecino del barrio.

El principal responsable de la muerte de Agustín fue detenido pero no calmó el dolor y la bronca. Para las seis de la tarde una muchedumbre lo despedía con carteles, flores y fotos en la plaza del barrio.

Agustín fue alumno de la Escuela N°31 que está frente a la placita. El joven de 24 que terminó con su vida ya acumulaba denuncias por violencias de género y fue repetido el testimonio de otros jóvenes que le endilgaban la venta de drogas. Madres del barrio que se acercaron demandaron terminar con la violencia y que el municipio ofrezca una salida a la juventud.

Agustín, «El Aguelecho» tenía 14 años y perdió la vida alcanzado por una bala que disparó otro joven de 24. Foto: Victoria Nordenstahl.

Primero unos 30, luego otros 20 fueron llegando a la plaza. Al poco tiempo se trasladaron a la autopista para cortar los dos carriles de Acceso Oeste y una de las colectoras. Para entonces fue un centenar de vecinos y vecinas que se acumularon, y el actuar de la Policía fue medido, ajustado a protocolo y respetuoso de la manifestación.

Familiares de Agustín pidieron a la juventud despedirlo con tranquilidad y ordenaron suspender el corte de la autopista cuando el desborde se empezó a pronunciar. Durante la desconcentración, un grupo importante retornó a la plaza del barrio y comenzaron los piedrazos de un lado y las balas de goma del otro a partir de que un grupo reducido amagó con llegar hasta la casa de la familia del asesino.

Crónica de un desborde anunciado. Primero apostados sobre el jardín de infantes pero luego copando la plaza, la policía disparó a mansalva. En la muchedumbre había gente mayor, niños y bebes en brazos que afortunadamente no fueron alcanzados por los proyectiles. Apostados en la esquina del jardín de infantes, los efectivos dispararon varias veces. La noche continuará en vela para muchos en el barrio.

Durante la jornada más dolorosa que vive el barrio, organizaciones y referentes sociales acompañaron a la familia. Pero por parte del Estado, la representación más palpable hasta ahora han sido sirenas y balazos de goma.

La bronca acumulada, el abandono histórico que se sufre en la periferia y la tragedia como disparador vuelven inminente una intervención integral por parte de las autoridades que por lo pronto, no sean pronunciado ni han expresado solidaridad con la familia de Agustín.

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