Reparar para no repetir

Johana Moreno
Johana Moreno
Estudiante del Bachillerato Popular Carlos Fuentealba. Mujer y madre. Recuperada de Vientos de Libertad.

Mi nombre es Johana Moreno, tengo 33 años y hace 2 años me encuentro viviendo en la Casa Comunitaria Convivencial de Vientos de Libertad donde hice un tratamiento por mi problemática de consumo. 

Hace 5 meses estoy rehabilitada, es decir que terminé el proceso, pero sigo viviendo acá.  

Escribo para contar un poco de mi historia, de como tomé la decisión de hacer un proceso terapéutico y como es mi vida hoy. 

Hace aproximadamente 6 años en el barrio de Once (CABA) conocí unas personas que eran parte de Vientos (MTE). Compañeros de un centro barrial de la ciudad porteña donde se puede hacer tratamiento ambulatorio. Yo estaba totalmente metida en el consumo y fugada de la justicia. Estas personas se acercaron a mi, conversaron conmigo y obvio querían convencerme de que había otra vida totalmente diferente, mejor y posible para mí, en todo sentido.

Yo no creía que fuera posible el cambio, no creía que pudiera o mereciera tener la vida que ellos describían ni mucho menos dejar las drogas. Era todo muy perfecto y me parecía imposible. 

De todas formas acepté y escuché todos esos pibes y pibas que habían estado y pasado por lo mismo que yo, o peor y me decían que era posible.

Me costó mucho adaptarme al tratamiento y tenía mucho miedo. Asistía al centro barrial algunos días con esperanza y convicción y otros iba totalmente en consumo. Hubo muchas charlas, mucha paciencia, sobre todo de su parte. Los pibes hacen un trabajo excelente.

Me costó creer en esa ayuda desinteresada, yo no pagaba por ir, y ellos se preocupaban por mí aunque no me conocieran. Esta gente estaba ahí para mi, para ayudarme y yo tipo “wooouu”. Si hago casi todo mal, ¿por qué ellos están ahí, firmes?. 

Fue muy lindo y muy triste a la vez. Sentí que de verdad les importaba verme bien, pero me dolía mi postura, verme y reconocer, registrarme a mí en ese estado me dolía mucho,  mi realidad me dolía y era duro hacerme cargo. Reconocer que antes de llegar ahí estaba tan sola, era una persona totalmente perdida por el alcohol y las drogas. Pensar en mí, me daba lástima, yo era Johana: “Un caso perdido”. 

Aun así, seguí. Tenía claro que ya no quería eso para mí, ya no lo elegía, esa vida no era lo que yo soñaba de niña para mi. Quería cambiar y sabía que era muy difícil, casi imposible, porque tenía muchos problemas ya por el consumo y también era buscada por la justicia, eso me tiraba para atrás muchas veces, ese era mi mayor obstáculo. Imaginarme una vida diferente, sabiendo que tenía que afrontar a la justicia aún. Pero seguí apostando al cambio, seguí creyendo que podía salvar mi vida, seguí confiando en los “vientos de libertad” y los compañeros y compañeras que me acompañaban.

Entendí que tenía que tomar la decisión de internarme, para poder sanar. En ese momento tenía 26 años, año 2018. Consiguieron un cupo para mí en la Casa donde aún hoy estoy viviendo, acá en Luján. Donde nací y viví siempre. Yo soy del Barrio Ameghino y la Casa queda en Lezica y Torrezuri. Me vine de Once con una coordinadora y una compañera que ya hacía un tiempo estaba en proceso de tratamiento. Esa compañera hoy es referente de el barrial en CABA. 

Llegamos a la casa, me recibieron de una manera que ni yo me la esperaba. Fue tan lindo sentir que a alguien le importas, que había muchas personas queriendo ayudarme (ayudarnos), ya que éramos muchas pibas y madres en la misma situación. Todas estaban contentas de que yo ingrese, de que sea una piba menos en la calle y una más con ganas de transformar mi realidad. Se me acerca una piba y me pregunta ¿Cómo te llamás? ¿Tenés hambre? ¿Estás cansada? y no sé cuantas preguntas más. Yo decía por dentro mío: “Bueno, esto es Vientos, tal cual como me habían contado en el barrial”: una familia, como una madre que no juzga, que te cuida, que te abraza y sale con vos adelante, a darle pelea a la vida, aunque parezca que todo es una mierda.

Me presenté con las chicas, hubo muchos aplausos, palabras de bienvenida, de aliento. Me hicieron sentir como si de verdad me mereciera cada uno de esos aplausos, fue muy lindo, muy emocionante, me sentí importante. Yo ya estaba decidida a dejar la droga y estaba en el lugar correcto, ahora solo había que luchar contra la abstinencia y mi propia cabeza que me boicoteaba todo el tiempo.

Fueron pasando los meses, trataba de adaptarme, me ayudaban en mis momentos de crisis: me contenían, me entendían, me calmaban. ¿Me costaba? Sí, mucho.

Había situaciones donde me ponía violenta, me pasaba muy seguido, era la forma en la que estaba acostumbrada a vincularme en la calle. Y me bancaron, me dieron muchas oportunidades, pero un día se tomó la decisión de que lo mejor era seguir mi tratamiento en un barrial, para evitar esas situaciones.

Después de una charla, me derivaron al “barrial de 11”. Yo pedí ir ahí, a mí me encantaba ese lugar, era feliz ahí . Ya tenía 6 meses de proceso, en el barrial hice casi tres meses más. Asistía todos los días, hacía todo bien, porque yo quería rehabilitarme, era mi sueño. Ya me había enamorado y comprometido con el tratamiento, ya estaba mejor. Me veía más gordita, más linda, amaba verme y sentirme así. Sabía que nunca más quería volver a drogarme.

El 4 de mayo de 2019 a la mañana, de camino al barrial, en Constitución, me para la policía y me pide los datos: Tenía pedido de captura, me llevan detenida. Siendo sincera, eso de estar fugada era algo que no me dejaba avanzar ni disfrutar a pleno de todo lo lindo que me estaba pasando: había dejado la droga, había vuelto a ver a mis hijos, a mi mamá, tenía una vida. Pero llegó la hora de enfrentar eso, de enfrentar la ley y las consecuencias de lo que yo había hecho. Me buscaban por robo. Y me encontraron. 

Doy aviso a la gente del barrial, y ellos llegaron muy rápido a la alcaldía en la que me encontraba, desde ese momento me acompañaron todo el tiempo. Estuve en la cárcel 3 años y 11 meses. Ellos nunca me soltaron la mano, hubo muchos días en los que he querido tirar la toalla estando en ese lugar, yo pensé que estando presa nadie se iba a acordar de mi, que me iban a olvidar, que todo eso que había logrado ya estaba perdido. Pero no. Ellos estuvieron ahí: iban a las visitas, iban al juzgado, me ayudaban con mercadería, con cosas para mi bebé (Cuando caigo detenida estaba embarazada). Fui mamá por quinta vez en la cárcel, fue muy triste esa parte, ya que un hijo es lo más preciado que tenemos en la vida, y créanme que dar a luz a tu hijo estando en un lugar como ese, es algo que toda la vida te va a doler hasta el alma. Estoy muy arrepentida de lo que hice. 

Después de algunos años en ese lugar, y de haber intentado varias apelaciones, me conceden la morigeración con sistema electrónico. Vuelvo a la casa de mujeres de vientos de libertad con prisión domiciliaria, es decir, monitoreada con una pulsera. 

Estoy acá hace 2 años, me recuperé de la droga, recuperé a mis hijos. Ya no tengo miedo, ya estoy bien, estoy acompañada, tengo oportunidades. Hoy me siento una persona normal, totalmente capacitada para reinsertarme en la sociedad y salir adelante. Estoy orgullosa de mí y de este equipo ejemplar que me acompaña tanto a mí como a tantas otras pibas y pibes que se encuentran con problemas de adicciones. 

Mi sueño es el día de mañana cuando ya sea libre, trabajar de esto. Quiero ayudar a las pibas y a los pibes a dejar el consumo como me ayudaron a mí. Acompañarlos a rehacer su vida dignamente, a que se recuperen y a salvarse la vida como hice yo.

Estoy totalmente agradecida, con vientos de libertad, me ayudaron a salvar mi vida y a recuperar lo que el consumo me arrebató. Porque no solo me ayudaron con el consumo, sino también con mi situación judicial. Porque nadie ayuda a quienes estamos privados de nuestra libertad. Nadie apuesta. Nadie cree que podamos tener una vida diferente. Y podemos. Hoy Vientos me permitió rearmar mi hogar, y aunque terminé mi tratamiento tengo un lugar donde vivir con mis hijos, articularon con el Bachillerato Popular Carlos Fuentealba y estoy terminando de estudiar. Éste año me recibo, y voy (con permiso judicial) todos los días a estudiar al barrio donde crecí, sabiendo que ya no soy la misma persona. Que hoy estoy orgullosa de quien soy. Porque sé lo que valgo y lo que tengo. Porque tengo motivos para darle pelea a la vida (que no es fácil) pero esta organización me convenció y me demostró que soy una guerrera y que puedo salir adelante.

Sin mas nada que agregar y desde ya muchas Gracias por leerme, por escuchar lo que viví y lo tengo para decir. Ojalá mi historia les sirva a otros/otras que se estén sintiendo como yo me sentí algún día. Saluda atentamente. Johana Moreno.

opina

Johana Moreno
Johana Moreno
Estudiante del Bachillerato Popular Carlos Fuentealba. Mujer y madre. Recuperada de Vientos de Libertad.

recientes

Ayudanos a sostener este proyecto autogestivo

Sumate a la Comunidad y participá todos los meses por regalos, entradas y descuentos.

Elegí el monto, ingresá los datos y listo!