La política regresiva de transparencia de la municipalidad de Luján tiene como corolario la salida del funcionario que había llegado para iniciar la modernización y la apertura de datos públicos.

«Esta plataforma que presentamos hoy, es un nuevo paradigma en el mundo ya que no todos los municipios de nuestro país tienen la posibilidad de poder mostrar datos a los vecinos para que ellos puedan trabajar con esa información. Por eso hoy damos nuestro modesto primer paso para comenzar este camino», exponía la secretaria de Gobierno en noviembre de 2016 sin imaginarse que en algo más de dos años la curva de cumplimientos iría de baja en baja. Y el final, anunciado, es la reciente salida de Maximiliano Chisnerman, quien se desempeñaba como director de Sistemas pero que había sido incorporado como subsecretario de Modernización, con creación de área incluída.

«Hace una semana que ya no trabaja en la gestión», informaron fuentes del Ejecutivo a Ladran Sancho. El saliente funcionario prefirió no profundizar en los modos de su desvinculación pero también confirmó su abandono del cargo como responsable de Sistemas. Lo fueron o se fue: el interminable gris de los finales que abarcan a funcionarios resistidos. La información se divide entre la aparición de una nueva oferta laboral que Chisnerman decidió agarrar y una reprimenda que colmó sus tareas en la gestión: la queja insistente de la oposición del Concejo Deliberante ya que no podían acceder a la información pública necesaria para trabajar.

Maximiliano Chisnerman trabajó en Mercedes y Marcos Paz, entre otras ciudades, y comenzó en la Subsecretaría de Modernización de Luján donde implementó el portal Gobierno Abierto. Según sus palabras iniciales se iban a poder «denunciar los móviles del Municipio cuando veas que no están en el lugar que tienen que estar. A los móviles se les está poniendo unos códigos QR que van a ser leídos por esta aplicación. Automáticamente se manda la denuncia de dónde se encuentra el móvil. La denuncia es anónima, pero uno quiere, puede entrar al portal con un número que te asigna la aplicación para poder hacer el seguimiento de la denuncia que hiciste. Además esa aplicación tiene notificaciones en tiempo real en distintas áreas. Te suscribís y te llegan alertas, como puede ser por un corte de calle, un plan de fumigación, etc. Todo eso llega en tiempo real y no tiene costo ni para el Municipio ni para el ciudadano. Y por otro lado, hicimos un asistente virtual por Telegram al que vos le podés preguntar cosas, como las farmacias de turno o qué eventos hay. A ese asistente virtual se le van a agregar capas de aplicación como sacar turnos o revisar expediente», explicaba ante la mirada de los funcionarios y el intendente Oscar Luciani.

“Queremos transparentar para que la gente ve a dónde va el dinero que paga», le había devuelto Luciani en aquella oportunidad. La cáscara vacía se mantuvo lo más posible aunque los datos brindados tanto en el portal Gobierno Abierto como en el Boletín Oficial sumaban desactualización y parcialidad. De abierto, poco y nada.

En definitiva, lo concreto en materia de avance y apertura es nulo, respecto a las propias expectativas que tenían algunos funcionarios del Ejecutivo. Aquí reside otra diferencia: el gabinete de Luciani nunca coincidió en el camino de la apertura. Así lo reconoció la propia Rita Sallaberry, ante dificultades para hacer entender a sus propios compañeros de gestión la importancia de la apertura de la información. Mitad desinterés, mitad intención de ocultar, los datos relevantes como expedientes, licitaciones o contrataciones quedaron justo dentro de la pestaña de escondidos. Sin pena ni gloria, sin transparencia ni funcionario.

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