Releer desde el presente en forma constante el pasado

María Teresa Tartaglia
María Teresa Tartaglia
Lic en Historia. Docente. Ex Directora del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Ex Directora de Cultura. Investigadora. Publicó 8 libros sobre Historia de Luján y sus Instituciones. En preparación 3 investigaciones.
EL Gran Bonete
A mi país se le han perdido muchos habitantes
y dice que algún cuerpo del ejército los tiene,
yo señor?
Si señor, no señor, pues entonces quién los tiene?
La policía, yo señor?
Sí señor, no señor,
Pues entonces, quién los tiene?
La cámara del terror, yo señor?
Sí señor, no señor,
Pues entonces quién los tiene?
Los organismos parapoliciales, yo señor?
Sí señor, no señor.
Pues entonces quién los tiene?, pues entonces quién los tiene?
Pues entonces quién los tiene?
Roberto Santoro.

El 24 de marzo de 1976 se estableció en la Argentina el poder de un gobierno militar que se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional”, nombre presumido, pretencioso, soberbio. ¿Podemos dudar desde nuestro presente, luego de releer y analizar el pasado de que sus propósitos no fueron alcanzados? ¿Podemos dudar que aún cuando recuperamos la democracia el 10 de diciembre de 1983, su influencia en la vida política, económica y social no quedó agotada? ¿Por qué? Por las secuelas profundas y agobiantes que dejó en el país, por el dolor, el horror y las consecuencias que llegan al hoy, porque se apoderó de vidas y de las libertades de todos los argentinos.

Fue el período más sangriento y humillante de la historia Argentina, secuestraron, torturaron, mataron, desaparecieron personas, niños, jóvenes, adultos, pero en el más “tenebroso de los silencios”(…) y “la pregunta más delicada y dolorosa (…) que encierra un debate es la que se refiere a la responsabilidad social que hizo posible que esto sucediera (…) en esta historia está quienes padecieron el silencio y la soledad, la de quienes forzadamente debieron tragarlo para sobrevivir y la de quienes perdieron la vida por intentar romperlo” (Eduardo Blaustein, Martín Zubieta).

El Proceso encontró consenso, y una buena parte de la sociedad silenció sus ideas y cerró los ojos aún ante los métodos que se percibían o se empleaban para terminar, como explicaban, con “la subversión” y que eran de represión y terror. Restablecer el orden para los militares significó ir mucho más allá que lo político.

“Las escuelas, las fábricas, las oficinas, las calles, las familias, eran ámbitos donde el principio de autoridad debía ser restituido y en esa tarea el gobierno encontró apoyo en amplios sectores que asumieron como propia la tarea de reprimir y ordenar (…) Los sectores populares fueron duramente golpeados, los cuadros de activistas gremiales o barriales fueron diezmados, las propias posibilidades de trabajo se redujeron con la profunda crisis de la industria, que implicó el retorno de muchos de los últimos migrantes y una modificación de la estructura ocupacional, los sindicatos fueron intervenidos y en general los trabajadores debieron vivir en un contexto fuertemente represivo, en el que cualquiera de los canales de expresión aparecían cerrados” ( Luis Alberto Romero).

Vivíamos en un país silencioso y aterrorizado donde cualquier reunión era sospechosa peligrosa. Desaparecían las personas, pero la indiferencia de muchos era corriente. Todos debemos hacer una reflexión desde nuestro propio interior. Las instituciones no quedaron afuera del silencio: entre ellos, muchos políticos, la Iglesia, los comunicadores sociales, los periódicos nacionales y canales de televisión. Pedían y delataban lo ocurrido las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La sociedad en general no se comprometía.

Recordemos algunas expresiones que nos demuestran el apoyo que tuvieron los militares: -“La violencia en todas sus manifestaciones preocupa a los militares hasta el grado tal que están dispuestos a asumir plenas responsabilidades en este agudo plano del quehacer nacional” (Tapa de La Nación, 13/3/76).

-“Prácticamente un noventa por ciento de los argentinos habla hoy de la proximidad de un Golpe de Estado” (La Opinión, 20/3/76).

-“Hay tranquila resignación en el Congreso frente a lo inevitable de los acontecimientos que se avecinan” (La Razón, 21/3/76); donde la única voz que se escuchó para denunciar el golpe y pedir la unidad, para evitarlo, fue la del dirigente radical Ricardo Balbín.

-“Argentinos de todos los rincones, civiles de todos los lugares, militares de todo el país, brigadieres y marinos, ¿para qué llegar a los últimos cinco minutos antes de la muerte? Desearía que los argentinos hoy, no empezáramos a hacer la cuenta de estos cinco últimos minutos” (Discurso televisado en cadena el 13/4/76, en donde el líder radical parafraseaba al poeta Almafuerte).

-Oscar Allende en el último discurso televisado de un político antes del golpe, el 24/3/76, expresó: “Los gobiernos militares son aliados de las multinacionales”.

-Luego del golpe el periódico Clarín (25/3/76) escribía: “Se abre ahora una nueva etapa, con renacidas esperanzas. Y, si bien el cuadro que ofrece ahora el país es crítico, no hay que olvidarse que todas las naciones tienen sus horas difíciles y que el temple de sus hijos es capaz de levantarlas de su ruinosa caída”.

-“Aparece claro que este movimiento militar no se puso en marcha contra ningún sector, no va contra el peronismo, como en 1955, ni contra la clase política, como en 1966. Los enemigos son solamente aquellos que han delinquido, ya sea desde la subversión o desde el poder” (Heriberto Kahn. La Opinión, 27/3/76).

-“Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores (…) agradecen al Gobierno Militar el haber puesto fin a un vasto caos que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que también agradecen la sobriedad con que actúan. De una etapa de delirios (…) la Argentina se abrió en pocos minutos a una etapa de serenidad de la cosa pública. Porque las nuevas autoridades demuestran un pudor, un recato, tan beneficiosos para ellos como para su relación con los gobernados” (La Opinión, 27/3/76).

-“Desde hace un tiempo diarios y revistas de todo el mundo sólo hablan del país para nombrar guerrillas, derechos humanos, terror. No hablan, claro, de la industria, o del campo, o del petróleo, o de los artistas, o de los científicos, o de los premios Nobel. Nos miran a través de un vidrio oscuro. Parcial, interesado” (Revista gente N° 580, 2/9/76).

-“La Biblia Latinoamericana encuadra dentro del plan establecido por el comunismo internacional, cuya doctrina es atea, perversa, sanguinaria… Ruego a los fieles que la destruyan y estimaría que las librerías y kioscos sorprendidos en su honestidad, devolvieran a su origen esos ejemplares que son un insulto a Dios” (Monseñor Ildefonso María Sansierra, Arzobispo de San Juan. La Razón, 5/9/76).

Releer el pasado a través de las fuentes, en este caso escrita, nos permite acercarnos al ayer y pensar cuántas responsabilidades tuvo la sociedad en el desarrollo de ese proceso oscuro y sangriento que vivimos entre 1976-1983.

La Plaza de los Derechos Humanos en Luján es el espacio que nos permite releer el pasado en forma continua a través de los nombres que nunca debemos olvidar. Otros espacios que recuerdan a las madres y abuelas de desaparecidos nos llaman a mantener vivo el repudio de aquella dictadura a la que se afirmó: “Nunca Más”. ¿Dónde estaban las autoridades locales que debían protegernos?

Luján además de desaparecidos, detenidos y represión tuvo dos símbolos visibles de este horror: el cierre de la Universidad Nacional de Luján y la toma del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, nombrando como director a un ingeniero que representaba el poder militar. El museo se convirtió en lugar de reunión y fiestas de los grupos militares y oficiales. La desaparición de objetos y armas que dio origen a voluminosos expedientes pronto se esfumaron de los ministerios provinciales, al igual que el inventario, que había comenzado a hacer en gran parte el profesor Héctor Felice, director del complejo antes del golpe militar. Luego reiniciado por los siguientes directores en la etapa democrática.

Olvido, desinterés, indiferencia… todo se unió en la trama de un período que no termina de cerrar, pero no debemos olvidar. La fecha que fue luego estudiada, repudiada, conocida, llegó a las escuelas, es parte de nuestro calendario, merece ser repudiada, interpretada, conocida. Vivimos desde 1983 en democracia. No hay mejor camino que este, el que nos permite expresarnos y cada dos años votar y en libertad pronunciar nuestras ideas.

Conocer los conflictos, las tramas más difíciles de la historia, las que no cerraron, las que mantienen las bisagras abiertas, es ayudar a que todos se sientan hacedores de la historia que se escribe diariamente y puedan opinar y crear las condiciones para superar lo que lo que nos falta ganar. Pasado para conocer, presente para construir, futuro para avanzar.

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María Teresa Tartaglia
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Lic en Historia. Docente. Ex Directora del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Ex Directora de Cultura. Investigadora. Publicó 8 libros sobre Historia de Luján y sus Instituciones. En preparación 3 investigaciones.

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