Reinauguración del Carlitos Fernández: «Nosotros queríamos cambiar el mundo»

El Centro Cultural del barrio La Loma se muda a la calle Almirante Brown. La reapertura estuvo cargada de emociones y sirvió de empuje para la militancia local.

Con los chaparrones del sábado por la tarde la militancia, familiares y amigos de Carlitos Fernandez se acercaron a Almirante Brown 429 para compartir la reinauguración del Centro Cultural que impulsa el Movimiento Evita, y que recuerda y homenajea a la figura del militante peronista detenido desaparecido de Luján.

La tarde se colmó de emociones en la casa en la que la familia Tessey vivió durante 18 años y ahora luce en sus paredes fotos, placas y cuadros que reflejan el trabajo militante, el compartir cultural y social.

«Nació el 20 de mayo de 1950, hijo de Alicia Casset y Alberto Fernández. Hizo sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal. Su compañera fue Estela, con ella tuvo a sus tres hijas: María Jimena, Rocío y Magdalena», reza la inscripción en la puerta del centro cultural atravesando la imagen dibujada de Carlitos Fernández.

El Centro Cultural y Popular Carlitos Fernandez quedó reinaugurado este fin de semana.

Durante las inundaciones de 2011 Andre Tessey, Agustina y Mercedes Torres volcaron su militancia al castigado barrio La Loma. De aquella experiencia surgió la necesidad de contar con un espacio físico en el barrio que sirviera de encuentro para vecinos y vecinas y pensaron que no debía ser únicamente partidario. De ahí la construcción de un Centro Cultural. De las charlas con María Jimena Fernández, hija de Carlitos y actualmente precandidata a senadora del Frente de Todos, conocieron la historia y no tardaron en bautizar así el espacio. Según recuerda Andrea, la primera inauguración también fue durante una tarde de mucha lluvia.

Tras una recorrida por las habitaciones que ilustran la lucha de aquella generación que continúa en la militancia contemporánea, el acto continuó con la proyección de un documental que refleja la vida de Carlitos Fernández. En primera fila se ubicaron las hijas del militante peronista, el intendente Leonardo Boto y les precandidates a concejales del Frente de Todos, Eva Rey y César Siror.

El trabajo de Carlitos, compartido junto a su hermano Gustavo, pasó por el barrio El Quinto y más tarde por los barrios Lanusse, Zapiola y Ameghino. Antes de su desaparición en agosto del 76, Carlitos había consolidado su participación política además de su rol como uno de los primeros docentes con los que contó la Escuela de Arte de Luján.

Bea Graffia reflejó, en su testimonio para el documental, aquellos años en la escuela Pipo Ferrari y sugirió una hipótesis hasta ahora poco difundida: una nota para una revista del diario Clarín donde participaron Carlitos Fernández como profesor y otros cuatro estudiantes que más tarde fueron desaparecidos, entre ellos estaban Ricardo «Palito» Palazzo.

María Jimena en la inauguración del centro cultural que homenajea a su padre.

Rocío, arquitecta y segunda hija de Carlitos, heredó su pasión por la cerámica y hoy se reencuentra con su padre a partir de un proyecto de vasijas. De él también recibió el nombre que, según comentó, viene de la zamba del Laurel de Armando Tejada Gómez. Magui, que no llegó a conocer a su padre, terminó de emocionar a la concurrencia a partir de interrogantes y sentimientos que la atraviesan.

La reconstrucción de la memoria es desordenada y está invadida por las emociones. «Hay huecos que están llenos de dolor», planteó Jimena antes de presentar el documental. Entre sus recuerdos se escucha el timbre que para ella significaba un posible reencuentro con su padre. «Me habían dicho que se había ido a trabajar a Mendoza y para mi en algún momento tenía que volver», compartió.

«En algún momento entendí que mi Papa ya no era mío, era de todos y todas», compartió Jimena antes de la proyección del documental. Así el nombre de Carlitos y tantos otros compañeros y compañeras hoy recorren espacios de la ciudad, ofreciéndose como ejemplo de militancia y compromiso. El acto terminó dando paso al convite que se extendió entre charlas y reflexiones. Una recarga de energía en tiempos intensos y una demostración clara de que hay sueños que no pasan de moda. Ponchi, amigo de Carlitos, lo resumió entre los pasillos del centro cultural «nosotros queríamos cambiar el mundo».

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