La UCR Luján tiene presidente y algo más. El acto político para que Fernando Casset tome la presidencia del Comité se llenó de gestos, presencias e intenciones propias de la nueva impronta. Acuerdos, consensos y política de cara a la intendencia. Fórmula Corea del Centro en medio de una alianza beligerante.

El viernes por la noche, en la asunción de Fernando Casset como presidente de la UCR, el radicalismo hizo gala de su estructura partidaria y gubernamental, se acomodó las solapas y puso una sonrisa pícara, mezcla rara de anfitrión con un toque de candidato. “Pasemos la fiesta en paz”, pareció el mensaje ambiente hacia propios y ajenos de la alianza Cambiemos, más allá que hubo lugar para muecas, murmullos y comentarios.

Fue así que la noche dio paso a la recepción de los más cercanos: la tropa vecinalista se mostró generacionalmente segmentada con el binomio concejal Héctor Artero y Alejandra Rosso por un lado, más Marcela Manno, quien queda desfasada en edad tanto para esta dupla como para los neovecinalistas: la secretaria de Gobierno Rita Sallaberry, el de Economía Ezequiel Artero (Arterito en los pasillos), el secretario privado del intendente Francisco Giaccaglia y la concejal María de la Paz Elías. La Unión Vecinal, perfil bajo mode on, se mostró como ese amigo con confianza y comodidad que conoce el convite, aunque asimismo en alerta de los discursos y gestos de los dueños de casa. “Digamos que también vinieron a ver qué decíamos, e imagino que se habrán ido conformes”, soltó un dirigente de la calle Mitre tras una jornada que tuvo varias menciones para “Oscar” y “los chicos de la Unión Vecinal”.

Algo para beber, algo para comer. Risas y sombrillas con sillas al rededor. Al fondo del patio, la parrilla con tubos medianos de carne y pan a la medida -choripanes, como se los conoce en diversos actos y encuentros- esperó el crepitar de las brasas, al compás de las corridas de los responsables de organizar los tiempos, las llegadas y hasta a la prensa. Todo preparado para que el meeting no falle. Con el vice Gobernador a la vuelta, el flamante presidente alistado y el resto de la clase política expectante, conveniente era no cometer errores.

Algunos de los radicales más visibles durante las idas y vueltas fueron el ex intendente Janito Rampazzi, Ricardo Curone (secretario de Salud), Carlos Patetta (director de Planeamiento) María Teresa Tartaglia (directora del Museo Udaondo), Carlos Gowland (director administrativo del Hospital), los históricos Fabián Migueliz y David Cusa, el ex responsable de Intermedias Ezequiel Pérez Naveiro, el ex delegado -echado por Néstor Luciani- Ignacio Wendler, el trío de ediles Curci Castro, Javier Casset y Carlos Pedro Pérez, la integrante del equipo de comunicación UCR Florencia Masci (y además subsecretaria de Prensa municipal) y la consejera escolar Hilda Colombo, entre otros con cargos y contrataciones en la gestión municipal. Digresión mediante, una típica relación de partido y gobierno, trasversalmente en el resto de las fuerzas.

Ya entrada la noche, los amarillos hicieron pie y Nicolás Quarenta apareció por uno de los laterales del salón para sorpresa de algún que otro vecinal que apostaba por un faltazo. Quieren bajarme y no saben cómo hacer, pareció sonar en los parlantes. “¿Cómo no va a venir?”, se preguntó un doble apellido radical. Casi como una representación política, justo por detrás de N40 se asomaba Héctor Griffini en una especie de sombra electoral de la que Quarenta intenta zafar. Días Alfieri -concejal y ladero PRO- prefirió los pasillos antes que el salón y su referente se trasladó a la primera fila de invitados junto a Oscar Luciani y el vicegobernador Daniel Salvador, entre otros protagonistas de la noche.

Minutos después, cuando el vice bonaerense comenzó su trayecto al escenario, pasó frente a Quarenta y éste se acomodó para saludarlo: “Él es Nicolás Quarenta, referente del PRO Luján”, explicó Fernando Casset con un aire de discovery político. Muchos se miraron: la presentación, por demás gentil, sonó a otra cosa y las manos se pusieron en las bocas para evitar que se vean las risas.

Las más de 150 personas que completaron el salón mostraron niveles dispares de comodidad. Pero el objetivo fue mostrar la casa en orden, máxime en una fecha con tintes festivos. Choripán y vino al márgen, un sector del la Unión Cívica Radical presente no pudo evitar las caras largas y se mostró alejado de la cocina política. Por su parte el PRO, todavía guarda un plato frío para servir cuando la oportunidad se presente, ya que la posición de los radicales ante el caso #BerlingoPRO de Quarenta -le pidieron la renuncia y se encargaron de difundir la exigencia- no cicatrizó. La Unión Vecinal, que no usó guantes ante el PRO y quedó notoriamente expuesta, completa una relación de tres siempre vidriosa y reparte patadas tanto a amarillos como a boinas blancas según quién y cuánto se meta en su territorio: el derpo municipal.

Casi a las 22.30 el flamante presidente de la UCR se puso frente al micrófono: “Nadie se va a equivocar confiando de nuevo en el frente Cambiemos en el 2019. Y donde vamos a construir otra vez con consenso, como pudimos y lo hicimos en 2011, 2013, 2015 y 2017, la mejor lista posible. Yo sé que hay ansiedades, yo sé que hay expectativa, sé que cada partido tiene sus pretensiones y son muy legítimas. Pero nuestras ansiedades tienen que ser otras: deben ser la de saber que hay gente de Luján que todavía tiene problemas que no le han sido resueltos, la ansiedad de saber que el mundo no empieza el diez de diciembre de 2019 sino que empezó antes y los problemas están ya y merecen nuestra atención de aquellos que tenemos responsabilidades políticas y públicas, hoy, ahora mismo”, abrazó equidistante y tomó la posición de un centro no siempre cómodo.

El término Corea del Centro explotó hace casi un año atrás y se viralizó en Twitter. Dícese de aquél territorio donde se mueven los que no quieren estar en grietas políticas o prefieren caminar por anchas avenidas. Por caso, viejos equilibristas. Y por allí anda Casset, quien juega hoy entre Moon Jae-in y Kim Jong Un, en una correspondencia de nombres donde definir quién es cada cual queda a criterio libre del lector/a que haya llegado hasta acá.

El centrismo cassetista es doble: por un lado a Fernando Casset le señalan constantemente “tibieza”. Lo hacen propios -muy propios del partido- y cercanos -muy cercanos en su alianza- que le marcan poco rigor en cuanto a las decisiones contra la oposición en su rol institucional. Ahí recibe misiles internos y duras críticas. Pero además es receptor de los dardos peronistas, “incompatibilidad de cargos” o señalamientos de su desempeño, mediante. Por otro lado y al mismo tiempo equilibra en otra tarea, quizá la más demandante: mostrarse con ecuanimidad entre las disputas más virulentas de vecinalistas y PRO, además de erigirse con la capacidad de dar un ordenamiento lógico a la alianza a partir de un discurso trabajado, conciliador y a tono con su parsimonioso caminar.

Aunque pesado, el saldo no debe ser negativo y el premio a futuro puede ser grande: volver a sentar a un radical en la intendencia después de 35 años. Resultadistas aparte, Casset aplica -y mantendrá hoy más que nunca- la política entendida en torno a una agenda propia de acuerdos en contextos de tensión. Obvio pero no siempre implementado, es aquí donde se requiere todavía más calma entre las grietas de diversos procesos camino a lo electoral. Como sucede en estas alianzas, la insatisfacción de las expectativas entre los distintos actores se vuelve constante dando paso al conflicto por el poder. Y ahí de nuevo la política y sus tiempos. Los de Casset.

Antes ya había pasado Julián Curone, Carolina Rossi y Alexis Hasen, autoridades salientes y entrante respectivamente. La ex presidenta relató los trabajos hechos en su gestión pero también exhibió pasajes claros de una convivencia partidaria que no resultó para nada sencilla en su mandato. A la expresión “no debemos hacer políticas para estar cómodos, para tener puestos por tenerlos, para tapar o aguantar cosas que están fuera de la ley: debemos hacer política para modificar todo eso”, siguió “somos el partido que lucha contra la corrupción, somos esa UCR”, algo que ya había mencionado pero que remarcó con nervios y ansiedades propias de quien está diciendo algo incómodo. Antes, el imberbe dirigente que comandará la Juventud Radical entregó una de las mejores performances en oratoria y dejó una vara alta a la hora de mostrar seguridad y discurso coucheado o ensayado. Anote, anote.

Pero entonces, de nuevo Casset: “Que discutan de candidaturas los otros, ojalá discutan de candidaturas los que están en frente así se dejan de pensar cómo nos obstaculizan la gestión. Que piensen ellos en sus candidatos, nosotros tenemos la responsabilidad de gestionar, de gobernar. Ya discutiremos, ¡no va a ser fácil! Ya discutiremos nosotros pero lo vamos a hacer sabiendo que antes nos habremos puesto de acuerdo sobre lo esencial de qué debe hacerse en Luján y sobre el compromiso de cada uno de los partidos de eso que debe hacerse en la ciudad: este es el aporte que nuestra gestión quiere hacerle al frente Cambiemos, pensar en el 2019 cómo una vez más podemos ser vencedores”.

El bipresidente -Concejo y UCR- dejó paso a Daniel Salvador, quien con dificultad intentó teorizar sobre las tarifas, la provincia, la democracia y el populismo. Una ensalada que en un mismo plato puede resultar forzada e inverosímil: así sucedió para el vice gobernadror. Después las fotos, las preguntas de rigor y todos hacia los tablones de la parrilla. Un guitarrero puro coraje esquivaba grupitos de comensales y cantaba a los gritos para hacerse oir. La rosca nunca llegó a niveles considerables y la política avanzó por otros medios en un clima de fin de año donde mejor no andar con peleas. Para eso habrá tiempo en 2019. Mientras, el radicalismo amigo está en marcha.

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Fotos: Julieta Brancatto

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