Foto: Julieta Brancatto

Tras la fachada de una casa de ladrillos a la vista y sobre la calle Ituzaingó se encuentra el Centro Cultural Eiti Leda, un lugar especial en donde los vecinos de Luján pueden elegir entre una gran variedad de clases para tomar, desarrollar sus talentos artísticos y disfrutar de atractivas propuestas culturales.

“A este lugar vienen tanto niños de cuatro o cinco años a iniciarse en la música como adultos mayores a descubrir un potencial artístico que nunca explotaron”, aclara Marisa, que junto a su hijo Santiago y la Comisión Directiva de Eiti Leda se encargan de llenar la grilla de horarios del centro cultural, en donde se pueden tomar desde clases de yoga, baile, zumba, instrumentos varios y sesiones de masajes, entre otras.

En las clases se trata de abarcar la mayor cantidad de aspectos didácticos posibles. Por ejemplo, en el caso de las disciplinas musicales en niños, los profesores combaten un poco “el ego artístico” para lograr que todos los alumnos compartan sus creaciones entre sí. De esta manera, el trabajo en el aula se ve amplificado y los chicos crean piezas artísticas únicas, algo que no ocurre en cualquier escuela de música.

Lo mismo ocurre durante los espectáculos, durante los cuales la organización trata de romper con la relación tradicional de artista – espectador y se le da un lugar más protagónico a este último. Un claro ejemplo de esta metodolología fue la fiesta retro que tuvo lugar la semana pasada en el centro, en donde los asistentes podían elegir entre disfrazarse acorde a las décadas de los 60, 70, 80 u 90, hubo karaoke y cantina popular vegana a precios accesibles. Este tipo de eventos no son muy comunes en Luján y buscan dejar de lado el concepto de centro cultural como un lugar donde el asistente se limita a escuchar o ver.

De esta manera, Eiti Leda logró captar la atención de un cierto tipo de público que ya se convirtió en un habitué del lugar y se acerca todos los fines de semana a ver presentaciones en vivo y disfrutar de su gastronomía. Si bien no abre en un horario de trasnoche, Eiti Leda recibe a aquellas personas que quieren cenar y compartir un buen momento con amigos y conocidos antes de emprender el camino hacia algún bar o boliche local.

Foto: Julieta Brancatto

La cantina ofrece hamburguesas y choripán, así como también un menú vegano. Los precios son populares y la organización del lugar está trabajando para incluir también un menú sin TACC para celíacos.

A pesar de estar abierto apenas desde febrero de este año, en el centro cultural trabajan un total de 13 personas, dedicadas a distintas disciplinas. El espacio está totalmente autogestionado y cuenta con una Comisión Directiva que se reúne cada un determinado lapso de tiempo para tomar decisiones sobre horarios, equipamiento y otros aspectos organizativos fundamentales. “La idea también es hacer valer el trabajo de la gente que se dedica al arte y pagar sueldos acordes”, explica Marisa y añade: “Si bien no somos una cooperativa como tal, tomamos varios métodos del cooperativismo para financiarnos”.

En términos económicos, Eiti Leda utiliza un sistema de socios para lograr ingresos mensuales que ayuden a pagar los gastos fijos del lugar (alquiler, luz, agua, gas, entre otros). De este modo, la Comisión Directiva cuenta con un registro de socios entre los que se encuentran varias empresas locales, a las que también se les vende una publicidad.

Por su parte, el nombre del establecimiento fue claramente elegido por la canción de Serú Girán. Marisa y Santiago afirman ser grandes admiradores de Charly García. A la hora de nombrar al centro cultural pensaron seriamente la opción de colocarle el nombre del artista, hasta que se comunicaron con su hermano. Él les recomendó que se ahorren los problemas legales con el representante del músico y mejor elijan el nombre de una canción suya, y así fue como nació el Centro Cultural “Eiti Leda” como tal.

Foto: Julieta Brancatto

Pero el nombre del espacio fue solo el primer obstáculo legal a sortear por Marisa y Santiago. Luego vinieron los trámites para poder darle una habilitación correspondiente al lugar. El concejal Silvio Martini se encargó de todo el papelerío y es así como actualmente Eiti Leda está abierto al público y habilitado para brindar clases y espectáculos de diversa índole.

Las instalaciones del lugar son las que se pueden encontrar en cualquier casa. Si bien los eventos se realizan en un galpón que está apartado de las habitaciones y que tiene espacio suficiente como para alojar a bastantes espectadores, las clases se dictan en las habitaciones del lugar. Es así como, por ejemplo, podemos encontrarnos con que en una habitación se está dando una clase de yoga y en otra una de guitarra. Todo funciona como un conjunto.

Marisa aclara que no fue fácil encontrar un lugar que reúna todas las características necesarias para ejercer la función de centro cultural con comodidad. “Si bien estamos pagando un alquiler un poco elevado, estamos conformes con esta casa porque nos brinda todo lo necesario para organizar nuestras actividades con un cierto confort”, argumenta y agrega entre risas: “De todas formas, con el tiempo que paso acá ya puedo considerarla como mi segunda vivienda”.

Foto: Julieta Brancatto

Y esto es cierto, ya que Eiti Leda abre literalmente de sol a sol. Hay días en los que Marisa y Santiago abren a las ocho de la mañana y cierran a las 10:30 de la noche. Es un trabajo que requiere mucha dedicación pero que aun así ambos coinciden en que es demasiado gratificante.

Es así como Eiti Leda cubrió un nuevo espacio en la agenda local como centro cultural y social. Todos los días sus puertas se abren para recibir a una variada oferta de alumnos y espectadores que se van con una sonrisa y habiendo adquirido nuevos conocimientos, así como también recibe a personas que buscan propuestas culturales en una ciudad con una oferta reducida.  

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