En el marcado de la Emergencia Sanitaria se abren interrogantes sobre la educación y la suspensión de las clases en todas las universidades. Patricio Grande, docente universitario, acerca la mirada de la Lista Naranja y Roja de ADUNLu.

Contexto universitario ante la pandemia y el aislamiento

Frente a la suspensión de las clases en todas las universidades, en el marco del “aislamiento social preventivo y obligatorio”, las autoridades universitarias resolvieron la virtualización forzosa (al menos en los hechos) de las tareas docentes. Es importante señalar que esta repentina decisión fue tomada de manera unilateral por los rectorados. Es decir que, sin siquiera convocar a paritarias (nacional y luego por universidad), en plena cuarentena y en un tiempo récord las y los docentes fuimos instados a convertir nuestras clases presenciales en virtuales.

De manera inconsulta nos asignaron nuevas tareas y formas de trabajo que implican profundas alteraciones en las condiciones laborales, mayor precarización, nuevos controles laborales y una sobrecarga de tareas. Nuestro Convenio Colectivo de Trabajo en su artículo 30 establece que el empleador “debe abstenerse de disponer modificaciones en las condiciones o modalidades de la relación laboral”, así cualquier tipo de modificación debe tratarse en los ámbitos paritarios.

Los recientes resultados de las encuestas realizadas por sindicatos como ADUNLu, ADUNC (Comahue), UNM (Moreno), ADUNaM (Misiones) o el Plenario de Secretarías Generales de AGD-UBA, muestran como la mayoría de las y los docentes encuestados consideran que: su asignatura no puede desarrollarse de manera virtual; que no cuentan con la formación necesaria para desarrollar el contenido virtualmente; que en el contexto de aislamiento obligatorio se encuentran a cargo de hijos/as en edad escolar y/o de adultos mayores; pero que, sin embargo,están llevando a cabo tareas que no producen sino una alienación enorme; que un alto porcentaje de los/as estudiantes tienen diversos problemas para continuar con el desarrollo de las tareas académicas; y que, además, consideran oportuna la modificación o readecuación del calendario académico 2020.

Si algo queda claro en todo este proceso es el enorme compromiso con la enseñanza y la gran voluntad de trabajo de lxs docentes. En todo este tiempo de aislamiento y angustia generalizada, hicimos grandes esfuerzos para mantener la comunicación y el vínculo con nuestros estudiantes.Venimos atendiendo consultas, facilitando materiales, haciendo de sostén emocional en muchos casos. Porque entendemos que es impostergable la tarea de combatir la expulsión del sistema universitario a la par que defendemos nuestros derechos laborales.

Con la virtualización de las clases también se produjo una modificación en los regímenes generales y en los planes de estudio de las distintas carreras de grado y pre-grado. Modificaciones que, por más carácter “transitorio” que puedan tener, no fueron consultadas/discutidas con las organizaciones y representaciones estudiantiles.
Al mismo tiempo somos conscientes que es necesario comenzar a problematizar este tema desde una perspectiva política, ideológica y pedagógica más amplia, incluso más allá del ámbito universitario. Colocar esta problemática en el marco de un proyecto capitalista y neoliberal pergeñado desde hace décadas por diversos organismos multilaterales. Sin dudas, la situación provocada por el COVID-19 resulta para estos organismos una extraordinaria oportunidad para ensayar estos proyectos globales.

Sin embargo, entendemos que no se trata de asumir una posición que busque negar el desarrollo de las fuerzas productivas y la utilización masiva de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Pero sabemos que ningún desarrollo tecnológico se aplica u opera sobre un vacío social. Por eso, vamos a sostener la defensa de nuestras condiciones de trabajo, enseñanza y aprendizaje en la universidad pública.

En la UNLu

En la UNLu las autoridades resolvieron de manera unilateral, es decir por fuera de toda instancia de negociación paritaria, “la continuidad pedagógica” del cuatrimestre a través a la realización de actividades y clases virtuales. En ese marco, como integrantes por la minoría de la Comisión Directiva de ADUNLu, entendimos que el rol del sindicato era asumir una posición crítica frente a esta situación, en pos de resguardar las condiciones de trabajo, enseñanza y aprendizaje.

Esta posición se plasmó en una declaración del gremio (27/3) donde se advertía sobre las enormes dificultades (para docentes y estudiantes) e imposibilidades para garantizar la “continuidad pedagógica” a través de la virtualización.

También en esa declaración desde ADUNLu alertábamos que no existen las condiciones de posibilidad (materiales, psicológicas e inclusive en muchos casos tecnológicas) para “evaluar”. La “evaluación”, en este contexto concreto, se transforma en un acto por fuera de la realidad.Tampoco estamos en condiciones de someternos a las múltiples exigencias que imparten las autoridades. Por el contrario, manifestábamos que “nos parece fundamental mantener el intercambio con los/as estudiantes, responder a sus diversas consultas o inquietudes e informarlos de lo que sea necesario, pero con la tranquilidad que estos tiempos de enorme incertidumbre requieren y a la espera de un pronto y deseado retorno a las aulas que nos encuentre con una real posibilidad de evaluar alternativas de continuidad”.

Sin embargo, desde el gobierno de la universidad no se reparó en todos estos reclamos y señalamientos. Por el contrario, fueron atacados en las redes sociales y las autoridades continuaron con una línea de reforzamiento sobre las decisiones tomadas previamente, sin siquiera considerar la posibilidad de una futura reprogramación integral del calendario académico 2020, cuando estén dadas todas las condiciones y garantías sanitarias.
Ello generó una situación absolutamente dispar y desigual al interior de las distintas unidades académicas, asignaturas, equipos docentes y entre lxs estudiantes. Esto, insistimos, a pesar del enorme esfuerzo, la voluntad de trabajo y la sobrecarga laboral del colectivo docente.

Ante esta situación, el 16/4 a través de una nueva Resolución Rector (s/n) la UNLu resolvió:

“Garantizar que el cuatrimestre en curso se va a desarrollar contemplando todas las modalidades que resulten necesarias para dar cumplimiento a los objetivos de cada actividad académica, incluyendo espacios de presencialidad en los casos en que ello sea evaluado como necesario, una vez culminado el período de aislamiento señalado; Establecer que para dar cumplimiento al artículo 1º de la presente resolución se deberá readecuar el calendario académico del presente año; Convalidar todas las acciones que se desarrollan mediante la modalidad no presencial, incluyendo instancias de evaluación, adoptadas por el docente responsable de cada actividad académica y avaladas por la Unidad académica correspondiente”.

Entendemos que esta reciente resolución, si bien al menos contempla otras realidades como la necesidad de garantizar espacios de trabajo presencial junto a una readecuación ¿parcial? del calendario académico, contiene una cantidad de contradicciones, tensiones e incertidumbres.

Ante ello nos preguntamos: ¿Es posible un proceso masivo de evaluación y acreditación en estas condiciones de emergencia? ¿En qué consiste la readecuación del calendario académico? ¿Será sólo parcial y segmentada? ¿Será total? ¿De ambos cuatrimestre? ¿En qué condiciones se está desarrollando el trabajo docente? ¿Cuántos estudiantes pueden continuar el cuatrimestre? ¿Cuáles son las condiciones de estudio? ¿Es posible que estas decisiones queden libradas a lo que cada equipo docente pueda resolver? ¿Es posible garantizar la excelencia académica bajo estas condiciones? ¿Qué sucederá con la readecuación de las asignaturas masivas y con aquellas que tienen trabajo de campo obligatorio? ¿Se buscará estandarizar las evaluaciones? ¿Habrá presiones sobre aquellos equipos que no puedan evaluar?¿No se quiere, acaso, construir una especie de “normalidad” académica que se deshilacha a diario por imperio de la realidad?

Frente a este escenario de incertidumbre nos parece sustancial profundizar el debate democrático/horizontal al interior de los equipos docentes, llamamos a que ADUNLu se transforme en organizador, catalizador y dinamizador de estos necesarios debates en defensa de nuestras condiciones laborales, de enseñanza y aprendizaje y de la universidad pública. ADUNLu debe asumir una clara posición en defensa de nuestros derechos, sin ambigüedades. También es fundamental, colectivamente, ir consensuando acuerdos en el marco de la excepcionalidad del contexto rechazando siempre la posibilidad de confundir la excepción con la formación a distancia.

En esta línea, nos parece interesante recuperar las recientes reflexiones del maestro Orlando “Nano” Balbo, Doctorado Honoris Causa de la UNLu:
“El proyecto neoliberal de la educación a distancia nació en la década del 70, donde ya la Universidad de Luján hizo una carrera de Licenciatura en Educación a Distancia. Después, se vino abajo y se replegaron. Volvió con el neoliberalismo en los 90, con la Ley Federal de Educación, y tuvieron que replegar. Se opusieron los sindicatos. (… ) [Hoy] Están sacando a la luz viejos proyectos, porque una plataforma digital como “Tu Escuela en Casa” no se hace de la noche a la mañana. Son esos viejos proyectos que ahora tienen consenso. Lo peor es que le dan consenso nuestros sindicatos. Ahora, se vienen las plataformas digitales; la uberización de la educación. ¡Nos va a manejar un algoritmo! De esta manera, se sigue debilitando el debate pedagógico en la educación. Ese nuevo rol del docente, esa nueva actividad reducida a un monitoreo, apunta a generar un nuevo sujeto docente” (La Tinta, 2020).

Además reclamamos que la UNLu convoque a la paritaria particular para discutir cómo continuar en esta emergencia; otorgue las licencias de manera inmediata contempladas por los decretos y resoluciones en el marco de la pandemia; nos oponemos a la virtualización y evaluación forzosa y a toda exigencia laboral por parte de las autoridades en este contexto de emergencia sanitaria y aislamiento obligatorio. Creemos que es el tiempo de colocar todos los recursos de las universidades al servicio del pueblo para frenar esta pandemia y proteger el bien más preciado: ni más ni menos que la vida de millones.

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