A un año de la derogación de la ordenanza que le daba el permiso a Araucaria Energy para instalarse en Luján, familias, militantes y políticos se encontraron para brindar. Desde Ladran Sancho aportamos una mirada que trasciende a la termoeléctrica y pondera a una comunidad movilizada.

Todavía quedan cosas por decir en el caso de la termoeléctrica. Aquí (y ahora) no gastaremos líneas en describir un proceso paupérrimo y decadente de unos empresarios oportunistas y de funcionarios mentirosos. Hoy la empresa está funcionando por un permiso “provisiorio” del OPDS, en una zona prohibida porque el Concejo no le concede el uso de suelo. La oposición política, en un permanente uso de la falta de quórum, trabó la consumación local de un compendio de errores y arbitrariedades del gobierno, por lo que legalmente todo está como antes: Araucaria Energy opera sin permisos normativos. Por otro lado, el intendente podría pedirle a la gobernadora que solucione la cuestión, sin embargo no lo hace. Así pasó un año. Y llegó el brindis.

Muchos y muchas se preguntaban “¿qué festejan?” ante una empresa que se encuentra produciendo energía. El análisis solo puede ampliarse si se toman otros conceptos del camino organizado. Las disputas colectivas, afrotadas entre pares, otorgan momentos de un compartir que trasciende el propio problema. En este camino, los aprendizajes y valores adquiridos se cuentan concretamente.

Hoy existe un grupo de vecinos y vecinas el cual hizo su experiencia con el gobernante de turno y esto no es un dato menor. Los medios no tuvieron que contarles que Marcelo Gutiérrez mintió, o que Carlos Patetta cambió de parecer sin explicaciones. Tampoco hizo falta que las noticias expongan que Oscar Luciani mira a los ojos a la ciudadanía y miente, o que debido las presiones no toma otras decisiones. El intendente y sus funcionarios expresan falsedades en la cara de familias afectadas y estas mismas personas, vecinos de a pie, lo vivieron durante un año.

La torta de cotillón y una frondosa picada aportada por un propio vecino afectado por la llegada de Araucaria Energy fueron parte de una escenografía que se completó con vecinas, militantes y políticos. Los periodistas también fueron parte. El proceso de cobertura mediática resulta otra experiencia en carne propia: silencios, tergiversaciones y operaciones fueron protagonistas en el año. Las familias que reclaman, y el colectivo que se comprometó en la causa, también lo saben con más nitidez ahora: conocen de primera mano que funcionarios y responsables de la empresa bajaron a Luján para repartir algunos billetes a quienes se camuflan en la actividad periodística. Y que, hasta algunos, tomaron la “tarea” de gestionar reuniones.

Como complemento y contracara, otros actores vecinales que también llevaron adelante la pelea ante un negocio que no tuvo miramientos con la ciudad, se convirtieron además en aportantes solidarios de nuestro medio y llegaron hasta asistir al lanzamiento de nuestra cooperativa. La comunión de un sector movilizado con quienes reflejamos periodísticamente una pelea tan desigual como justa hizo nacer vinculaciones positivas de este tipo. Más cuando la publicidad de Araucaria Energy no tuvo lugar por estas páginas.

La comunidad contra la termoeléctrica comprendió, con los pies en la calle-fiscalía-municipio-, que a quienes circunstancialmente están en política hay que comprometerlos, presionarlos, exigirles. La aplastadora vida cotidiana no siempre permite esto: estar, reclamar, pedir.

El día a día no alienta a la participación de la comunidad, sin embargo -y en lo posible- el proceso de reflexión y reivindicación de los propios derechos de vecinos y vecinas hizo pasar al frente a quienes no habían tomado nunca un cartel en sus manos o tal vez hasta renegaban de “la política”. Una palabra que goza de mala prensa cuando la organización va en contra de los intereses de los que más tienen. En esto claramente emergieron referentas que impulsaban denuncias y festivales, hacían caravanas, redactaban notas, se reunían con abogados, gestionaban recursos, armaban flyers o repartían volantes. Política pura.

También, a modo de ejemplo, se intentó comprometer al Defensor del Pueblo de la Provincia, quien demostró no estar a la altura. Así y todo, muchas acciones con este funcionario sirvieron para generar la respuesta que tanta luz trajo al tema: “No tiene los planos aprobados”, soltó Luciani ante una consulta de Lorenzino. Dicha frase nació luego que vecinas y vecinos recorrieran cielo y tierra para ser atendidos en provincia. Así también avanzaron hasta pedir el involucramiento del Colegio New Zealand Pacif Schooll, institución que fue borrada del Estudio de Impacto Ambiental pero no emitió palabra.

Como si faltaran lugares, de igual modo estuvieron para escuchar lo que la Universidad Nacional de Luján le decía a todo el gobierno de Oscar Luciani: “Esto que nos piden no es un Estudio de Impacto Ambiental”. Igualmente con total descaro, todo Cambiemos sigue sosteniendo que las opiniones de las otras universidades son Estudios de Impacto Ambiental; así de falso todo. Posta, como dicen los pibes y no tan pibes. El compromiso del intendente de hacer intervenir universidades -por si faltara aclarar- fue arrancado por las propias vecinas.

El grupo que batalló contra la termoeléctrica conoció también la tenacidad y coherencia de Elena Álvarez, a quien con años de experiencias y algunos achaques propios de la edad, nada le impedía atropellar puertas en el Concejo y gritar cuanta injusticia se hacía desde las bancas. Fallecida hace unos meses, ayer estuvo en el recuerdo de varios.

Hombre y mujeres vivenciaron que la tarea de frenar embates y negociados se lleva adelante también con complejidades y contradicciones a flor de piel. El sector político peronista, el vecino de clase media, el sindicalista y hasta el ambientalista compartieron (no sin tensiones) un camino que -quizá- se debió transitar con más política todavía. A modo de pensamiento, la falta de un eje ambiental  y la baja intensidad de un apoyo político amplio, comprometido y consecuente por parte de todas las fuerzas y organizaciones políticas y sociales, quedaron en el debe a superar y tomar en cuenta.

Pero en definitiva, luego de un año de pelea evidentemente ya se sabe qué festejan. Después de tiempo y dinero invertido, de militar una causa -quién lo hubiera dicho-, de tomar la palabra en público y salir por los medios a denunciar, de arrinconar a un concejal por la bronca de las injusticias, de poner el cuerpo ante una patota alquilada vía empresa y Cambiemos… Después de todo eso y muchas cosas más, lo menos que podrían haber hecho vecinas y vecinos es levantar una copa y decir ¡salud!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, dejá aquí tu comentario!
Ingresá tu nombre