¿Qué es la calle?

Matías Llanos
Matías Llanos
Arquitecto, desarrollador inmobiliario y docente universitario

La calle es el espacio urbano de circulación de las personas y cosas. Comúnmente estamos en la creencia que la calle es solo por donde circulan las motos, automóviles o colectivos. Y que cordón de por medio, comienza la vereda (o acera), aunque esto NO ES ASÍ!

Veamos por que.

La calle está conformada por la calzada (por donde circulan los vehículos) más la acera (donde circulan peatones), es decir, la calle es todo el espacio en su integración.

Miguel Jurado expresa en la Revista de Urbanismo “Café de las Ciudades” que: “En la Edad Media se usaban pisos de ladrillo o piedra o grandes entablados de madera en algunas ciudades europeas para que los transeúntes no pisaran el barro o los excrementos de los caballos. Con el incremento del tránsito de cabalgaduras y carruajes, crecieron los riesgos de atropellos y la acera fue cobrando mayor importancia. Durante todo el siglo XX, la vereda disputó en desventaja el espacio de la calle con el auto pero siempre tuvo el privilegio de ser considerada un espacio público, junto con las plazas y acompañada por los frentes de los edificios”.

Es decir, que la vereda (o acera) es la consecuencia de la resolución de un problema espacial: se produce a los fines de evitar que los peatones sean menoscabados en su circulación por el barro y el estiércol y luego como espacio de protección contra los automóviles; resultando interesante su conexión con la plaza, como espacio público de expansión, diversión, deporte y vida comunitaria.

Sentado ello es inevitable destacar que el término “calle” cuenta con otras significaciones.

Así con el desarrollo de la sociedad moderna, este espacio fue tomando otros usos y con ellos, otras connotaciones y características. Por ejemplo, en política se suele hablar de “ganar la calle”. En el presente escuchamos con frecuencia en lenguaje coloquial que “después de ciertas horas no se podía andar por la calle” y en un pasado no exento de añoranza se dice que “andábamos con total seguridad por la calle”. Es habitual también referirnos a la “calle” como sinónimo de sabiduría o experiencia al decir  “este pibe/a tiene mucha calle”, de hecho, varios nos atribuimos habernos criado en la calle.

Como arquitecto cuando visito otras ciudades he incorporado la práctica de agudizar la observación, de ir leyendo los espacios. Miro las casas, si tienen patios en sus frentes o no, si los jardines tienen flores y cuáles son los perfumes de esas flores, como están decoradas las vidrieras de los locales comerciales, que luz aplican para exhibir los productos que ofrecen; miro los cafecitos, si tienen mesas afuera, o no. Si hay flores o plantas que hagan un escenario más ameno para compartir un momento. Y sin duda analizo el espacio de las ignoradas veredas, que textura tiene el piso, de qué color son, si reflejan la luz o no, cuan difícil de limpiar son, si hay espacio para poner la bicicleta sin interrumpir la circulación, si son anchas y espaciadas, o súper acotadas. Si tienen árboles, analizo que sombra dan, que color tienen sus hojas, si ellas cambian de color en otoño hasta caer, si sus raíces rompen el piso, como si nuestras abuelas podrían transitar por ellas sin dificultad.

En Luján recuerdo que contábamos en líneas generales con otra calidad de veredas. El centro comercial es un desastre, sus veredas están rotas, desparejadas en sus niveles, tienen buracos que atentan contra los peatones, están llenas de carteles que obstaculizan el paso y la visión, hay motos arriba de ellas, hay caños que pierden agua, tapas que parecen estar a la espera del tropezón.

Reglamentariamente la obligación de mantener el estado de la calzada, es del gobierno municipal. Pero la obligación de mantener la vereda, es del frentista.

Es frecuente que se dé a publicidad cuando algún funcionario inaugura el mejoramiento de  cordones pintados de amarillo, rotondas con mejoras de mantención de plantas e iluminación. Está bien, hasta ahí llega la obligación del gobierno municipal. Pero recibimos con agrado cuando aparece alguna senda, sea peatonal en parques y plazas, como en avenidas.

Pero ¿Y las veredas? ¿Por qué hay tan pocos vecinos que cuidan sus veredas? ¿Por qué los comerciantes tienen en estos estados sus veredas? Me cuesta entender esa desidia y falta de responsabilidad. Si el objetivo es que los potenciales consumidores ingresen al local porque razón se hace todo lo posible para evitarlo. Si la vereda del local tiene baldosas rotas, agua, caño de aire acondicionado, caca de perro, bolsa de basura, ese peatón está más ocupado en sortear estos obstáculos que en mirar la vidriera o disponerse a ingresar al local. Por eso, muchos preferimos ir a un shopping comercial, porque da placer andar caminando por ejemplo por un espacio en armonía, con plantas y agua que cae suavemente de la fuente. En un espacio estoy en alerta, en el otro, estoy disfrutando de las sensorialidades que me ofrece.

Si fuese comerciante, sin lugar a dudas tendría en las mejores condiciones posibles a mi vereda, le pondría algunas flores o plantas que mejore el paso por ahí, tendría una linda iluminación nocturna para que la gente sepa que no solamente estoy en horario de comercio, sino que también quiero y participo de una mejor ciudad.

Si hubiera mejores veredas, no solamente podría ir con mi abuela a tomar un helado y pasear sin riesgo alguno de que haya baldosas rotas, agua con verdín o desniveles entre veredas. Sino que tomaría más cafés, me compraría el buzo en el local de aquel conocido o los zapatos en cuotas del local de mi cliente. Andaría más por esta ciudad, y seguro a algún amigo le comentaba alguna novedad sobre algo que no compre, pero él sí lo hará y ahí habrá una oportunidad y un ingreso y será reinvertido en aquella calle nueva que necesita aquel vecino que está cansado de pisar el barro cuando llueve o la tierra que vuela y se le mete en la casa por su ventana.

Mientras no salga de los vecinos mejorar sus veredas, y el municipio no exija (tiene la potestad) que la mejoren, ese frentista está en inferioridad de lucha frente al shopping o el barrio cerrado. A su comercio no ingresaré a comprarle y su casa tendrá un menor precio.

¿Saben qué es lo que quiere la gente? la gente quiere un espacio donde estar fuera de peligro, como aquellos que pusieron los durmientes para no ensuciarse de la bosta de caballos. La gente quiere estar en un café sin que le pasen rápido con un auto por al lado, quiere caminar bien, sin tropezarse. La gente quiere que sus hijos anden en bici, que jueguen a la pelota en la calle, que en esos pequeños espacios de tierra se juegue a las bolitas, que no haya ladrones que le hagan daño. La gente quiere un espacio de armonía, que esté iluminado, que huela rico, que se pueda expresar en una marcha política con sus banderas, que pueda sentarse a tomar un mate y contar anécdotas. La gente quiere enamorarse en la vereda, quiere charlar con los amigos, con la vecina y regalarle una flor, contar el chisme del carnicero, contarle que la verdulería baja los precios respecto a la otra de la otra cuadra. La gente quiere salir a saludar a los bomberos en su día y poner sus globos rojos. Porque todo eso, solo pasa en la ciudad.

Yo no quiero ir al shopping, no quiero vivir en un barrio cerrado donde no hay veredas.

Yo quiero que todos vivamos en la ciudad, que andemos en la vereda, quiero ver a los peques aprendiendo a andar en bici y animarlos a que quiten las rueditas. Yo quiero una mejor ciudad, una ciudad más linda para poder andar mejor.

Ojalá estas líneas sirvan para que solo un vecino pueda pensarlo y poner una planta que de una flor, por lo pronto noto que ya hay 4 cafecitos que tienen buenas veredas. Por mi parte, como arquitecto que interviene esta ciudad, en todos los trabajos que puedo ejecutar soy un ferviente cuidador de la vereda. Este simple solado, es por donde camina la ciudad. Debe ser lo más liso posible, debe ser fácil de limpiar, no resbaladizo, y encima debe tener una textura y color que tenga que ver no solamente con el edificio/casa en cuestión, sino que además con la ciudad.

Con mejores y continuas veredas, mejor ciudad, y con mejor ciudad: mejor ciudadanía.

¿De quién es la vereda? La vereda es de TODOS!

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Matías Llanos
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Arquitecto, desarrollador inmobiliario y docente universitario

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