¿Por qué contra la cultura?

Patricia Bisso
Patricia Bisso
Licenciada y profesora superior en sociología UBA. Música, docente y gestora cultural. Fundadora y coordinadora de la orquesta El Ombú y de la Orquesta Municipal de Tango. Trabaja desde hace 20 años en la enseñanza de música orquestal en la región.

La respuesta es fácil de resolver si uno tiene ya varias décadas caminando por estas tierras, y ha aprendido algo de historia de nuestro país y de la región, que hasta puede tener un aire de ”vení que te explico” pero, qué mal suena. Y como al estilo tanguero… pero bueno… es triste la realidad que volvemos a vivir una vez más, en una suerte de abismo acrecentado porque ya no se guardan las apariencias, y lo real y espantoso es ese ataque sistemático a la cultura, a las personas y a los espacios que la hacen posible.

Si pensamos a la cultura de un pueblo, de una sociedad; sus modos de expresarse, de ver el mundo, de percibirse y percibir su identidad, es lo que nos hace ser quiénes somos. De este modo nos remitimos directamente a la memoria, la memoria colectiva de un pueblo, que no es otra cosa que la memoria que se construye de generación en generación, como legado, como tesoro.

En ella estamos nosotros de más jóvenes, están nuestros padres y madres, nuestros abuelos y abuelas, los antepasados y los distintos tiempos que llevaron a constituirnos como pueblo, Estará en lo que proyecten nuestros hijos e hijas, y en el tiempo que les toque vivir. Es una multiplicidad de voces, de expresiones, de visiones del mundo que rodean nuestras vidas. Y esas voces es preciso que convivan, que interactúen, conjugando sonidos, colores, imágenes, movimientos, sabores y recuerdos.

Eso es lo maravilloso de la cultura. El poder reconocernos en ella. El poder sorprendernos en ella. El poder proyectarnos por ella. Es poderosa, claro que sí. Nos da fuerzas, ánimo, desafío y nos brinda la posibilidad de mirar para atrás y mirar para adelante, centrándonos en un aquí y ahora existencial compartido.

¿Cuántas veces una canción nos sacó una lágrima? ¿Cuántas veces otra nos hizo feliz? ¿Cuándo una obra de teatro nos reveló otra mirada del mundo? ¿Cuántas veces una novela nos hizo volar o un cuadro nos dejó una imagen para siempre? ¿Cuántas veces una orquesta nos estremeció y emocionó hasta las lágrimas, al reconocer el trabajo colectivo de tantos músicos y músicas?

La cultura nutre nuestras vidas desde que nacemos, desde antes incluso. Llegamos al
mundo y la cultura ya estaba, negarla es negar nuestra memoria, nuestra identidad. Nuestra historia. Claro está que en nuestra historia hay capítulos de negacionismo, censura y ocultamiento, y lo triste, de este momento que transitamos, es volver a ver ideas prehistóricas circular como nuevas verdades.

Lo único que manifiestan esas ideas es una mirada del mundo unilateral, sin diversidad ni pluralidad, que sólo valora a la “cultura de otros lados”, la de los países “cultos y desarrollados”, negando la triste historia de los pueblos que han sido colonia, y han sido oprimidos, sin contemplar que esos mismo pueblos han generado recursos con los que se han “desarrollado” aquellos pueblos “cultos”. Negando la esclavitud con la que se han enriquecido.

Que hoy se ponga en duda, y peor aún, que se nieguen las luchas populares que conforman la base de las conquistas de nuestra cultura, es querer borrar generaciones, es como decir “que boludos, estuvieron 100 años equivocados, perdieron el tiempo”. Es precisamente, una negación a la cultura, a la memoria y a nuestra historia.

Quienes hacemos y trabajamos en cultura, sabemos que un/a artista se forma, lucha por lograr su objetivo, se perfecciona. Un artista le da a la sociedad herramientas para que exista un sentido. Algo que vaya más allá del trabajo y la rutina. Es el sentido que se le da a las cosas. El sentido que se le da a la vida, a nuestra vida en comunidad.

Los y las que trabajamos en cultura también sabemos que “siempre” se ajusta por aquí cuando las papas queman. Es decir, cuando algunos administran mal lo que es de todos. Que los y las artistas somos la variable de ajuste para aquellos proyectos políticos que de inclusión, derechos y oportunidades no les interesa hablar, y en donde la persona artista es menospreciada por hacer lo que ama y le gusta; como si médicos, arquitectos o abogados no hicieran lo mismo. Como si fuera un pecado amar la profesión que uno/a eligió para desarrollarse y dar algo a la sociedad.

Esta es una injusticia y un prejuicio con el que aprendimos a lidiar desde muy temprana edad músic@s, actores, bailarin@s, pintor@s, cineastas, escritor@s. Y ahora vemos nuevamente cómo la cultura es atacada, como si la disciplina, la dedicación, la inversión, el esfuerzo y el tiempo no contaran.

¿Qué sería de nosotros y nosotras si no pudiéramos reconocernos con un pasado común, en donde las personas que nos precedieron no hubieran dejado un legado cultural para quienes venimos detrás? ¿Cuál va a ser nuestro concepto de “prosperidad” y el futuro que pensamos para quienes vienen detrás? Si olvidamos nuestros aciertos y fracasos, nuestras penas y nuestras alegrías, ¿cómo recordaremos el camino? ¿Qué enseñaríamos?

Reconocernos al escuchar un tango… sentir añoranzas con una zamba, vibrar con una chacarera, lo mismo que recordar un cuento de Borges, o de Conti, un poema de Alfonsina, o Juan L Ortiz… un cuadro de Quinquela. “Pinta tu aldea y conocerás el mundo” como dice el viejo León Tolstoi… Y otro León, por aquí más cerca le agrega que la vida pasa “más la cultura se queda aquí”.

Y aquí estamos debatiendo sobre la cultura, otra vez. Sobre nuestra memoria. Sobre nuestra mirada del mundo, mientras los que la niegan pretenden vender nuestra tierra a esas culturas foráneas que tanto admiran y que ya se han enriquecido muchas veces con nosotr@s y han acrecentado no sólo sus arcas, sino también su cultura.

Mientras tengamos arte, nuestra cultura estará viva y será rica. Brillará, se expandirá y será faro para otras tierras. Si el arte es acallado, desfinanciado y vulnerado no nos quedará otra que mirar lo que hacen otr@s, en otros lugares, sumándonos a las filas de la “cultura global digitalizada” sin una mirada propia, corriendo el riesgo de perder la memoria y negar nuestra historia. ¿Vamos a dejar que eso suceda? Tenemos un legado que defender. Sigamos construyendo cultura. La cultura como bandera. Es una labor del Estado garantizar que eso suceda y que todas las personas tengan acceso a ella.

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Patricia Bisso
Patricia Bisso
Licenciada y profesora superior en sociología UBA. Música, docente y gestora cultural. Fundadora y coordinadora de la orquesta El Ombú y de la Orquesta Municipal de Tango. Trabaja desde hace 20 años en la enseñanza de música orquestal en la región.

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