De cara a las P.A.S.O. en Cambiemos la listas se discuten sin mujeres en la mesa de negociación. Tal parece que para la alianza, la política es sólo para los “machos”. Ladran Sancho pidió la opinión de las referentas de la coalición gobernante y de las otras fuerzas, donde la misma lógica machista no queda afuera.

Hacia un lado de la mesa Janito Rampazzi, Javier Casset y Ricardo Curone negocian al radical Fernando Casset como cabeza de lista. Del otro lado Néstor Luciani, Omar Saavedra y Agustín Musso pelean para que sea la Unión Vecinal la que lleve a Rita Sallaberry como precandidata a intendenta en una posible lista de unidad. También hay lugar para el PRO donde Nicolás Quarenta pide permiso en la interna y manda a negociar a José Díaz Alfieri, Ignacio Castaños, Mauro Dutto y Marcelo Gutiérrez. Todos quieren la intendencia, todos quieren encabezar, pero en la mesa de negociaciones sólo se sientan los buenos muchachos.

¿Qué pasó con las mujeres? se pregunta esta redactora. Desde el vecinalismo las jóvenes y señoras no muestran gran disconformidad, dicen que entienden que en la mesa está la representación de las asambleas que son diversas, aunque cuando se apagan los micrófonos admiten no estar tan contentas y ser críticas con la falta de participación femenina. “Entendemos que esto puede ser diferente y queremos que así sea” dicen desde Mariano Moreno 865.

En el PRO la apreciación apenas intenta ser la misma. “Hay de todo, es una mesa que nos representa a todos”, sueltan algunas de las amarillas. Aunque indagando un poco más, parecieran enterarse mediante la consulta, sobre la existencia de las reuniones. “No creo que no haya mujeres. Por ahí justo ese día no estaban” defendió una de las PRO, con más dudas que certezas.

El radicalismo se muestra un tanto más combativo y disconforme, y al ritmo de la participación igualitaria, marca sus diferencias. “Me da la sensación de que lo que pasa es que se manifiesta lo que tradicionalmente piensan los hombres sobre las mujeres en política, creen que no somos capaces de tomar decisiones. Comprometerse con la participación igualitaria no es llenar un cupo, porque la paridad se vuelve ficticia; y que encima no haya mujeres tomando decisiones, da mucha pena por el partido” se animó una de las referentas.

En rondita y bien cerrada. Las chicas, por afuera. Foto: archivo Ladran Sancho

Si repasamos la historia de los tres partidos que conforman la alianza, la mesa machirula no sorprende, ya que la participación femenina siempre fue de escasa a nula. En los últimos 36 años de democracia la UCR presentó a una sola candidata a intendenta, la directora de Cultura María Teresa Tartaglia. La Unión Vecinal lo hará por primera vez en la figura de Ana Rita Sallaberry y por su parte, el PRO no ofrece mujeres candidatas ni lo hizo en ocasiones anteriores.

“Hay mujeres en el partido que podrían estar tranquilamente en la mesa de negociación y de decisión. Me gustaría que el presidente del partido confiara en las mujeres que hay, que están totalmente capacitadas. Nuestros partidos son espacios con mucha gente grande, que creen que son sólo ellos los que pueden tomar decisiones” señalan con énfasis desde el comité radical.

Mientras tanto en Mitre 1082 los buenos muchachos discuten candidaturas, listas, acuerdos, puestos y alianzas. Las chicas Cambiemos, esperan indicaciones. “Nosotras venimos de partidos machistas, algunos más, algunos menos. La política es machista y la conformación del poder también. En algunos ambientes las cosas se hacen más fáciles pero sabemos lo difícil que es llegar”, admiten.

Será por eso que las vecinales celebran la precandidatura de Ana Rita. La mujeres de Cambiemos entienden que las oportunidades para entregarse en un 100% a la tarea política no son para todas. “La multiplicidad de roles nos complica al momento de competir por ciertos espacios” dicen, por eso confían en que una mujer precandidata de la alianza -en este caso por la Unión Vecinal- aporta un ingrediente diferente a la propuesta. Incluso las radicales se suman a la ola Sallaberry. “Celebro que la Unión Vecinal lleve como candidata a una mujer. Es evidente que alguien sí está pensando en las mujeres”, destacó como contraposición a la UCR, una de las correligionarias.

¡Selfie con la candidata! Encabeza una mujer pero detrás de Sallaberry negocian los hombres.

Tras la salida de Héctor Artero mediante el pedido de licencia, la figura del vecinalismo en el Concejo Deliberante con tres mujeres representando al partido -aunque de manera forzada- resulta todo un cambio, es una conformación atípica en lo que refiere a la historia de la UV. “Las vecinalistas somos nosotras” apuran desde hace algunas semanas las mujeres, en el primer piso de la muni, marcando poco a poco que el cupo femenino es más importante de lo que los buenos muchachos piensan.

Y en la otra vereda, ¿qué onda? Los demás sectores políticos no escapan a esta realidad. El peronismo solamente tuvo a una intendenta mujer en la figura de Graciela Rosso y cada vez que hay elecciones, el porcentaje femenino de candidatas es notoriamente inferior al masculino, hoy por hoy dos sobre siete. La izquierda popular con Vamos – Patria Grande insiste con Carolina Francia después de las legislativas de 2017 pero en la mesa chica nuevamente aparecen sólo varones: Diego Motto, Ezequiel González y Juan Franco Ingiullo se reconocen entre los armadores cotidianos, según los muestran las propias comunicaciones del partido. Respecto a la izquierda tradicional, el panorama es similar mientras todo indica que la precandidata será Daniela Cooper.

Ante la pregunta de Ladran Sancho «¿Qué opinión le merece la falta de mujeres en la mesa de negociación de los partidos en general y del suyo en particular?», la respuesta desde Vamos fue: «La política no necesita más mujeres, necesita más feminismo, encarnado en sujetos diversos. Sin dudas a las mujeres la participación política nos cuesta es doble, pero para revertir eso es que desde la izquierda popular construimos feminismo desde abajo cotidianamente, y los procesos sociales de democratización creemos que deben ir de la mano de sumar voces de mujeres y disidencias» coinciden desde Vamos – PG, uno de los sectores con mayor desarrollo territorial en clave de género pero con las mismas dificultades que el resto, al momento del armado de listas.

1/6: sororidad impracticable para Carolina Francia.

En las próximas elecciones debutará la Ley Nacional N°27.412 de Paridad de Géneros en Ámbitos de Representación Política reglamentada mediante el decreto 171/2019. La misma establece que en las listas electorales se ubique de manera intercalada a mujeres y varones desde el/la primer/a candidate titular hasta el/la último/a candidate suplente. En el marco de la nueva legislación los sectores femeninos de algunos partidos políticos salieron a pedir que la paridad no sólo se respete en la confección de listas sino también en los organigramas (en el caso de ser gobierno), así como la representación femenina en las mesas de negociación de candidaturas; algo que en la práctica pocas veces se da, por eso la necesidad de reforzarlo con la firma de un compromiso.

“La realidad es que cada vez está más naturalizado que estén presentes las compañeras. Desde hace un tiempo acordamos que en cada negociación vayan tanto un hombre como una mujer. Existen todavía resistencias, por eso firmamos un compromiso, pero las mesas de acuerdo son cada vez más paritarias” se diferencian las peronistas.

Más mujeres, menos mujeres. En la gestión, en las reuniones, en las comisiones, armados, listas, en cada órgano o sector político la participación femenina siempre es inferior a la masculina. Una “ley” que con el empuje del movimiento feminista que irrumpió en manos de la juventud en todos los partidos políticos, comienza a resquebrajarse o al menos a reescribirse.

No es el mismo tiempo para todes. Para Cambiemos, o Juntos por el Cambio desde el cierre de alianzas, el tiempo de las mujeres puede esperar. La fórmula machirula Mauricio Macri – Miguel Ángel Pichetto ordena hacia abajo y en la mesa local de Cambiemos la alianza negocia entre machos. Por ahora las muchachas no hacen demasiado ruido, pero también, sólo será cuestión de tiempo para que el conservadurismo mute al siglo XXI.

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