Paro general, un freno a los rugidos de la leonera

Flavia Porto
Flavia Porto
Profesora en la formación docente del nivel superior
[…] Diga / Dígalo/ Digámoslo y que alguien escuche/
Que nos escuchen/
Y si de nuevo nadie escucha entonces nosotros
seremos el viento arremolinado que todo lo arrasa/
Y seremos la vida apareciendo/
Y volverán los rostros ultrajados/
Y seguiremos siendo, porfiadamente,
ese pedacito inamovible de dignidad inquebrantable.
Bernardo Penoucos

El miércoles 24 de enero el Congreso de la Ciudad de Buenos Aires se vio copado por una multitudinaria concentración popular. Cientos y miles de personas inundaron los espacios públicos en ciudades del país y del extranjero en rechazo del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), la Ley ómnibus y el Protocolo Bullrich, y en defensa de la democracia, los derechos populares, la división de poderes y la Constitución Nacional.

A poco más de un mes de la asunción presidencial de Javier Milei, la calle repudió la estafa electoral que impuso en el centro de la escena a medidas obscenas y anti-constitucionales así como a los perdedores, Macri y su grupo, en una alianza que apostó a la fantasía de gobernar sin límites dentro de una falsa democracia.

Ni bien fue anunciado el DNU, la protesta comenzó a visibilizar el repudio en las calles de todo el país, acrecentándose con el lento y distópico transcurrir del tiempo. En medio de una crisis social y económica, nació el pedido urgente “desde abajo” de un paro nacional en unidad de lucha.

El pueblo comenzó a padecer las consecuencias del shock económico en cuestión de días, con una inflación que carcome los ingresos y la estampida insostenible de los precios. Al pueblo se le exige soportar con resignación el peligro del despojo y desamparo, materializados en las reformas mencionadas cuyas modificaciones e innovaciones impactan en forma adversa y perjudicial en la vida diaria y el destino del país.

Un modelo económico de inequidades, asimetrías y saqueo que alienta políticas deshumanizadas atentando contra el plato de comida en hogares, comedores y merenderos, y cada una de las necesidades básicas.

Es interminable la lista de recortes, supresiones y eliminaciones que afectan el acceso a derechos indispensables para la subsistencia beneficiando con el mega ajuste a quienes concentran la riqueza, premiando a los “héroes” empresarios y capitalistas con la posibilidad de hacer y deshacer a puro juego caníbal de oferta y demanda sin regulación del Estado. En este contexto, crecen a diario la angustia, la bronca, el arrepentimiento y la desolación ante el posicionamiento de la leonera mileísta-macrista en desmedro de quienes más necesitan la presencia de un Estado responsable.

Con discursos de odio arengan a desdibujar la historia de lucha de nuestro país, pisotear los derechos conquistados así como a silenciar, demonizar/anular a quienes no forman parte de la “gente de bien” (orcos, vagos, planeros, ñoquis del estado, zurdos, comunistas, integrantes de sindicatos y organizaciones populares y la lista de aberraciones sigue).

El repudio sostenido abarca una inmensidad de reclamos acorde al nefasto mapa de cambios propuestos: privatizaciones; fin de la soberanía territorial, ambiental, alimentaria y económica; desfinanciamiento de salud, educación, investigación y cultura; desregulación de alquileres y en discapacidad; jubilaciones, el acuerdo con el FMI; fin de garantías constitucionales, derechos laborales; aniquilación de las economías populares y la industria nacional, por nombrar algunos.

El atropello puso en movimiento la defensa de la patria para frenar a quienes pretenden mercar a través de la impunidad y la desarticulación del tejido social. La arremetida de estas políticas de la crueldad sólo puede lograrse con la imposición de un mecanismo represivo como es el protocolo, que colisiona con la Constitución Nacional y tratados internacionales de Derechos Humanos. El plan económico de ajuste brutal encendió nuevas alertas acerca de los propósitos de llevarse puesta la democracia con violencia.

Sin embargo, sin garantías ni protección del Estado -dinamitado por el club de la leonera- el pueblo argentino sostuvo un grito más fuerte que el rugido de leones traidores: la patria no se vende. Por el contrario, la ciudadanía enfrentó las intimidaciones y se plantó frente al hecho de convertir el derecho a la protesta en un acto delictivo con vía libre a las fuerzas de seguridad. No fue suficiente meter miedo sino un fracaso, no alcanzó para socavar el amor hacia la Argentina, la defensa de lo propio y lo colectivo.

El DNU y la Ley ómnibus, dos mamarrachos peligrosos y apátridas, son un convite a saquear el país, los bolsillos, el pan, el trabajo, el techo, la tierra y a convertir al gobierno en un totalitarismo en pos de sentar nuevas “bases para la libertad de los argentinos”. El (ex) anarco-capitalista-liberal-libertario gestiona la motosierra con los instrumentos de las nuevas derechas y el desguace del Estado de la mano de secuaces ya conocidos en sus fiascos.

Este gobierno sienta precedentes. Nunca antes se realizó un paro general en un lapso tan corto de gobierno desde el retorno de la democracia. La llegada al Congreso con reclamos justos, necesarios y urgentes, aunaron voces y cuerpos que hicieron frente a políticas anti-patria, anti-populares, anti-derechos, negacionistas, misóginas y racistas que reflotan aristas ya padecidas.

En Luján, la asamblea “Afuera el decretazo” -conformada por vecinos y vecinas provenientes de distintos sectores- se viene organizando frente al ajuste y en rechazo de las medidas referidas así como de toda forma de amedrentamiento a la defensa de los derechos sociales.

En un trabajo sostenido con la comunidad, alienta a la participación en los barrios, la calle y las redes sociales informando, volanteando e involucrando a la comunidad en actividades culturales. En los últimos días, llevó adelante la organización de la movilización lujanense al Congreso atendiendo al cuidado de quienes se sumaron a la lucha. Luján también unió fuerzas y alzó la voz con convicción y sin temor frente a las amenazas del gobierno.

Lejos de acobardar y atemorizar, los socios del club de la leonera -bizarros, nefastos, unos cuantos en calidad “vip” por formar parte de la mismísima casta- encienden la mecha de la crispación social. La manifestación fue contundente y el pueblo dejó en claro que no está dispuesto a presenciar pasivamente la destrucción infinita de sus sueños, sus derechos y de la patria.

opina

Flavia Porto
Flavia Porto
Profesora en la formación docente del nivel superior

recientes

Ayudanos a sostener este proyecto autogestivo

Sumate a la Comunidad y participá todos los meses por regalos, entradas y descuentos.

Elegí el monto, ingresá los datos y listo!