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Luján
3 diciembre 2022

Ofelia Fernández: «La desigualdad es el gran mal de este tiempo»

La Legisladora de la Ciudad de Buenos Aires pasó por el ciclo "Café con Rosca" y dejó varias definiciones. Una coyuntura complicada, el rol de la militancia y las instituciones; y una invitación a seguir peleándola.

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Ofelia Fernández llegó otra vez a Luján para compartir una charla en el ciclo «Café con Rosca» que organizan el Centro Cultural Artigas, Radio Minga y la Cooperativa Ladran Sancho.

En una entrevista desde el patio del centro cultural de la calle Mitre y ante una buena concurrencia, Ofelia repasó parte de su biografía en clave militante. «Somos una generación particular, no solo somos hijos e hijas de la democracia, sino de una forma particular de democracia, en los momentos de los gobiernos de Néstor y Cristina, que fueron gobiernos de ampliación de derechos, de justicia social, de distribución de la riqueza», comentó la referenta del Frente Patria Grande.

La legisladora porteña se metió en temas de la coyuntura convulsionada que vivimos: el atentado a CFK; el crecimiento de los «libertarios», el rol de las mujeres, diversidades y de las juventudes. Las tensiones que atraviesa el Frente de Todos y particularmente, la búsqueda que se da en el espacio que integra.

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—Hay un hilo conductor que va cruzando las batallas en las que te embarcás, que tiene que ver con la desigualdad, ¿cómo las estás viendo?

—La desigualdad es el gran mal de este tiempo, de esta época. Pensado en muchos sentidos, así como a nivel global hay 22 varones que son los más ricos del mundo y concentran la misma riqueza que todas las mujeres de África juntas. En Argentina tenés barrios privados con lagos artificiales enteros y barrios populares sin agua potable. El mayor desafío de este tiempo es discutir la desigualdad no como una obviedad solidaria, sino como un pendiente. A veces parece más fácil pensar que hay buenos y malos, como si los problemas de la Argentina fueran solo problemas éticos. Hay algo más importante que los buenos y los malos y son intereses contrapuestos.

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—Está difícil, pero ¿cómo estás pensando una intervención política que vaya en un sentido disruptivo a la consolidación de ese marco?

—Hay dos claves importantes de esta época: la creatividad y la autoestima. Este es un momento que requiere «creérsela». Es un tiempo de mal vivir concretamente por la falta de laburo, las dificultades para acceder a una vivienda digna, la violencia, etcétera. Eso entra en tensión con la posibilidad de tener esperanza. En la legislatura estamos proponiendo cosas concretas como cambiar el sistema de licitación para los comedores escolares. Intentamos retomar debates en función de una educación igualadora y de exponer las voluntades políticas. Con el mapa de la Policía pasa algo parecido. La antipolítica no tiene un carácter ideológico en sí mismo. Tiene más que ver con una respuesta lógica en un contexto de crisis, pero a nosotros no nos toca tener discursos estridentes, sino tener el pragmatismo de solucionar problemas concretos.

—¿Cómo viviste el atentado a CFK?

—Re fuerte. Minutos antes estaba en un conversatorio y pensaba que el operativo de proscripción iba a ser imposible. Tenía mucha esperanza y de pronto a las horas se da el atentado y ahí ves la realidad. Hay sectores dispuestos a llegar hasta el final y aunque no se haya concretado el atentado ya cambió el escenario político.

—Algunos sectores pusieron en cuestionamiento que se tratara de una simulación, otros sectores repudiaron tímidamente e incluso hay quienes se niegan a repudiar, ¿te preocupa?

—Creo que el sistema de medios masivos y buena parte de la oposición no tiene un compromiso firme con la democracia. Por algo yo no sé donde vive Larreta, Macri o Vidal y no podría ir a su casa, que tampoco me interesa, y sí sabemos donde vive CFK. En TN había una pantalla dividida entre el alegato de Luciani y la casa de Cristina. Yo esperaba ver otra versión del debate político, una versión más empática, más humana, menos tribunera. Que Bullrich no haya repudiado hasta el día de hoy, no ayuda.

—A medida que avanza la investigación por el atentado a CFK se revela la relación de los autores materiales con el fenómeno político de los libertarios… ¿Cómo estás mirando el crecimiento de este sector?

—Siempre hay que recordar que existen y se presentan como disruptivos porque hay otra cosa preexistente. El surgimiento responde a que se consolidó un proceso como nuestro gobierno que es una fuerza que todavía está ahí para que pongamos a disposición de otros procesos como los que charlábamos respecto a la desigualdad. Yo no creo que el problema esté tanto en la aparición de los libertarios, sino en la baja autoestima de nuestro propio espacio y cierta impotencia para dar peleas o falta de voluntad.

—¿Cómo es eso de las peleas que habría encarar con más firmeza?

—Hay agendas nuevas que traen algo más protagónico de lo que a veces la política entiende o asume, pero también hay agendas que son estructurales: ¿Hay lugar para todos en este mercado formal de trabajo?, pareciera que no, ¿Hay lugar para todos en este modelo de la tierra y la propiedad?, pareciera que no. Como vamos a discutir eso, como vamos a garantizar que esta etapa tenga mucho que ver con ideas de ampliación de derechos, justicia social, redistribución de la riqueza. Ahí es un tiempo en el que en la dirigencia nos ocupamos más en calcular posibles derrotas para no dar ninguna pelea, en vez de animarse y perder cada tanto, pero sobre todo animarse a pelear y ganar.

—El futuro no está muy encantador, pero ¿ves posible una salida que tienda a generar mayores niveles de justicia?

—Discutir el futuro en abstracto no es necesariamente más virtuoso que entender cómo inscribís la historia y el pasado en el presente. Pero sobre todo cómo inscribís el futuro en el presente. Hay que pensar cómo tener la intervención más contundente hoy para condicionar todo lo que se pueda el futuro. ¿De dónde agarrarse? La patria grande es un principio fundamental. Muchas veces se habla de construir una nueva ola latinoamericana, pero hay que centrarse en el presente también porque tenemos más gobiernos populares en la región. ¿Argentina, Chile, Perú, Bolivia y quizás Brasil no son una ola? (Risas).

—Más que de futuro va de presente entonces…

—Sí, hay que pelear, construir y animarse a pensar en que esta generación está construyendo esa nueva ola, que puede ser mejor. Tenemos la capacidad de construir un nuevo país, una nueva región, un nuevo mundo, pero hay que querer pelear y hay que querer ganar.

La entrevista completa se puede ver en Pares Tv y escuchar por Radio Minga

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