Ocio Programado. Capítulo 32

Belén y Alejandro se encuentran entre retazos de universos distintos, donde flotan la luces, las miradas y los anhelos, en otro domingo de Ocio Programado.

 

VUELO

El deseo y el acto,
las guerras y las retiradas.
Mi voz busca el viento, el sol,
el mar.
Mis pies atados a la orilla,
dudas como anclas.
Mis deseos,
como el mar,
como el viento,
son vuelos y regresos.

HELIO

Doy vueltas en espiral
en las mismas palabras que ayer,
las que hicieron base en el borde de mis labios.

Movimientos que mi cuerpo no llega a concretar,
anido en la inercia.

Conjugo verbos en primera persona
y flotan como globos
en el aire para no bajar del cielo hasta desinflarse.

Juego a hablar con miradas,
como si el mundo no se hubiese construido con palabras.

Habito el aire, como un pájaro.
Evito la tierra firme,
quizás por miedo a pisar en el lugar correcto
y provocar un derrumbe.

SALVAJE 

Con las manos atadas no se puede construir,
con los pies anclados no se puede ir muy lejos.

Decime, muchacha de alma inquieta,
cuándo vas a dejar que me acerque lo suficiente
para desnudarte las verdades.

Que te mire a contraluz,
que te estudie en las sombras.
Que me aprenda tus mareas,
tus oleajes, tus orillas.

Decime, muchacha ,
cuándo va a ser el día en el que me dejes observarte en el espejo
sin que se rompa el cristal.

Muchacha de alma inquieta, cuando me vas a permitir acercarme a mí
lo suficiente para desatarme las amarras.
Acercarme a mí para habitarme, para transformarme.
Como si se tratara de domar a una bestia con mis mismas pupilas.

PODA

Se escucha, a lo lejos,
el ruido metálico e invasivo
de una motosierra.
Los troncos caen torpes,
cortan el viento,
marcan la tierra.
El vecino, sin saberlo,
materializa lo que a mí
me está pasando adentro.
El árbol y yo caemos,
nos derrumbamos en cuotas.
En sincronía, una parte de nosotros
toca el piso y nos suelta por completo
dejando un lugar para los brotes nuevos.
Tengo un mal hábito,
todo lo convierto en poesía.
El vecino solo quería hacer leña.

 

 

La canción se llama Freefall, y es del músico y compositor griego Vangelis. Es parte de su cuarto disco conceptual, de 1976, llamado Albedo 0.39. En la información que acompaña el disco se incluye la explicación sobre el nombre: «Albedo: El poder reflectante de un planeta u otro cuerpo no luminoso. Un reflector perfecto tendría un albedo de 100%. El albedo de la Tierra es 39% ó 0.39.»

 

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