Ocio Programado. Capítulo 24

Gabriela y María Laura se encuentran en las orillas de un lago y en la esencia viscosa de un nuevo domingo de ocio programado. Ladran Sancho abre una puerta a la combinación entre artistas locales.

UÑAS

Las veo de colores en otras manos
y me encantan.
Me atraen.
Pienso en cómo me quedarían de rojo,
de violeta,
hasta de verde.
Pero después
me las vuelvo a pintar siempre de blanco.
Un color acromático,
Sin tonalidad,
Que refleja y dispersa por completo
todas las longitudes de onda visibles de la luz.
Un color tan nada, tan común.
Un tono que absorbe a todos los demás,
Una superposición de todos los pigmentos.
Un color tan de todos los días.
Tal vez me falta descubrir quién soy,
Romper la monotonía,
Arriesgarme más…

Hoy en la verdulería
ví una chica con las uñas rojas.
Me las voy a pintar igual.
Me las voy a dejar un día.
A ver qué pasa…

Magallanes en la Patagonia.

Tu mano se posa
suave
en mi espalda,
pidiendo permiso
para invadir
territorio desconocido,
buscando la paz
de una bahía inexplorada
donde descansar el barco
después de una tormenta.
Mi sangre se amotina:
un malón de aborígenes salvajes
defendiendo su territorio.
Las yemas de tus dedos
exploran tímidamente mi cuello,
gaviotas aleteando,
planeando, oteando
un lugar donde posarse.
Mi cuerpo se rinde
a tu sutileza marina,
y baja las lanzas
de la propiedad privada.
Tu mano adelantada
lo percibe
y sigue bajando al sur,
descubriendo
estrechos.

UNIVERSO

El cosmos estrellado,
el espacio inconmensurable.
Los cuerpos celestiales
separados por años luz.

El silencio
de millares
de kilómetros
de Nada.

La soledad impregna
los vacíos inmensos
con su esencia
intangible y viscosa.

Y en el principio de los tiempos
fue el Verbo.
Y Dios
Y el Hombre
Y la Mujer.

Somos polvo
De antiguas estrellas:
el universo
en cada uno de nosotros.
Cada uno de nosotros:
Un universo.

Útero.

Poder capturar ese momento atemporal,
esos preciosos segundos
de duermevela, de vigilia elusiva
entre la realidad y los sueños.
Volver a ese lugar de placer
sin color, sin ruido.
Descanso álmico.
Paz tranquila.

La población de la noche
se desvanece lentamente:
los párpados aletean,
se mueve la cabeza,
la respiración se acelera.
El dolor, perdido, no encuentra
el camino hacia la conciencia.
Pausa en suspenso.

En el mundo de algodón de azúcar de los sueños:
el padre está vivo,
los enamorados están juntos,
el cuerpo no está preso,
el sueldo en el bolsillo.
El peso de la realidad no ha caído,
Después de ocho horas de practicar la muerte.
El alma vagante se introduce en el cuerpo.

El dolor flota ingrávido en la maraña de sensaciones,
preparando su espada filosa para atacar,
abriendo un tajo en la comprensión.
Los ojos se abren y el hechizo se rompe.
La realidad golpea la orilla de la memoria con todas sus fuerzas.
El errante dolor encuentra, finalmente, el camino
y clava sus agujas en la carne.
La angustia crece, la expresión se trastoca,
el cuerpo, alerta, se tensa.
La luz del final del túnel vence la resistencia y la represión.

¡Ah! Poder capturar esos elusivos segundos y alargarlos,
para impedir que las cosas terribles, al fin y al cabo,
sucedan!

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