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martes, 26 enero 2021

¿Nuestros últimos 100 años?

Dicen que los Psicoanalistas tratamos de hacer consciente lo inconsciente. Tal vez sea ese imposible Freudiano el que me lleva a escribir estas líneas.

La escena transcurre en una apacible villa alpina de Suiza: Davos. Fundada en la alta edad media, allá por el siglo XIII, de herencia románica pero de tradición germánica, tan solo la habitan cerca de 15.000 personas. Sus silenciosos pobladores preparan los festejos por el patrono del pueblo y la nueva inauguración de un hotel spa para hippies veganos y de buen pasar. Esta bella ciudad estaría condenada, diría Borges “al olvido que seremos” de no ser porque desde 1991 este bello lugar alberga una reunión de la cual menos del 5% de la población mundial conoce pero que afecta al 95% restante.

Mejor no hablar de ciertas cosas

El “Foro Económico de Davos” es un meeting económico-geo-político de las élites, digamos del “círculo rojo planetario”. Allí están los que dirigen los destinos de la sociedad humana, que al ser sometidos a la lógica de sus resultados (que seguramente aplican en sus propias corporaciones), quedarían despedidos en menos de 24 horas. El planeta está en serios problemas: guerras, hambre, terrorismo, fascismos de todos los colores, crisis económicas, refugiados, desempleo creciente, pandemias y el gran tema de esta columna: cambio climático y degradación del ambiente.

Warren Buffet (89 años y U$S 127.000.000), Jeff Bezos (56 años y U$S 126.000.000), Bill Gates (64 años y U$S 103.000.000) y Mark Zuckerberg (35 años y U$S 74.000.000), son algunos de los muchachos habitués de la juntada, más varios grupos de bancos y fondos de inversión como “Eurasia Group”, “Control Risk”, “Oliver Wyman Ideas”, “Standar&Poor’s” etc. Como se imaginarán, estos nuevos Césares (aprox. 400 invitados) no se reúnen para leer a Thoreau, a Tolstoi, a Krishnamurti o a Almafuerte. Se juntan para hacer negocios o, como dice Jorge Halperín, “privatizar el conocimiento”, para seguir concentrando poder.

Ya no se puede tapar al sol

Pero a diferencia de todos los encuentros anteriores, lo que verdaderamente ha sido novedoso del reciente foro, han sido sus temáticas.  Históricamente se hablaba de inversiones, flujos de capital financiero, libre comercio, venta de armas, de la industria farmacéutica o del petróleo. En los últimos años la revolución tecnológica, el big data, google, facebook, amazon, ali baba y el “cyber-control de las sociedades” copaban las parada de mesas de debates y agotaban cartuchos de tintas en “papers” en oficinas y hoteles de esquiadores, atestados de burócratas.

Pero este año fue distinto. Los inversores y habitantes del Olimpo están inquietos. Ya no es la peste negra medieval que obligaba a fundar ciudades en recónditas montañas como esta, que hoy nos ocupa. Ni siquiera el fantasma del proletariado que recorría la Europa de Marx los conmueve.

El huevo se está quebrando. El huevo de la serpiente que ellos y sus antecesores generaron en laboratorios guiados por la ambición de poder y dinero. Magnates y políticos, es decir, gerentes y empleados de una lógica auto-destructiva que ya nadie puede ocultar.

No los une el amor sino el espanto

A los invitados se les consultó, junto a otras “750 personas destacadas del planeta”, quienes no estaban en Davos, cuáles eran sus principales preocupaciones empresariales para este 2020. ¿Se imaginan?

Solamente mencionaré al que quedó en primer lugar: “Los efectos del Cambio Climático en ciudades y en puertos destinados al comercio internacional con consecuencias potencialmente enormes para los negocios y las inversiones transnacionales”.

Continuemos con el proceso imaginativo. Estas mujeres y hombres del foro que viven en Hong Kong, Moscú, Paris o New York, que se mueven en helicópteros o aviones, según las distancias, que obviamente no pasan casi ninguna necesidad profana; y que tal vez sus inquietudes anímicas pasan por alguna disconformidad en como el estilista canino dejó a una de sus pomeranias. Esos mismos seres humanos que no conocen a Voltaire ni a Herodoto y mucho menos a Don Atahualpa Yupanqui, están conociendo cosas que el 99,99% de la población mundial desconoce. Como verán no están financiando con sus tarjetas de crédito a GreenPeace, ni pretenden darle la presidencia de la ONU a la joven Greta Thunberg. Nos están diciendo, muy a su pesar, “que esto no es joda” y quieren ver cómo se van a salvar ellos solitos.

Borge Brende, el presidente del foro declaró a la prensa alemana: “Ya no se puede esperar ni un minuto más, el nivel del mar está creciendo, los incendios masivos al igual que las inundaciones devastadoras no se detienen. El comercio y las relaciones internacionales están en riesgo si no tomamos medidas a corto plazo”. Y agregó una sentencia al mejor estilo del profeta bíblico Ezequiel: “Apenas tenemos una ventana muy pequeña y si no la usamos en los próximos 10 años estaremos recostados en las reposeras del Titanic”.

Otro de los invitados un tal Larry Fink, CEO del fondo de inversiones Black Rock, menos romántico por cierto, “fue a los bifes” como diría mi vieja: “Los incendios, tormentas e inundaciones nos costaron más de U$S 150.000.000 solo en 2019. Hemos decidido protegernos y relocalizaremos inversiones en lugares más seguros, alejados de las costas y zonas inundables”.

Las palabras «Amazonas», «agua potable», «fenómenos meteorológicos extremos» y «Australia» aparecieron en casi el 80% de las mesas. De economía y producción sustentable, evidentemente, se habló muy poco. Es indudable que no los une el amor a la Pachamama sino el espanto a perder sus privilegios.

¿Y qué hay de nosotros?

No soy climatólogo ni activista verde, y hasta me aburren datos que ya deberíamos saber y como leyeron, hasta los más insensibles están preocupados por una data que denuncia la degradación aparentemente irreversible del clima y la atmósfera de nuestra querida Gaia. En apariencia, hasta aquí seguiríamos perdidos en el laberinto, enfrentando al Minotauro en soledad, ya que gran parte de nuestros congéneres están hipnotizados con las pantallas de 50 pulgadas, con el gol de Mbappé, con el nuevo modelo de celular o del por qué Jimena Barón suspendió su ultimo show. Debemos ser conscientes de la gravedad de la situación y multiplicar palabras, preguntas, debates pero profundamente acciones. Acciones concretas personales pero también colectivas que exijan a nuestros gobernantes más celeridad en el cambio de paradigma productivo pero también de consumo, de nuestro consumo. ¿Cuánto consumimos? ¿Qué consumimos? ¿Cuánta basura generamos? ¿Cuánta electricidad consumimos? ¿Qué hacemos con nuestra basura?

Al final está la luz

Hay muchos autómatas casi apagados, como entretenidos en un guión de Netflix, pero veo también numerosos “fueguitos Galeanos”. Niños, niñas y adolescentes que toman consciencia de lo que el mundo adulto, obeso de consumismo, ha generado en nuestra casa común. Hablar de medio ambiente, de ecología, de reciclar basura en un aula o en una mesa familiar, hace 20 años era una rareza y hoy felizmente es algo bastante habitual, sobre todo en sectores sociales que por lo menos tiene sus necesidades básicas satisfechas. Y que una mujer de 17 años se transforme en referente del cuidado del planeta y se cuele en la agenda de Merkel, del FMI, de Bolsonaro y de Trump en solo 20 meses, eso tampoco es poco.

Los procesos sociales y el flujo histórico siempre fue desde abajo hacia arriba, desde lo pequeño (positivo o negativo, Hitler o Gandhi) hacia lo grande, y esta vez será de la misma manera. El título de esta columna lo tomé prestado de un informe de un paleo-climatólogo europeo y hace referencia al tiempo. Lo definitorio en este caso serán los plazos por delante, es decir, si los pibes y pibas tendrán el tiempo suficiente para torcer el rumbo. Tengo fe en ellos y entonces creo que sí.

Vienen a nuestro auxilio como un buen combustible para el alma, las filosas palabras de Don Arturo Jauretche: “Nada grande puede hacerse sin alegría. Nos quieren tristes, para vencernos». No bajemos los brazos continuemos reduciendo el consumo, reutilizando cosas y reciclándolas siempre con una sonrisa.

 

Fotos: National Geographic, Dani Balibouse, AP, Loren McIntyre.

Esteban Gómez
Esteban Gómez
Lic. en Psicología recibido en la Universidad de Bs. As. Especializado en adicciones y familia. Profesor de Tai Chi. MN 25.591 MP 25.668

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