abril 13, 2024
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No se olviden de Malvinas: “No queremos las armas, pero tampoco entregarles nuestro futuro”

Julio Mena es veterano y director de la Sala Permanente de Malvinas. A 42 años del conflicto con Inglaterra, recuerda sus días en las Islas y destaca la necesidad de seguir reclamando soberanía.

Julio Mena fue soldado del Regimiento N° 6 de Infantería, realizó el servicio militar en Mercedes y estuvo 76 días en las Islas, como abastecedor de una ametralladora. Su posición fue entre Puerto Argentino y el aeropuerto de Malvinas, como observador adelantado en las costas del Mar Argentino, junto a la compañía de unos 50 hombres.

Nacido en el barrio Sarmiento, Mena tuvo una infancia dura: de casa humilde, a los 9 años tuvo que salir a laburar junto a Julio, su padre, como changarín en el campo, en el camión. A los 13 años de fue de su casa y desde allí comenzó a ganarse la vida como pudo: fue peón de albañil, de pintor y estuvo en la construcción del Estadio José María Minella, en Mar del Plata.

Desde ese entonces vivió en la calle. Dormía en la estación de trenes, en la terminal de ómnibus, hasta que entró al servicio militar, cuando cumplió los 18 años. “Muchas veces dormí mojado y pasé hambre. Lo que estaba viviendo en Malvinas, ya lo había pasado”, recuerda.

Hoy, a 42 años del conflicto bélico con Inglaterra, describe aquellos días en las Islas y reafirma ese compromiso por seguir malvinizando. La necesidad de pelear por la soberanía y evitar el saqueo de recursos, es otro de los pedidos que Julio hace a la política nacional.

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―Te fuiste de tu casa muy joven. ¿Por qué?

―Empecé a trabajar a los 9 años con mi papá y ya para los 13 años me cansé de pelearme con mis hermanas y quería hacer otra vida, por eso me fui. Vendía estampitas en la iglesia, pedía recortes de fiambre para comer, dormía en la terminal, en la estación de tren. Muchas veces dormí mojado y pasé hambre. Lo que estaba viviendo en Malvinas, ya lo había pasado cuando era más chico. A los 14 años me fui a Mar del Plata a trabajar de peón de albañil, a abrirle la puerta a los taxis. Justo se estaba construyendo la cancha del mundial y entonces trabajaba de peón. Yo ya sabía lo que era el hambre, el frío. Cuando me tocó el servicio militar tenía una cama, donde comer.

―¿Sabías que iban a Malvinas?

―Salimos el 13 de abril del regimiento de Mercedes en camiones, a eso de las 3 de la mañana, con todo el equipo y el armamento, para El Palomar. Ahí esperamos hasta las 2 de la tarde, que llegó el avión, y de ahí nos llevan a Río Gallegos. Cuando llegamos, ya era de tardecita, ahí nos dan un sánguche, un jarro de caldo y nos hacen formar una fila, para subir a un avión de línea. Cuando estábamos subiendo al avión, nos dijeron que íbamos a Malvinas. A las 8 de la noche del 13 de abril, llegamos a las Islas.

―¿Cómo fueron esos primeros días?

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―Estaba lloviendo. Bajamos del avión y armamos la carpa a la orilla de la pista. Al otro día nos trasladaron hasta antes de llegar a Puerto Argentino, unos cinco kilómetros del aeropuerto, y comenzamos a armar posiciones. Armamos los pozos de zorro, la carpa y a los dos días nos vuelven a trasladar, a la orilla del mar. Quedamos como observadores adelantados, éramos unos 50 hombres. Hacíamos guardia y esperábamos el desembarco de las tropas inglesas.

―Ustedes estuvieron en el frente, por lo que fueron los primeros en ser bombardeados. ¿Qué te acordás de ese día?

―El 1° de mayo nos estábamos preparando para el desembarco. Nosotros veíamos los barcos que se instalaban a unos cinco kilómetros y desde ahí empezaban a bombardear. Venían los aviones y bombardeaban también. No logran desembarcar porque el fuego que nosotros teníamos desde Puerto Argentino hacía que no se acercaran los barcos. Cada vez que caía una bomba, te tenías que alejar porque sabías que atrás venían 20 bombas más.

―¿Cuáles fueron los momentos más duros que te tocó atravesar?

―Los momentos fueron todos difíciles. Yo en Malvinas perdí 14 kilos de peso. Creo igual que no lo sentí tanto como otros compañeros, porque ya lo había vivido a eso.

El 2 de mayo de 1982 se produce el hundimiento del Crucero Ara General Belgrano, luego del ataque del submarino nuclear británico HMS Conqueror. La ofensiva se produjo fuera del área de exclusión, lo que causó la muerte de 323 argentinos, casi la mitad de las bajas en el conflicto bélico.

―¿Les llegaban las noticias, tenían conocimiento del hundimiento del Crucero Belgrano?

―Nos enteramos del crucero al otro día, a la noche. Teníamos un compañero que tenía una radio chiquita y habían atado varios palos, con un cable de teléfono. Escuchábamos Radio Colonia. Ahí nos dimos cuenta que ya estaban con toda la flota en las Islas y nos empezamos a preparar para el momento en el que llegaran.

―¿Cómo fue el momento de la rendición?

―Se habla mucho del momento de la rendición, pero no fue eso realmente sino que fue un cese de fuego. Que los soldados cesen el fuego, entreguen todo el armamento y se entreguen prisioneros, para ser trasladados al territorio. ¿Para qué? Para que Argentina pueda seguir reclamando sus derechos de soberanía sobre las Islas. Si hubiera habido una rendición, no hubiéramos podido seguir reclamando nuestros derechos de soberanía.

―¿Vos cómo viviste el final de la guerra?

―Nos empiezan a decir que el conflicto se había terminado, que teníamos que destruir el armamento o entregarlo y salir a la ruta. Ahí nos toman como prisioneros y nos llevan a un galpón, en donde estuvimos tres días. El 17 de junio llega el Bahía Paraíso y nos embarcan para volver a Punta Quilla.

―¿Cómo fue la llegada a Luján?

―Estuvimos dos días en Campo de Mayo. Primero fuimos al regimiento de Mercedes y esa tarde ya vinimos para Luján. Acá estaba todo normal, se hizo una misa esa noche y después seguimos con nuestras vidas, prácticamente no se hablaba de Malvinas.

―¿Cómo la pasaron los años posteriores?

―Estuvimos prácticamente 10 años para poder conseguir trabajo. Solo conseguíamos changas, no había trabajo efectivo para los veteranos. Nos dolió mucho esa época. Nos sentíamos discriminados por haber estado en una guerra, defendiendo a la patria. Fue más doloroso eso que el conflicto de Malvinas.

―¿Volviste a las Islas?

―Si, en el 2009. Hasta esa fecha era un excombatiente, ese que iba a cobrar todos los meses la jubilación, la pensión y no hace nada por Malvinas. Cuando volví y estuve en el cementerio, que vi la cruz de un compañero, con el que nos habíamos hecho muy amigos porque teníamos una historia de vida bastante parecida, sentí que me dijo, “si yo hice esto por vos, vos qué estás haciendo por mí”. A partir de ahí llegué a mi casa, le dije a mi familia que quería hacer algo por la causa Malvinas, por los que habían entregado la vida por la patria. Entonces empecé a trabajar para construir un museo en honor a ellos. Así se empezó a construir la sala permanente de Malvinas de Luján.

La Sala Permanente de Malvinas funcionó primero en la casa de Mena, en un quincho, y contó con la ayuda de José Rizo, que junto a Mena llevaron adelante la tarea de seguir malvinizando, recibiendo a instituciones educativas y brindando charlas. Hoy, la sala se está terminando de construir en el predio del sindicato de cerveceros, gracias a la ayuda del secretario General de la seccional Luján, Oscar Lescano.

―¿Qué hay en esa sala?

―Hay mucha historia. Más de 500 fotos de Malvinas, réplicas de armamento, los elementos que utilizábamos en las Islas. La idea es poder seguir Malvinizando con la visita de colegios y escuelas de nuestra ciudad.

―¿Qué opinas sobre la postura de este gobierno frente al pedido de soberanía por Malvinas?

―Desde los distintos gobiernos se vienen haciendo los reclamos por Malvinas, lo que pasa es que estamos combatiendo con la OTAN. Si no defendemos nuestra soberanía, sea del gobierno que sea, estamos perdidos. Los ingleses hace 200 años que quieren meterse en nuestro territorio. Nosotros no queremos las armas, porque somos un país de paz, pero tampoco queremos entregarles nuestro futuro, el de nuestros hijos, de nuestros nietos. La batalla de Malvinas terminó en Malvinas, pero la guerra con los ingleses continúa. En Tierra del Fuego, en Tolhuin, colocaron un radar inglés, donde sacan información permanentemente. Yo soy miembro de la Caravana de los Pueblos, en donde estamos pidiendo que saquen los radares de nuestro territorio.

―¿Por qué es necesario seguir peleando por nuestra soberanía de las Islas?

―Porque vienen por todo. Los barcos americanos se están llevando el agua dulce de Ushuaia. Se quieren quedar con nuestras riquezas. Se quieren quedar con Tierra del Fuego, Malvinas y la Antártida. No tenemos en cuenta toda la riqueza que hay en todo ese territorio.

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