Foto: Victoria Nordenstahl

La Compañía Americana de Alimentos sigue haciendo de las suyas. El clan Romero dispone de los trabajadores a su antojo y los laburantes denuncian «despidos encubiertos». Desde el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación la ven pasar sin pena ni gloria.

Laburar en Nevares es una tortura diaria y constante. Trabajo sin registrar, accidentes graves sin atenciones, abusos, maltrato, hostigamiento, insultos, y un mecanismo constante de contratación ilegal son parte de las condiciones laborales que ofrece Compañía Americana de Alimentos (firma madre de Nevares). Las decisiones son tomadas por Hugo Romero, un empresario menemista que forjó su empresa a fuerza de deudas con la banca estatal, administración infiel y explotación laboral, quién se hace llamar en los pasillos de la fabrica como «Doctor Romero».

La nueva noticia que nos trae el Clan Romero y sus secuaces es el traslado de 70 laburantes de la planta de Tortuguitas a la fabrica ubicada en Carlos Keen. En los telegramas enviados a los laburantes, desde Nevares acusan que el traslado se debe a la «grave crisis económica financiera que atraviesa el país y la empresa en particular».

Los trabajadores denuncian que son «despidos encubiertos» por la adquisición de nueva maquinaria. «Estuvieron sin pagarnos un mes y medio del sueldo mientras traigan robots para automatizar la planta y personal de Italia para instalarlos. Ahora trasladan a la mitad del personal de Tortuguitas a Luján, son los compañeros que más se quejaban de las condiciones de trabajo, los que hicieron paro, los que tal vez tenían alguna que otra falta. Son despidos encubiertos, la mayoría no va a poder ir a trabajar a la otra planta» explicó un afectado.

Fuentes consultadas por Ladran Sancho indicaron que la medida tomada por Nevares puede ser considerada abuso del ius variandi, lo que seria modificar el lugar fisico de trabajo, sobre todo a mas de 70km. Lo que seria causal para considerace injuriado y despedido, por culpa del empleador.

En los telegramas firmados por Jaime Szmuc, actual presidente de la Compañia Americana de Alimentos, sostiene que la «reorganización responde a razones funcionales que no solo permiten reducir costos sino que redundará en mejores condiciones de trabajo dada las características de la planta de Carlos Keen».

Sin embargo, las causas judiciales contra la empresa alimenticia muestran otra realidad:  jornada laboral de 12 horas, cambios de horarios constantes, precarización, falta de derechos, maltratos. En unos de los relatos contra Compañía Americana de Alimentos, demandantes sostienen que «el turno era de 14 a 22 horas, había veces que se hacían doce o trece horas». Asimismo, los cambios de las jornadas eran constantes y de un día para el otro: «el manejo de la empresa era bastante extraño, te los hacían cambiar muchísimo, los mismos jefes» dice el relato judicial.

En las diferentes denuncian ratificadas en los juicios contra la empresa se denuncia falta de ropa particular y zapatos de seguridad para trabajar como también la contratación en negro durante los primeros 5 meses, y el almuerzo lo tenían en un container en donde falta espacio para todos.

Los laburantes comienzan a recibir telegramas de intimación con el apercibimiento de considerarlos incurso en abandono del trabajo.

Los laburantes de la planta de Tortuguitas denuncian esta maniobra como «despidos encubiertos» y una medida arbitraria, maliciosa y violatoria del articulo 66 de la Ley de Régimen de Contrato de Trabajo N°20.744. Trabajadores y trabajadoras manifestaron que con el nuevo lugar de trabajo deben viajar más horas para llegar a su lugar de trabajo y además desenvolver más dinero ya que la empresa únicamente pone un colectivo que los pasa a buscar por la terminal de colectivos para llevarlos a Carlos Keen.

La ley de Régimen de Contrato de Trabajo garantiza que el empleador puede modificar condiciones laborales dentro de la dinámica de la empresa en tanto esos cambios no importen un ejercicio irrazonable de esa facultad, ni alteren modalidades esenciales del contrato, ni causen perjuicio material ni moral al trabajador.

¿Y el sindicato? Si te he visto, no me acuerdo

El Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación se borró de Nevares como en cada conflicto. Delegados y responsables de garantizar las condiciones laborales de los trabajadores hacen la vista gorda.

Desde las denuncias por abuso y violencia de genero a Oscar Zuccarino, pasando por condiciones anti higiénicas, hasta las denuncias por pago de sueldo, horas extras y presentismo en negro y fuera de termino, y falta de pago en los aportes jubilatorios y obra social, todas fueron cajoneadas por el sindicato en complicidad con la delegación del ex Ministerio de Trabajo y el gobierno municipal que no realiza las inspecciones correspondientes.

Con el cambio de representante gremial, salió Mario Miroglio y entro Andrés Morel, las soluciones no llegaron. Como se dice en la cancha, fue «fulbito para la tribuna». Un par de bombos, unas gomas quemadas, un escrache en la puerta de la planta de Carlos Keen fueron las medidas que tomó rápidamente Morel para disipar y limpiar la imagen de un gremio que se siente más cómodo con la patronal que defendiendo al trabajador.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí