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jueves, 26 noviembre 2020

Narrar el cáncer: una metáfora de la transformación

Abundan narrativas en las que el cáncer en sinónimo de muerte. Luciana elige otra forma de contarlo.

Luciana prende la cámara de Zoom y enseguida aclara que contará su proceso de la misma forma que lo vivió, con humor ácido. Y, aunque cada caso de cáncer es distinto, su historia no tiene golpes bajos. 

Las narrativas sobre el cáncer son diversas, pero mayormente, y haciendo foco en el cine, la enfermedad puede aparecer como una metáfora de la muerte. Luciana se opone a esa forma de contarlo. Prefiere abordarlo como una opción de transformación. Un vuelco a la vida. 

“Sí, Lu. Es cáncer”, le dijo la médica en el consultorio, meses después de encontrar el primer nódulo en su mama derecha y tras algunos análisis. En ese momento, Luciana trabajaba como cajera en el peaje. Su cotidiano se subordinada a la productividad y al trabajo fuera y dentro de su casa. 

El cáncer mamario es una enfermedad de la mama que puede tener buen pronóstico si tiene una detección precoz y un tratamiento oportuno. Si bien no se conocen causas directas de esta enfermedad, se entienden como factores de riesgo la edad avanzada, factores genéticos, la menstruación precoz y la menopausia tardía, y la exposición a radiación ionizante, entre otros. 

Las estadísticas indican que 1 de cada 8 mujeres desarrolla cáncer mamario. Es el tipo de cáncer con mayor incidencia en las mujeres con una tasa de 73 casos por cada 100.000 mujeres y puede afectar también a hombres, en un 1%. Mas del 75% de las mujeres con cáncer de mama no tienen ningún antecedente familiar de dicha enfermedad.

Quizás es un lugar común decir que el diagnóstico fue un antes y un después en su vida, un punto de inflexión, un parate de la vida. “Yo no tengo antecedentes de ningún tipo de cáncer en mi familia. La verdad, no me lo esperaba. Pero bueno, tomé lo que los médicos me decían que tenía que hacer y me enfoqué en curarme”.  

“Hay gente que por dos años no se hace una mamografía y es impresionante cómo puede avanzar. En mi caso, en solo seis meses había crecido muchísimo y por eso, más que nada, la preocupación. El haberme hecho chequeos cotidianos me dio muchísimas probabilidades de quedar limpia”.  

El método de diagnóstico por imagen es la mamografía. Una radiografía de la mamá de baja radicación. Especialistas en la materia recomiendan realizarse de forma anual después de los 35 años de edad. Aunque también se registran casos de cáncer de mama en mujeres jóvenes, por lo cual los chequeos ginecológicos periódicos son muy importantes a partir de las primeras menstruaciones, así como el autoexamen mensual. 

“Hay algo que es super tranquilizador para mí: cuento con una buena obra social. No tenía por qué preocuparme si iba a necesitar algo más que poner de mi toda la onda para salir adelante”, explica. Estas condiciones deberían estar garantizadas para todas las mujeres desde la salud pública, opina Luciana, ya que gran parte del tratamiento, como los medicamentos paliativos que ayudan a tener un tratamiento más tranquilo, tienen costos elevados. 

El principal tratamiento para la cura del cáncer de mama es la intervención quirúrgica, acompañado en algunos casos por quimioterapia o radioterapia. En Argentina, además, la Ley 26.872 establece que la cirugía reconstructiva y la prótesis deben está cubiertas por los hospitales públicos, obras sociales y prepagas, en el caso de haber atravesado una mastectomía.

En ese momento, ella entendió que si bien la enfermedad y el tratamiento no iban a ser el centro de su vida o una nube que lo tapara todo, el proceso implicaba una transformación de raíz. “Me tenía que ocupar de hacer algo para mí, que me gustara, que me divirtiera. Una vecina me prestó un terreno y pasé el día ocupada ahí, con las manos en la tierra. Había cosas que me había olvidado, o que no le daba bola. Fue un proceso de pensar si me voy a hacer la quimio es porque quiero seguir viviendo”. 

“Para la primera quimio estaba re cagada, me explicaron todo muy rápido, que me iban a inyectar, que una iba a pasar más rápido. Hay gente que sufre mucho las sesiones. En mi caso, fue super tranquilo, no sufrí vómitos ni me descompuse, intenté tomarlo como un trámite. Aunque por el tipo de cáncer que yo tuve, el tratamiento me va a acompañar durante muchos años”. 

Cuando recuerda cómo lo tomó su familia, aparece una anécdota particular sobre el día que compró una peluca. “En casa se me cagaron todos de risa”, cuenta, “terminamos haciendo un video imitando a Guillermo Vilas con una campera Topper y una vincha. No podíamos parar, llorábamos de risa”. El ridículo fue la alternativa a la victimización, explica.  

“Lo hicimos de una manera muy especial, se festejó cada cosa, cada momento. Mi nieto, Lino, me pasaba la maquinita para raparme y cuando lo iba a buscar al jardín, si yo llevaba un gorro, él me lo sacaba. La naturalidad de él era verme pelada». 

En relación con la pérdida del cabello, Luciana comenta que muchas mujeres lo sufren mucho, por los estereotipos de belleza femeninos que están tan interiorizados en toda la sociedad. “Puede ser un momento difícil porque perdés el pelo de la cabeza, las pestañas, las cejas. Entonces, después, cada ante cada pelusa que sale pensás ¡wow, que lindo! me flamea la melena”. 

En todo el mundo, octubre es el mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, con el objetivo de aumentar la atención, la detección precoz, el tratamiento y los cuidados paliativos. En Luján, organizaciones como Lalcec Luján y Enlazadas, acompañan y realizan campañas para la promoción de la salud en relación con esta enfermedad.

Si tuviera que elaborar un mensaje para otras mujeres, Luciana hace hincapié en la prevención. Aunque no hay posibilidades de impedir la aparición de la enfermedad, sí se puede ganar tiempo. Ante un diagnóstico temprano, hay entre 90% y 95% de probabilidades de recuperación total. Y en cuánto a las películas que tiñen todo de tragedia y miedo, Luciana bromea «deberían prohibirlas».

“Hoy soy alguien, hoy soy yo», sintetiza. «Antes era una maquinita de hacer lo que tenía que hacer. Mucha responsabilidad y autoexigencia de cumplir en el laburo, cumplir como mamá. Hoy valoro la vida, la energía que tengo y trato de alimentarla cada vez más. Yo veía dos opciones, o me deprimía o tomaba lo que tenía y lo transformaba. Lo digo así porque lo viví: se trata de transformarse». 

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