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miércoles, 27 enero 2021

Mujeres sindicalistas: Nadia Rodríguez Agüero, congresal de La Bancaria

En esta sección, militantes gremiales explican los límites, los desafíos, las estrategias y perspectivas que imprimen las mujeres a la hora de participar activamente en las direcciones políticas de los sindicatos.

En la primera entrega de esta serie de notas sobre mujeres sindicalistas, hablamos con la delegada de APOP’S, una de las dos mujeres que ocuparon una silla en la reunión entre 29 sindicatos pertenecientes a la CGT para normalizar la regional General Rodríguez-Luján, y primera delegada mujer dentro de ANSES Luján. 

Con la intención de profundizar en aspectos de la vida política de mujeres, lesbianas, trans y travestis en diferentes gremios, y de conocer cómo los feminismos irrumpieron en las lógicas sindicales históricas, Ladran Sancho continúa entrevistando y dando a conocer historias de militancia de trabajadoras lujanenses.

Nadia Rodríguez Agüero es activista sindical. Tiene 36 años, vive en Luján y trabaja en un banco privado de Capital Federal que tiene una planta de 200 personas,  68% son varones blancos cis-heterosexuales. En La Bancaria, único sindicato del gremio, milita para que la perspectiva de género llegue a la política sindical y al día a día laboral. 

¿Cómo llegaste a La Bancaria? 

El comienzo fue con muchos escollos, porque empecé con una suplencia y cuando se terminó no me querían pasar a planta permanente, ahí empezó mi contacto con el sindicato. Me ayudaron mucho a aguantar los trapos hasta que finalmente me pude afiliar. Fue bastante complicado en el comienzo y ya después, cuando me afilié, noté que el paraguas de protección que te abre es tan fuerte que empecé a poder desarrollar la vida política, que yo tenía ganas de llevar dentro del banco. 

Lo primero que hice fue empezar a militar en la Juventud Bancaria, donde creamos la Comisión de Género. Ahí empezamos con cosas muy interesantes, dándole muchísima visibilidad al cupo trans, que finalmente salió el año pasado, a la campaña por la legalización del aborto (fuimos los primeros en poner gazebos sobre callao para visibilizar que los bancarios estábamos a favor de la legalización), y sumarnos a las actividades de Ni Una Menos por ejemplo, junto con las Mujeres Sindicalistas de la Corriente Federal.  

En Bancaria el «rosqueo» mío era género, era para activar, para conseguir que más compañeras viajáramos a los encuentros de mujeres, que nos prestaran una seccional para alojarnos, conseguir micros, observar por ejemplo que la batucada que nos acompañaba en las marchas del Día de la Mujer estaba conformada enteramente por varones cis heterosexuales, así que unas compañeras levantaron el guante y empezaron a aprender y a ensayar para que no tuviéramos que ir detrás de ellos con nuestros cantos feministas, entre otras cosas.

Mi militancia como congresal es estar en géneros, visibilizando estos temas que están en agenda pública pero en el sindicato, al haber tantos varones, era medio difícil de que penetrara. Hicimos muchas actividades abiertas a todo el público, recuerdo con mucho cariño un panel con la Senadora Pilatti Vergara y una charla con Victoria Antola, donde sentamos a tipos heterosexuales a escuchar lo que tenía para decir la única trabajadora trans, hasta ese entonces, del Banco Central. 

Luego de la legalización del aborto, ¿qué proyectás para los feminismos en general y en el sindicato? 

En principio mi propuesta va a ser empezar a apoyar el estado laico, que sea una militancia real, adoptar el pañuelo naranja, empezar a visibilizar que la iglesia católica se sigue llevando tanta plata del Estado Argentino, que es una vergüenza que sigamos bancando con nuestros impuestos algo que no nos representa a todes. 

Y, en particular, en el sindicato, estamos con la militancia del techo de cristal, que en el banco se ve tan claramente que da pavor, cómo las mujeres y otras identidades seguimos teniendo menos oportunidades, siempre se prefiere pasar a mejor escalafón a un varón. Los chicos tienen muchísimo más tiempo para estudiar, porque en general no realizan tareas de cuidado y crianza. Las mujeres que tienen hijos no pueden hacer eso. 

El techo de cristal es una de las problemáticas más evidentes que tenemos presente en todos los bancos. Muy pocas gerentas, en general son hombres grandes de más de 60 años que no dejan lugar a otras generaciones, acostumbrados a dar órdenes y a trabajar de una forma que ya es vetusta.  

De la misma manera se intenta incorporar en todos los bancos un protocolo para los casos de violencia de género. Es muy común que no solo se conviva con el violento en casa, sino que también se comparta el ámbito laboral, por lo cual la idea es impulsar la firma de un protocolo que brinde respuestas rápidas y concretas para que la persona a violentada pueda acceder a un préstamo para mudarse de su casa, para que tenga tiempo libre extra para lidiar con la situación y que este tiempo no sea ni vacaciones ni licencia psiquiátrica, que no le quede un estigma a la mujer por denunciar.

¿Cómo fue el proceso de reglamentación del cupo laboral trans? 

El proceso en principio fue visibilizar que había un problema. Hasta que alguien no dice algo el problema «no existe» y la gente trans no tenía acceso. La persona que trabajaba en el banco central es una persona muy preparada, sus padres la aceptaron desde siempre, tiene un título universitario, habla varios idiomas. ¿Sabés dónde trabajaba? en el museo, y no por vocación, sino que fue el lugar que le dieron dentro de la estructura, y aunque es una responsabilidad enorme estar en el museo, que sea la que hostea el lugar, que te lleva a dar una vuelta y a conocer, hasta cierto punto ser exhibida, y que no te saquen nunca de ese lugar, es un poco fuerte. 

Nosotres desde la comisión de género empezamos a hablar del problema, empezar a pedir «cupo trans ya» en todas las marchas a las que íbamos, desde Ni Una Menos hasta marchas más chicas por microcentro, hasta que hizo eco e hicimos historia hace poquito cuando se reglamentó, ahí empezó a aparecer gente trans que había presentado su curriculum y nunca les habían llamado, o había un «problema» con la rectificación del DNI. 

A partir de la reglamentación esas cosas se empiezan a pulir más, pero hablo de Capital Federal, no creo que en todo el país esté en el mismo momento histórico. La norma en los bancos es contratar gente blanca y cis, ni gente trans, ni gente marrón. Lamentablemente vivimos en un contexto en el que da «más confianza» que te atienda en una sucursal un varón blanco heterosexual que cualquier persona morocha y ni hablar si encima de morocha sos percibida como disidencia.

Cuando salís un poquito de la norma te empiezan a apretar por otro lado, por eso insisto, es el sindicato el que me dio a mí ese paraguas para poder ser yo misma. Yo salí del closet en el sindicato antes que en el banco, recién lo dije cuando me estaba por casar, porque tenía que dar el nombre de mi pareja. Hoy soy la única persona visiblemente lesbiana o gay que trabaja ahí.

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