julio 23, 2024
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Mujeres sindicalistas: Débora Casula, delegada de ANSES

En esta sección, militantes gremiales explican los límites, los desafíos, las estrategias y perspectivas que imprimen las mujeres a la hora de participar activamente en las direcciones políticas de los sindicatos.

Cuando decimos sindicalista, el imaginario popular nos lleva a pensar en un hombre. La seguidilla de notas que comienza con la historia de Débora busca contar las experiencias y vivencias de líderes mujeres y disidencias que alzaron la voz, se hicieron delegadas, consiguieron logros para trabajadores y trabajadoras y abren camino entre las conducciones históricamente ocupadas por varones.

Las mujeres no nacemos para ocupar solo las secretarías de Género o de Acción Social. Es el lugar que siempre nos asignaron. En los últimos años el movimiento de mujeres, disidencias y el feminista en particular, empujaron la participación de las mismas al interior de estructuras que siempre resultaron adversas e inequitativas para el acceso a los cargos de decisión política. En pleno siglo XXI, que una mujer sea secretaria general de un sindicato, sigue siendo un hallazgo.

Débora Casula es delegada de la Asociación del Personal de los Organismos de Previsión Social (APOPS). Luego de años de trabajar en la Administración Nacional de la Seguridad Social, durante los que nunca pensó en participar de la vida gremial, decidió involucrarse de lleno luego de que varones, que tenían cargos jerárquicos en el organismo, ejercieran violencia por razones de género contra ella.

“Nunca se me pasó por la cabeza ser delegada, de participar en los gremios y en la política. Pero lo que me pasó me despertó, y me puse a pensar cuántas compañeras atraviesan esta situación”, comenta Débora.

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Durante la reunión llevada por 29 sindicatos pertenecientes a la Confederación General del Trabajo (CGT) para normalizar la regional General Rodríguez-Luján, solo estuvieron sentadas en el espacio de debate dos mujeres. Una de ellas fue Débora, la única mujer que tomó el micrófono. Allí, felicitó la organización, mostró a disponibilidad para construir la herramienta gremial y dejó un mensaje claro.

“Yo les dije que nos dejen el lugar, que nos abran las puertas. Tenemos las mismas capacidades, estamos ahí y queremos participar. Hay mujeres que tienen más carácter y van más al frente. Las mujeres tenemos que unirnos y pelear juntas para abrir las puertas. Es un camino muy difícil que nos toca para poder ocupar lugares de poder”, cuenta.

“Soy la única delegada mujer y la primera delegada mujer dentro de ANSES Luján”, narra Débora algunos días después de esa reunión. Lleva la chomba azul de APOPS y explica que a ella le sucede lo mismo que muchas: entre el sindicato, la oficina de ANSES y la casa, tiene triple laburo.

Por eso, entiende y ejemplifica, con su historia personal, una desigualdad estructural que ha mantenido afuera de los espacios de decisión a las mujeres durante toda la historia. “Muchas veces es el doble de difícil. No se acostumbra a que una mujer se pare y defienda ciertos derechos que tal vez antes no estaban tan visibles”.

La historia de Débora es un claro ejemplo de las represarías que sufren las mujeres al denunciar violencias. A ella por “plantarse” la suspendieron cinco días. “En ANSES para que te suspendan 5 días tenés que robar, tenés que golpear a alguien y no pasó nada de eso”, explica.

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A raíz de la situación de violencia que atravesó, Débora tomó un camino de lucha y organización, por sus derechos y por los de sus compañeras y compañeros. Porque entendía que esa era la manera de que nadie pueda hostigar y generar miedo en el lugar de trabajo. En ese momento, “el gremio se planteó la situación y finalmente se decidió organizar una elección en la que fui elegida como delegada”, detalla.

“Esto me sirvió para hablar con y para las compañeras que hoy tienen ese temor de no hablar, de no decir”, afirma Débora. El miedo y los tabúes aún existen, pero ella nota una transformación en sus compañeras de trabajo, que comienzan a consultar y hablan sobre violencias históricamente naturalizadas. “Al principio no sabía si iba a ser el camino correcto, pero sabía que alguien tenía que pararse y frenar lo que estaba sucediendo”.

De estás conversaciones con las compañeras de ANSES, surgió un diagnóstico y una proyección: “Las mujeres estamos con ganas de generar estos espacios de participación. Tenemos que trabajar en quitar el miedo que se impuso históricamente. Hay que trabajarlo despacio, más en mujeres que somos grandes”.

De a poco, valora Débora, comienza a entrar la perspectiva de género en las discusiones. “Queremos hacerles ver que por ser hombre o tener un cargo más importante no tenés la razón. Acá lo único que se busca es que el trabajador esté tranquilo y sepa sus derechos”. Y agrega: “Queremos erradicar la violencia verbal y el hostigamiento”.

“Me gusta este rol de delegada, estuve en un lugar en donde no sabía a quién pedirle ayuda. El gremio me ayudó y me abrió el camino para saber qué tenía que hacer, qué herramientas tenía para luchar contra las injusticias. Es triste que un trabajador tenga que hacerlo tensionado y con problemas laborales”.

Entre las ideas para promover la participación de las trabajadoras, está la propuesta de una mesa de mujeres. “Tenemos que estar y participar”, comenta, “nosotras representamos a nuestros gremios, tenemos el derecho de poder estar”. Sin embargo, para ellas, muchas puertas están tapiadas con conservadurismo y otras resistencias ideológicas y hasta pareciera que hace falta aclarar “no queremos robarle el trabajo ni el puesto a nadie. Pero queremos que nos escuchen”.

Sentarse en algunas mesas, implica tocar una fibra sensible en las construcciones políticas tradicionales: “Cuando hay mujeres se cambia absolutamente la forma de la discusión”. Los mecanismos de opresión de ese sistema político al que llamamos patriarcado ha sabido también encapsular los despertares políticos de las mujeres en los sindicatos y otras estructuras: “Siempre que se nos asigna un lugar son espacios de Género, parece que nos dicen tengo para coser, porque no vas a ahí“.

Débora también desarrolla una mirada sobre el 2020 y expone que la vida de sus compañeres de ANSES se vio modificada al intensificarse el trabajo, “desde compañeros que se quedaron laburando desde la casa hasta yendo al territorio para llegar a los vecinos que no se pueden acercar a la oficina. Fue y es un trabajo desgastante pero muy reconfortante a la vez. El agradecimiento de la gente es muy satisfactorio”, agrega.

A consciencia del rol que cumple en el espacio, Débora explica que está en formación constante. “El gremio tiene reuniones de capacitaciones para los delegados para saber qué tenemos que hacer, cómo tenemos que actuar, y a quién podemos recurrir para ayudar a un compañero o compañera. La última que hicimos fue justamente de violencias de géneros”.

Ante la pregunta de ¿cómo cambió su vida el sindicato, la política y la organización? Débora responde que la transformación fue en todos los ámbitos de su vida tanto en su casa, con su familia, como en el trabajo. Ya no se guarda nada. No se calla, se sienta y dialoga hasta entenderse. “Yo antes pedía permiso hasta para tomarme un vaso de agua y no estaba haciendo nada fuera de lugar. Ahora sé mis derechos y qué me corresponde hacer”.

Autores: Julián Inzaugarat – Lucía Felice.

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