Pasaron las primeras elecciones con la ley de paridad de géneros vigente, momento de repasar algunos desafíos pendientes a la hora de pensar la participación política diversa. ¿Cuánto de proceso real y cuánto de maquillaje electoral hay en las listas de candidates?

En nuestro país, del total de 2.271 municipios, sólo 267 son conducidos por mujeres. El lugar que ocupamos junto a las disidencias en las listas, las organizaciones políticas y las campañas electorales sigue estando cargado de desigualdad.

La Provincia de Buenos Aires tiene, hasta el momento, sólo cuatro intendentas mujeres del total de los 135 municipios que la componen. Sandra Mayol (San Miguel del Monte), Verónica Magario (La Matanza), Fernanda Antonijevic (Baradero), y Érica Revilla (Gral. Arenales).

En las #PASO2019 fueron ocho las mujeres de la provincia que lograron superar diferentes internas y posicionarse de manera positiva para las elecciones de octubre. El contexto sigue dejando en evidencia que hay espacios en los que todavía no somos bien recibidas.

Hacernos lugar

Al pensar cuáles son los roles que ocupan las mujeres y disidencias en los diferentes espacios políticos, las listas o las campañas, aparecen pocos casos de quienes «llegan» o que el machismo ha dejado llegar. El porcentaje que representamos es poco o los lugares que ocupamos siempre terminan teniendo cara de sentido común.

Basta pensar en la mismísima María Eugenia Vidal, como primera gobernadora en la historia de la provincia quien posee un gabinete íntegramente compuesto por varones. O, en nuestra ciudad, Graciela Rosso, como primera intendenta mujer. El proceso histórico evidencia que hacernos lugar en la política fue y sigue siendo tarea difícil.

Es preciso detenerse en el lugar que ocupamos en las campañas y sus discursos. Rodeadas por un contexto donde el feminismo ha logrado posicionarse como fuerza política y dar discusiones en los diferentes ámbitos sociales, las campañas toman aspectos de ese discurso y lo convierten en bandera. La pregunta que queda en el aire es si se trata de marketing electoral o se traducirá en políticas públicas que atiendan las múltiples demandas.

Como ocurre con variedad de grupos sociales, en la medida en que las mujeres y disidencias no formemos parte activa de las discusiones, pero sobre todo de la toma de decisiones, con nuestra real libertad de opinar y construir políticamente; la jerarquización de las diferencias sexuales seguirá garantizando la desigualdad imperante.

En este mismo sentido, lo coyuntural demanda pensar más allá de la binaria definición de genitalidad, algo que todavía es deuda pendiente para las organizaciones políticas, para concretar la participación en sus listas de todas las disidencias.

La ley y la trampa

Fuente: https://feminindex.com/

En estas elecciones la Ley Nacional N° 27.412 de Paridad de Géneros en Ámbitos de Representación Política (que ha sido reglamentada mediante el decreto 171/2019) estableció que la obligatoriedad de equiparar cantidad de hombres y mujeres y que la manera en que deben ubicarse en las listas electorales sea intercalada.

En nuestra localidad, la ley ha sido contemplada y cumplida. Pero el lugar que seguimos teniendo en los puestos de jerarquía sigue siendo desigual. En octubre la única candidata a intendenta será Daniela Cooper (en representación del FIT – Unidad). Las demás listas, encabezadas por hombres y cargadas de personalismos, siguen, salvo excepciones, ubicándonos en lugares de relleno o cargados de estereotipos.

La imagen que mejor grafica esta realidad sería: detrás de un gran hombre hay un montón de buenas mujeres. Los derechos conquistados que promueven nuestra participación, son pasos en la dirección correcta, pero todavía hay estructuras sociales que impiden que podamos acceder en igualdad de condiciones a los lugares de poder real. Esto no puede ser obviado por aquellos que pretenden gobernar en nuestras ciudades, sentarse en despachos importantes y tener el poder de decidir e incidir en nuestra sociedad.

Deconstruir más que el discurso

Son los discursos verbales y no verbales, las imágenes o pequeños gestos, los que terminan poniendo sobre la mesa lo real. Los tiempos electorales terminan siendo testimonio vivo del uso insistente de mensajes con el objetivo de ganar votantes apelando a la retórica feminista. Intentando reducir un movimiento político al nivel de una campaña publicitaria.

Tendremos que evitar que el lugar que ocupemos en las fotos sea el de un adorno y que los tiempos que nos dejen para hablar ante en medios sea la «frutilla del postre». Hemos demostrado que tenemos mucho que aportar a la discusión.

Tendrá que ser este tiempo un paso más, una caja de resonancias. Y que el sonido que retumbe sea, el de los pasos hacia un proceso de transformación real de los espacios de decisión, que nos encuentre juntes, en la construcción colectiva de espacios con más participación política diversa e inclusiva.

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