febrero 26, 2024
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“Mi viejo me inculcó que Malvinas era un mensaje, que en las situaciones difíciles nadie se salva solo”

A 40 años de la guerra de Malvinas, en Luján se homenajea a los héroes con múltiples eventos. Yanil Auce y Abel Rausch, hijos de veteranos, dejan su mensaje y cuentan cómo les tocó vivir estos años junto a sus padres.

Se cumplen 40 años del conflicto armado de Malvinas y Ladran Sancho recoge algunos testimonios de hijos e hijas de veteranos. Abel Rausch es hijo de Abel Rausch, presidente de la Asociación de Veteranos de Guerra de Luján y actualmente es secretario General de la Intendencia. Yanil Auce es hija del veterano Auce y periodista de la ciudad.

En el marco de un nuevo aniversario de Malvinas, analizan y reflexionan acerca de un acontecimiento que los atraviesa y pregonan la idea de seguir luchando por la soberanía de las Islas. Recuerdos, homenajes, vivencias y el legado más latente que nunca.

Abel Rausch: “Malvinas es un mensaje o una manera de pararse frente a la vida”

—¿Personalmente como vivís el tema Malvinas?

—Para mí Malvinas nunca fue una guerra, un tema relacionado a lo bélico, por lo menos en mi casa con mi papá. Mi viejo siempre me inculcó que Malvinas era un mensaje o una manera de pararse frente a la vida, que en las situaciones difíciles nadie se salva solo. Por lo menos esa es la conclusión que más recuerdo de chico. A mí no me tocó vivir Malvinas como un trauma en la postguerra, por ahí a otros hijos sí. También es cierto que nací en el 89 y los años más difíciles de los ex combatientes fueron entre el 82 y el 91, que fue cuando el Estado Nacional no los reconocía.

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—¿Cómo se vivía en tu casa?

—En mi casa siempre fue Malvinas en acción. Más derechos, la construcción del cenotafio en Darwin y todas las campañas de recolección de fondos. Yo de chico acompañaba a mi viejo a todas las canchas. Era que los excombatientes desfilen, hagan la vuelta olímpica y que todas las hinchadas canten “el que no salta es un inglés”, o el himno. Fuimos a cancha de River, de Boca, de Racing, vi superclásicos. Para mí Malvinas en mi infancia siempre fue algo vivo, con la expectativa de la reivindicación de la soberanía, pero nunca como algo traumático y también eso se lo agradezco a mi viejo, porque siempre está ese prejuicio de cómo quedaron o que les pasó pero en mi casa yo nunca tuve ninguna escena con mi viejo de ningún tipo. Sí de emoción, de compartir un asado con sus compañeros.

—¿Y a vos en qué te cambió?

—Me acompañó estudiando en la escuela, en la universidad, siempre Malvinas era un tema. Yo estudié Ciencias Políticas, nos gusta la historia, la política y creo que la causa Malvinas resume un montón de cosas de Argentina como país. Las luchas históricas, el enfrentamiento al colonialismo, la dependencia económica.

—¿Cuándo se te despertó ese interés por hablar con tu viejo sobre Malvinas?

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—Nunca hablé con mi viejo en detalle de lo que fue la experiencia bélica. Nunca. Así mano a mano, nunca. La pregunta que les hacen a todos los ex combatientes, ¿te tocó matar a alguien? Se más de lo que sucedió en las Islas por lo que han hablado entre excombatientes en una mesa, en un asado. Ahí fue donde yo pude tener más contacto de cómo fue el día a día de ellos en las Islas.

—Sufrieron mucho los veteranos a la vuelta de las Islas…

—Mi viejo siempre detestó que hablen de “los chicos de la guerra”. El tema de la victimización, de que eran chicos, de que no sabían a qué iban, que no estaban preparados, que enfrentaron a un ejército mucho más poderoso no quita que ellos tuvieron un gran desempeño y que se hicieron cargo de un momento histórico que les tocó vivir. Ellos no hicieron un papel indigno, entonces cuando se plantea esto de los chicos de la guerra, pobrecitos, lo único que se hace es subestimar el rol que ellos tuvieron. Entonces cuando ellos ven ese mensaje pedorro hiere la sensibilidad mucho más que otras cosas.

—¿Qué mensaje se le deja a las nuevas generaciones?

—Hay que ser muy persistente para no dejarse derrotar culturalmente. El tiempo este posmoderno marca que todo es efímero y todo marca de que Malvinas es algo de lo que no hay que preocuparse. Me parece que las nuevas generaciones tenemos la oportunidad de que Malvinas siga siendo una cuenta pendiente para todos. Me parece muy importante que ese reconocimiento de las nuevas generaciones no esté relacionado a la guerra. Que no sea una cuestión bélica Malvinas. Cuando un pibe entra en Malvinas desde las armas, los aviones las ametralladoras, los aviones, no es ese el mensaje. Por lo menos para mí nunca lo fue. Siempre fue otra cosa, el defenderlas porque son nuestras, porque tenemos derecho geográfico, histórico, económico. Hay un montón de cosas para que Malvinas sea una causa viva de acá a futuro.

—¿Cuál crees que es el rol que debieran cumplir los hijos de veteranos de Malvinas?

—Yo creo que el tiempo dirá cuál va a ser el rol de los hijos. Si comparto que tenemos que tener un rol y seguir sosteniendo la bandera de Malvinas, pero el rol de seguir manteniendo viva la causa de Malvinas es de todo el pueblo argentino, no solo de los hijos de los veteranos de guerra. Me parece también no pretender ocupar un espacio que es de los veteranos, que son quienes fueron a pelear. Ellos se pueden defender solos y vaya si lo han hecho.

—¿Qué anécdota tenés que te haya marcado en todo este camino?

—Una muy fuerte que me acuerdo de muy chico es cuando estaban con la construcción del nuevo cenotafio en Malvinas. Yo era muy chico. Cambian las cruces que estaban en Darwin y algunas de esas cruces estaban en la asociación, ahí en la calle Las Heras. Realmente fue un momento muy fuerte. Estaban todos sentados en ronda, acomodándolas y yo lo viví como un momento muy especial. El momento de ellos, con las cruces fue muy fuerte. Podría haber sido una cruz de alguno de ellos.

—¿Qué significa tu viejo para vos?

—A veces es difícil hablar con nuestros viejos, pero yo se lo pude decir. Gran parte de lo que yo soy y de lo que me decidí hacer fue porque él me dio ese ejemplo. El defender las cosas que son de todos, que la patria no se vende. Por ahí son frases hechas, pero son cosas que me inculcó porque tuve un padre que le puso el cuerpo a eso.

Yanil Auce: “Malvinizar es una misión y un orgullo”

—¿Cómo te toca vivirlo a vos como hija?

—Siempre fue muy particular, yo siempre marco como varias etapas. Cuando era más chica, que por ahí visibilizaba la cuestión Malvinas solamente el 2 de abril. Siempre era muy difícil hablar con papá, por lo menos los primeros años. Sí nos llamaba la atención. Siempre lo vivimos con muchísimo respeto, por momentos con mucho silencio y ahora de grande hablamos más del tema. Por ahí nos juntamos a comer un asado y surge de él, nos muestra cosas relacionadas. Entendemos que todas las personas tienen su tiempo para hablar y sobre todo más sobre una guerra. Él se lo tomó a ese tiempo y después de eso nos empezó a contar cosas.

—¿Cuándo quisiste saber más acerca de Malvinas?

—La realidad es que siempre uno tiene inquietudes, preguntas. A mí más en la adolescencia se me dio por hacer más preguntas. Él no habló nunca de la guerra en sí, sino hasta te diría desde una posición de humor, en el buen sentido. Recordando anécdotas con compañeros. Muchas otras cosas nos las enteramos por otros veteranos.

—¿Y en tu casa cómo se vive?

—Siempre el tema está muy latente. Por ahí surge en alguna cena familiar. Por ahí se acuerda de alguna cosa y surge, también lo hablamos mucho con mi abuela, porque también ellos vivieron un momento muy especial y muy doloroso, de saber si él iba a volver o no. Vos entrás a mi casa y en una pared están todos los reconocimientos que a él le dieron, desde el primer diploma cuando el Estado apenas hablaba del tema.

En cada viaje familiar, los Auce buscan los monumentos homenaje a los caídos y a los veteranos de Malvinas.

—¿Sentís esa responsabilidad de seguir malvinizando?

—No siento esa obligación de malvinizar, pero también entiendo que no es casual que yo haya elegido esta profesión. En mi familia soy yo la que más habla del tema. También trato de que en mi laburo Malvinas esté siempre. En Luján Hoy hay una sección específica, a la par de las otras, que solo habla de Malvinas. Más que una obligación para mí es una misión y es un orgullo.

—Si tuvieras que quedarte con alguna anécdota, ¿cuál elegirías?

—Era muy chiquita y como yo siempre participaba de los actos siempre me invitaban desde otros lugares, íbamos a exposiciones de aviones o que estaban relacionadas con la guerra y a mí me gustaba mucho. Yo había llegado a tener preferencia por los aviones y toda esa cuestión bélica, que por ahí cuando vos sos chico lo relacionas con esa cuestión. Me acuerdo que por casa pasaban los aviones, como habitualmente pasan y yo creía que lo venían a buscar a él. Entonces un día lo agarré y le pregunté si lo venían a buscar a él. Él se reía, pero en parte entendía que todo eso que le tocó vivir, en ese contexto de la Argentina a mí también me había llegado y en parte me afectaba.

—¿Qué significa tu viejo para vos?

—Mi papá es un ejemplo de lucha, de fuerza, de sacrificio. Mi viejo es todo.

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