Luego de pasar cuatro días presa al ser reprimida por la Policía Metropolitana, Ladran Sancho entrevistó a Natalia Pérez de la Defensoría de Género Luján. 48 horas después de ser liberada volvió a marchar contra las políticas del gobierno macrista. Miedos, convicciones y esperanza de una lujanense que no afloja.

“¡Que alegría verlas!” dice al encontrarnos en la terminal de ómnibus, dispuesta a volver a poner el cuerpo. Son las 9 de la mañana del lunes. Apenas pasaron dos días desde que Natalia recuperó su libertad tras ser reprimida en la marcha contra la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio. A las dos de la tarde diputados volverían a sesionar para tratar el proyecto de reforma previsional impulsado por el ejecutivo nacional.

Muchas organizaciones políticas, sociales y gremiales llenaron colectivos que al mediodía llegarían a la Plaza de los dos Congresos. “Preferimos venir temprano por si después no podemos pasar”. La acompaña Paula, su compañera de militancia y de vida, quien estuvo a su lado todos estos días de incertidumbre y una vez más vuelve a hacerlo.

“Y sí, la verdad es que estamos un poco locas” dice antes de subir al 57. Está tan fresco, tan latente todo lo que pasó que incluso lleva puesta la misma remera que tenía en el momento en el que la liberaron. En su mochila lleva su kit antirepresión y, por supuesto, su pañuelo de la Defensoría de Género. Está preparada para ir al frente, otra vez.

-¿Cómo fue el momento de la represión?

-En la columna íbamos alrededor de 300 personas. Veníamos desde Congreso hasta el Obelisco donde íbamos a hacer un acto simple y después nos retirábamos. Sabíamos que en la desconcentración se podía complicar porque en movilizaciones anteriores de este año, como la de Santiago Maldonado o en la de Ni Una Menos, la cacería y la represión se dio en la desconcentración.

Por eso empezamos a retroceder todos juntos, donde comenzamos a ver la gran movilización de la policía. Empezaron a mostrarse y a perseguirnos. Retrocedimos cada vez más, siempre juntos y ahí empezaron a reprimir con balas de goma y gas pimienta. Nos encerraron. Había mujeres con hijos, familias. Todos los compañeros de adelante recibieron impactos de balas de goma.

-Entre ellos vos…

-Sí, a mí me dispararon de atrás y caí al piso -dice mientras se toma la pierna lastimada por el impacto-. Sentí mucho dolor pero sobre todo miedo a que me maten a palazos. Estás desprotegida, no sabés qué va a pasar, eso es lo peor. Más allá de la barrera de policías que me rodeaban, mi imagen son tres o cuatro armas apuntándome.

Recuerdo que me dijeron “quedate quieta y no te pasa lo de Maldonado”. Eso fue muy movilizante. En medio de todo lo que estaba pasando, que lo dijeran tan abiertamente aunque fuera entre dientes.

Mientras relata parece volver a vivir esas imágenes. Le brillan los ojos, se le eriza la piel. Sin embargo su voz se mantiene firme al igual que sus convicciones.

“Al principio, supongo que hubo una orden de no tratarnos mal. De hecho pude usar mi celular para avisarle a mi familia y a las compañeras que estaba detenida. Nadie lo podía creer porque está latente el tema de la represión pero nunca te imaginás que puede pasarte a vos”, rememora.

Acción directa y autodefensa. “En la defensoría entendemos que hay que ir al frente para defender nuestros derechos” Foto: Julieta Brancatto

En General Rodríguez se suma Laila, otra compañera de la Defensoría de Género que también estuvo con Natalia en todo momento: desde la represión, hasta que fue liberada. La red de Defensorías tiene sedes en varias zonas de la Provincia de Buenos Aires, incluyendo a nuestra ciudad. Con representantes en Pilar, Malvinas Argentinas, Escobar, San Isidro, Moreno, La Matanza, Lomas de Zamora, Ezeiza y Villa Fiorito, estas organizaciones se encargan de denunciar situaciones de violencia contra las mujeres, y de exponer a quien la ejerce.

-Tampoco pensás que esa idea que se da alrededor de la violencia institucional es tan real a la hora de vivirla personalmente

-Tal cual, la violencia institucional y policial se sintió en cuanto a requisas, revisiones. Me expusieron permanentemente a muchas situaciones donde se mezcla el denigrarte, el humillarte y exponerte a mucha violencia. Sin embargo yo sabía que eso pasaba porque desde nuestro trabajo en la defensoría vemos estas experiencias a diario, pero no es lo mismo ponerle el cuerpo una. Es fuerte. También por la incertidumbre de no saber qué va a pasar, porque la policía decía muchas cosas pero no sabía cuál era la posta.

Sin embargo Natalia destaca el poder de pertenecer a una organización. Porque una vez detenida, la Defensoría y la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) la reclamaron, su familia también. Eso generó que el trato policial para con ella no fuera extremo.

La movilización de las organizaciones y de mi familia fue fundamental para presionar y que me traten bien. A otras personas las molían a palos adentro.

“El apoyo que venía desde afuera me dio mucha fuerza. Y también el de las compañeras que estaban conmigo en la celda. Me comprometí a acompañarlas porque conocieron y entendieron lo importante de estar organizada y que esa orga te banque. Ellas al no tener nadie que las reclame, que presione por ellas, estaban totalmente varadas ahí. Y entonces empezaron a manifestar sus ganas de organizarse. De hecho ni siquiera sabían que aún dentro de ese lugar, tenían derechos”.

Llegamos a Morón. Después de la salvaje represión desatada el jueves, Gendarmería Nacional había sido desplazada del operativo de seguridad en los alrededores del Congreso. El relato se interrumpe cuando al correr las cortinas del colectivo, se divisa una decena de camiones de Gendarmería esperando la orden para avanzar.

-Se esperaba que te liberen en 24 horas, pero parece que Bonadío no tenía la misma intención que tus representantes legales.

-El problema empezó cuando me trasladaron el jueves 7:30 a Comodoro Py para declarar. Primero fue terrible saber que no me liberaban en el término de las 24 horas previstas. Yo no sabía que me trasladaban a tribunales, siempre que me movían pensaba que me iban a liberar. Saber que tenía que seguir adentro fue terrible: se me cayó el mundo abajo. Las horas se hacen eternas y la cabeza te come.

-¿Cómo fue esa experiencia en Comodoro Py?

-La pasas muy mal. Es recurrente el hostigamiento y el hacinamiento porque estás en una celda con diez personas más. Había muchas mujeres con causas armadas, embarazadas, había una chica que había sido mamá hacía tres días y tenía la cesárea con principio de infección, mujeres de la villa 31 que se las acusaba de pertenecer a una súper organización de drogas y ni siquiera sabían leer y escribir.

A medida que avanza en el relato parece volver a vivirlo. Frunce el ceño y aprieta sus puños. Otra vez piel de gallina y no es por el aire acondicionado.

Ahí empezás a palpar bien de cerca la violencia policial, con quiénes se la agarran que son los sectores más débiles de la sociedad. Eso fue lo más terrible de todo, porque lo demás lo asumí. Yo decía “estás acá por algo, porque te movilizaste”, pero ver a todas esas personas en esas situaciones donde las trataban tan mal, me movilizó mucho. No tenían nada de compasión, ahí fue cuando estuve más quebrada”.

Sus compañeras bajan la cabeza. No sienten pena, pero el relato es de dolor. Natalia respira profundamente y continúa.

“Hay mucho maltrato. No nos daban agua, las celdas eran muy pequeñas y cero acondicionadas, había bichos de todo tipo, estaban sobrepobladas. Éramos ganado. Nos trataban básicamente como a los esclavos. Sufríamos maltrato verbal, psicológico y físico”.

Comodoro Py fue lo más terrible en cuanto a violencia institucional. Si afuera se vulneran un montón de derechos, ahí adentro directamente no existís como persona.

Llegamos a Capital Federal. El colectivo nos deja en Independencia y Entre Ríos. A ocho cuadras el Congreso Nacional está completamente vallado y rodeado de policías. Comenzamos a caminar hacia allá. A medida que avanzamos vemos llegar colectivos y combis con decenas de uniformados listos para atacar. Parecen preparados para ir a la guerra.

“Hay mucha deshumanización y despersonalización. Es angustiante. Ellos –refiriéndose a las fuerzas de seguridad- son máquinas que se mueven siguiendo órdenes y haciendo abuso de poder, por el abuso mismo, sin ningún tipo de sentido. Nos ninguneaban y chicaneaban. La policía disfrutaba, gozaba haciéndote mierda”.

18.12.2017. Después de una jornada caliente en el piso sólo quedan piedras y casquillos de balas junto a un consigna clara: No a la reforma previsional. Foto: Julieta Brancatto

Después de cuatro días Natalia Pérez fue liberada tras ser acusada de intimidación pública y resistencia a la autoridad. Pasó por varias dependencias: la unidad 28, la comisaría 15, Madariaga y Comodoro Py. En todas vivenció la violencia institucional.

-¿Cómo fue el momento de la liberación?

-Cuando salí me emocioné mucho. Me estuvieron bancando ahí afuera tanto tiempo. Ver a mi familia y a los compañeros resistiendo fue muy movilizante. También fue muy fuerte ver cómo mi familia entendió de qué se trata esta lucha.

Que no se trata de gente que va a las marchas porque le pagan, van por convicción. Porque creen en eso y esto que hicieron por mí lo harían por cualquier compañero. Entendieron la solidaridad, el estar ahí y bancarse todo lo que venga.

-Nunca habías estado detenida. ¿Te reconfiguró de alguna manera toda esta experiencia?

-Tengo que estar acá. Es la vida que yo elegí. Estoy convencida de lo que estoy defendiendo y tengo un montón de compañeros con los que estamos en la pelea. Estamos de este lado y tenemos que salir a la calle porque creemos que esa es la única manera de defender nuestras ideas contra los avances de este gobierno que nos quiere disciplinar metiéndonos en cana pensando que esto nos doblega. Al contrario, esto redobla el esfuerzo, las ganas de salir por esta lucha.

Estamos cada vez más cerca de la plaza. A medida que avanzamos se escuchan los bombos y los cánticos de la gente. El pueblo unido jamás será vencido resuena entre los edificios del barrio de Congreso, los cuales generan una acústica perfecta. A pocos metros Natalia, Paula y Laila ven a sus compañeras, que las estaban esperando. Natalia se emociona, nada de lo que vivió estos últimos días la detiene y sale al encuentro con ellas. Quiere estar ahí, debe estar ahí.

-¿No tenés miedo?

Sería mentiroso decir que no tenía y no tengo miedo. Pero sé que es el lugar en el que tengo que estar, y eso es más fuerte que el miedo. Todo por lo que pasé no pudo ser más fuerte que mis convicciones.

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