Mayo, el mes de la Virgen y de la patria

Sergio Gómez Tei
Sergio Gómez Tei
Sacerdote, integrante de la Asociación Negrito Manuel de Luján.

El 8 de mayo se celebra a la Virgen de Luján. La imagen de la Purísima Concepción llegó en carreta, se quedó a orillas del Río Luján en 1630, y fue elegida tres siglos después como Madre y Protectora de la Argentina.

La imagen fue cuidada durante 40 años en el lugar del milagro por Manuel, africano esclavizado. Traída en 1671 a las tierras cedidas por Ana de Matos también a orillas del Río Luján, donde hoy está nuestra ciudad, allí se levantó su primera capilla llamada “de Montalvo”, en memoria del cura sanado por el Negro Manuel con el aceite de la lámpara de la Virgen, que termina e inaugura la capilla pública 1685. Ese lugar fundacional está a 50 metros de la Basílica, es Lugar Histórico Nacional desde 1986. Es el corazón histórico de Luján.

El origen de la Virgen que se quedó en Luján incluye tres personas fundamentales y decisivas: el Negro Manuel, doña Ana de Matos y el cura Pedro Montalvo y ese conjunto de acontecimientos ocurridos a lo largo de los primeros 70 años de la historia. Manuel muere en 1686, Ana de matos en 1698 y el cura Montalvo es el capellán de la iglesia hasta su fallecimiento en 1701.

El 25 de mayo también celebramos la Revolución de 1810, la primera gesta por un gobierno patrio en la Argentina, aunque hubo una declaración de la Independencia años después.

La Revolución de Mayo fue un acontecimiento complejo donde participaron desde gente de buen pasar económico y buen nivel de estudios, hasta personas simples del pueblo, mestizas, criollas, pobres, indígenas y afrodescendientes. Civiles, militares, con distintos intereses y proyectos, todos formando un pueblo movilizado en favor de la dignidad y la libertad. Estos sucesos de 1810 y 1811 representan el origen de la formación de la patria y el inicio de la lucha por la Independencia.

Aquel gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata tuvo un antecedente patriótico en 1806 cuando gente gaucha de poblaciones rurales convocadas entre otros por Pueyrredón, se reunieron en el Cabildo de Luján y llevando la cinta con la medida de la Virgen como distintivo, marcharon con la decisión de llegar a la ciudad de Buenos Aires invadida por fuerzas de ocupación inglesas.

Esta gesta popular llamada “primer hito de la argentinidad” no tuvo el éxito esperado, los 300 hombres armados perdieron en la batalla de Perdriel, contra las tropas enemigas. Pero este hecho abrió las puertas a nuevas incursiones que lograron reconquistar la ciudad. Las fuerzas patriotas volvieron a su defensa ante una nueva invasión inglesa en 1807 y constituyó el fermento de un pueblo movilizado que ya no sería el mismo, y que en 1810 y 1811 se haría presente.

No es casual que en aquellas décadas hayan pasado por el templo llamado de Lezica, inaugurado en 1763, nuestros principales patriotas como Belgrano y San Martín. El primero estuvo en Luján yendo de camino con las tropas rumbo a Rosario donde presentaría la enseña patria por primera vez a orillas del Río Paraná. Y San Martín visitó a la Virgen de Luján por última vez al regreso de su campaña libertadora desde Lima, antes de viajar al exilio forzado por la situación local, esto ocurrió a fines del 1823. El Libertador había llevado un relicario perteneciente a su esposa, con la imagen de la Virgen, que lo acompañó en sus luchas en Chile y Perú.

Estas pinceladas históricas pueden servir para afirmar algo que hoy en día sigue teniendo mucha vigencia y resulta necesario integrar sabiamente. Es aquello de la fe y la lucha.

La fe sobretodo cristiana tiene un lugar principal en la vida y la manera de ser de nuestro pueblo, especialmente en los sectores populares. Esto implica una cierta pertenencia cordial a la Iglesia, se vive y expresa en muchas oportunidades de manera autónoma, es decir diferenciándose no oponiéndose, aunque recorriendo caminos diferentes en busca de una finalidad común: reconocer en los hechos la dignidad de las personas y la soberanía de los pueblos. Esto constituye una lucha primordial, que se hace cotidiana, humanista, política y un amor por las demás personas, que lleva a la entrega de la propia vida, de múltiples modos. Por eso mayo nos convoca a celebrar la fe y la lucha, haciendo memoria y viviendo el presente.

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Sergio Gómez Tei
Sergio Gómez Tei
Sacerdote, integrante de la Asociación Negrito Manuel de Luján.

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