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miércoles, 21 abril 2021

Malvinas en carne propia: «En el momento en que te toca empuñar un arma, dejás de ser pibe»

Se cumplen 39 años de la Guerra de Malvinas y habrá homenajes en diferentes puntos de la ciudad. Abel Rausch, presidente de la Asociación de Veteranos, hace memoria y no olvida a sus compañeros caídos en combate. Una entrevista que recorre el sendero de la emoción y la memoria.

Como cada 2 de abril, se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Hoy realizarán el tradicional acto en el monumento de Malvinas y rendirán homenaje a los que dieron su vida por la patria. En este sentido, también habrá homenajes en la Asociación de Veteranos.

Abel Rausch es presidente de la Asociación de Veteranos de Guerra de Malvinas y hoy, a 39 años del conflicto armado con Inglaterra, recuerda el momento en el que se tuvo que subir a un avión y partió hacia Puerto Argentino. Con apenas 19 años, permaneció en Malvinas durante 70 días y asegura que lo salvó la unión que tuvo con sus compañeros.

Entre lágrimas y el recuerdo a los caídos, Abel habla sobre la post guerra y lo difícil que fue tener que luchar contra el olvido y un pueblo que le dio la espalda durante muchos años, luego de la rendición. Hoy habla de seguir malvinizando, para que las nuevas generaciones se interioricen y lo que sucedió en Malvinas no sea olvidado.

En diálogo con Ladran Sancho, repasa el momento en el que desembarcaron en el archipiélago, el primer bombardeo inglés el día de su cumpleaños y el tener que ir a defender el territorio, siendo tan jóvenes.

—¿Cómo era tu vida, antes de Malvinas?

—¡Simple! Una juventud trazada por alegrías, pero también por algunas tristezas, por lo que vivía nuestro país. La represión, la desaparición de personas. No fueron tiempos buenos. Tenía una buena vida, una buena familia, con libertades por parte de la familia, pero coartadas las libertades por los tiempos que nos tocaban vivir. No se podía caminar a la noche, te pedían documento, los menores no podían andar después de determinada hora, con el ejército transitando las calles de Luján.

—¿Cómo te enteraste que tenías que ir?

—Estábamos de baja, en una de esas licencias que te daban antes de terminar el servicio militar obligatorio. Me avisan que me tengo que reincorporar. El 8 de abril nos reincorporamos y el martes 13 de abril, alrededor de las 9 de la mañana, estábamos bajando en el aeropuerto de Puerto Argentino.

—¿Se habían preparado?

—Fuimos casi soldados. Yo nunca fui soldado y nunca lo voy a ser. Tuve que desempeñar funciones que tenían que ver con un soldado. Lo hice con orgullo, pero no estaba preparado. Yo había tirado seis tiros en la colimba con una 9 milímetros. ¿De que instrucciones hablan?

Foto: Victoria Nordenstahl.

—¿Sabías a dónde los llevaban?

—Yo sabía que iba a Malvinas. Yo no tenía que ir pero un amigo, Roberto Miguel de Mercedes, que teníamos el mismo rol de combate apuntador de un cañón de 105 milímetros, tenía la mamá muy enferma del corazón y por eso hablamos para que se quede con la mamá.

—¿Tomaban dimensión a esa edad sobre lo que estaba sucediendo?

—Yo lo único que agradezco es que no me lo van a venir a contar. Yo lo viví. No me lo va a contar Clarín, no me lo va a contar La Nación, no me lo va a contar un libro, ni a través de operaciones de prensa. Porque en esa época también existían operaciones de prensa. En 1982, nosotros volvemos derrotados y los titulares eran el noviazgo de Guillermo Vilas con Carolina de Mónaco y la derrota que habíamos sufrido con la selección en el mundial de España.

—¿Cuál era tu tarea en Malvinas?

—Tenía un cañón de 105 milímetros. Eso era para tirarle a tanques. Mandaron cañones para tirarle a tanques y en Malvinas vos bajas un tanque y se enterraba un metro y medio. Lo terminamos usando para contrarrestar y cubrir el retroceso de la compañía B nuestra, que estaba en el Monte Dos Hermanas. Pudimos tirar un solo tiro, porque tenía un reflujo y si lo tirábamos de noche nos veían desde Comodoro Rivadavia.

—¿Cómo fue el primer ataque contra Puerto Argentino?

—Mi cumpleaños, 1 de mayo. En tres horas y media armamos la trinchera. A las 5 menos cuarto de la mañana fue el primer bombardeo de aviones y después empezamos a ver unos barcos en el horizonte. Tipo 10 de la mañana comenzaron a bombardear los barcos en donde estábamos nosotros, toda la parte de Bahía Elefante. De ahí, bombardeo naval dos veces por día, aéreo una vez por día

Foto: Victoria Nordenstahl.

—¿Cómo se vivió el momento de la rendición?

—Yo estaba llevando heridos al hospital. En una de las veces que vamos, nos apuntan los ingleses, habían bajado la bandera y nos rendimos. De ahí cinco noches prisioneros y nos trataron como el orto. Un galpón con 700 apilados, el que quería mear había un tachito; y el que sale a la noche, lo matamos, nos decían.

—¿Cómo fue el momento de volver a tu casa?

—Lindo. Con emociones encontradas. Malvinas es contradictorio. La felicidad de estar en casa, de poder pegarle un abrazo a mi vieja, a mi viejo por un lado. Por el otro lado vos sabías que había papás, mamás, hermanos, abuelos, tíos que a tu compañero no lo iban a poder abrazar. Fue duro aprender a convivir con eso.

—¿Volviste a Malvinas?

—A Malvinas pude haber vuelto un montón de veces, pero para entrar a Malvinas tenés que presentar el pasaporte. Es darle la razón. Hay gente que va y cada cual cierra la historia como puede, pero yo voy a ir al lugar donde están enterrados mis compañeros y que un inglés me dé autorización para entrar a un lugar que es nuestro.

—¿Qué fue lo que más les dolió de la post guerra?

—Fue peor la post guerra que la batalla. Una cosa es que a un compañero te lo mate un inglés en un enfrentamiento y otra cosa es que se te cuelgue y vos tengas que ir a descolgarlo. Eso tiene que ver con la falta de memoria y justicia. A la vuelta nos faltó el abrazo, el cariño, el respeto. Nosotros éramos los pobrecitos, los loquitos. Nos comíamos los mocos, no sabíamos hablar, no te daban laburo.

—Hoy a 39 años, ¿qué reflexión te queda?

-Pedir disculpas porque perdimos. Yo sí soy víctima de la dictadura militar. Por el endeudamiento, por los desaparecidos, por la venta de pibes. No soy víctima por haber defendido a la patria. Yo puedo decir que tuve el orgullo de usar el uniforme de San Martín, no el de Videla, el de Galtieri y juré defender la bandera que creó Belgrano. Hay otro agregado: los que fuimos somos hijos de laburantes, los hijos de empresarios no fue ninguno a Malvinas.

Foto de portada: Victoria Nordenstahl.

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