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miércoles, 21 abril 2021

Malvinas, el paso del tiempo y la memoria: “Me cagué de hambre allá y acá”

A 39 años del conflicto de Malvinas, que dejó 649 combatientes argentinos muertos en batalla y cerca de 500 suicidios después de la guerra, la herida sigue sin poder sanar y hoy se los recuerda con diferentes actos en todo el país. En nuestra ciudad, se llevará a cabo un homenaje en el monumento a los caídos y en la Asociación de Veteranos, en una fecha de dolor y reflexión.

El 10 de abril de 1982 el General Leopoldo Galtieri salió al balcón de la Casa Rosada y le habló a la multitud de argentinos, que había copado la Plaza de Mayo en apoyo a la medida de recuperar las Islas Malvinas, ocupadas por los ingleses desde 1833. “Si quieren venir, que vengan. Les presentaremos batalla”, fueron las palabras del general, ante el embravecido pueblo.

Hoy, a 39 años del conflicto bélico con Gran Bretaña, se viven horas de profundo dolor y se reconoce a aquellos pibes que con apenas 18 años fueron llevados a defender la patria. En total fueron 649 argentinos caídos en combate, 323 durante el hundimiento del Ara General Belgrano y 326 en el archipiélago, más cerca de 500 suicidios, luego del conflicto.

En una fecha muy especial y emotiva a la vez, Ladran Sancho dialogó con Daniel Álvarez, veterano de Malvinas y vecino de Luján, quien le tocó estar en guerra con 18 años recién cumplidos. Entre los miles de recuerdos que le traen esta fecha, Álvarez no se olvida el día en el que perdió a su amigo en batalla: “Los ingleses nos tiraron la artillería pesada. Ahí yo perdí a mi amigo Walter”.

Álvarez, quien vivió siempre en el Barrio Loreto, relata con crudeza los momentos más duros en las islas y asegura que hasta el día de hoy tiene recuerdos de lo que fue su estadía en Malvinas. Pero no solo su paso por el archipiélago le dejó una marca imborrable, sino todo lo que tuvo que soportar cuando regresó a casa: “Yo no era reconocido, yo era un loco de la guerra. La gente me tenía miedo”.

Tras haber superado una fuerte depresión, luego de la guerra de Malvinas, Álvarez pudo formar su familia, tiene tres hijos y hoy se dedica a auxiliar en una escuela. A 39 años, la herida de él, cómo de todos los ex combatientes y familiares, sigue sin poder sanar y probablemente no cicatrice nunca.

-¿Cuándo te enterás que vas a Malvinas?

-Yo por ley me tenía que salvar, porque era sostén de madre viuda. Algodonera Flandria me da trabajo por ese sentido. Yo no había hecho el trámite y me llegó la carta. Cuando me incorporan, me llevan a la escuela de ingenieros y me dijeron que hacía los tres meses y me podía ir a mi casa, porque no tenía los trámites hechos. Como era escuela de ingenieros, nos dedicábamos a hacer puentes, campos minados. Ya teníamos todas las instrucciones y yo me tenía que volver a mi casa, pero necesitaron soldados para llevar y nos llevaron.

-¿Cómo fue ese  momento?

-Salieron dos o tres camiones una noche hasta El Palomar, con la compañía vieja y la compañía nueva. Paramos en Tierra del Fuego, bajamos de ese avión y ya nos tomamos otro avión. Al otro día ya estábamos en Malvinas.

-¿Cómo fueron esos primeros días en las islas?

-Dormíamos a la intemperie, hasta que nos asignaron un lugar. Después íbamos todas las mañanas a hacer los campos minados. Nos habían dicho que, más rápido terminemos, el primer avión nos traía. Nos íbamos a la madrugada y volvíamos de noche al pueblo. Comíamos una manzana y al otro día seguíamos. Así estuvimos un tiempo. Después al final no nos trajeron nada. Nos dejaron en reserva y nos quedamos en una trinchera. Éramos seis soldados y me hice muy amigo de ellos.

-¿Cuál era tu función?

-Colocar minas antipersonales y antitanques. Pero solo colocamos antipersonales. Hicimos unas cuantas playas. Después ya comenzó el despliegue, cuando fue el ataque a la Isla Soledad. Las primeras líneas ya estaban todas combatidas. Nosotros no teníamos órdenes de retirarnos, así que entramos en combate y los ingleses nos tiraron la artillería pesada. Ahí yo perdí a mi amigo Walter. Lo agarró una bomba.

Después de todo dijeron “alto el fuego”, no pudimos tirar más, nos arriaron para el pueblo. En el pueblo había una re bandera Argentina, la sacaron, pusieron la inglesa y nos tuvieron prisioneros un tiempo. Tuvimos que limpiar el pueblo, a algunos les tocó enterrar a los muertos.

-¿Cómo fue estar prisionero por los ingleses?

-A mí los ingleses me trataron bien. Nos daban frazadas secas, nos daban de comer. Mientras nosotros le hiciéramos caso, estaba todo bien. Lo que sí estábamos en un galpón prisioneros y te sacaban para hacer tu trabajo y después te volvían a traer.

-¿Y de los jefes argentinos qué podés decir?

-Los capos capos no estaban ahí. Había Sargentos y Cabos Primero. Eran de terror. Si vos te llegabas a dormir en una guardia, te estaqueaban. Era bravo. Te sacaban los guantes, te tiraban al piso y te abrían los brazos y te dejaban. Te tapaban solo con una capa poncho. También los pelaban. Nos trataban mal.

-¿Y cómo se las arreglaban para subsistir?

-Teníamos que arreglárnosla, porque el camión de la comida no llegaba, lo bombardeaban. Fue difícil el asunto de la comida. Yo iba al pueblo, a veces le sacaba la carne a los Kelper por el fondo. Hacíamos un poco de todo. También teníamos que saquear los depósitos, porque no te daban nada. También le cambiábamos a los camioneros cigarrillos por chocolate. Eran todas cosas para nosotros, pero ellos después veían que te iban a dar. Lo mismo que la ropa.

-¿Se podía dormir en Malvinas?

-No. Fueron muy pocas veces. Y las pocas veces que podíamos dormir, nos sacaban y  nos ponían en alerta roja.

-¿Llegaste a combatir cuerpo a cuerpo?

– Y, tiramos. Estaban ahí cerca. Cuando dijeron “alto el fuego”, el inglés estaba conmigo ahí y cuando estaba por disparar, mi superior me dijo que, si disparaba, nos mataban a todos. Fue un infierno. El rato que duró la batalla, fue un infierno, porque eran fogonazos de todos lados, bombas que te reventaban, una sordera, un olor a muerto, a sangre.

-Las noticias decían que se estaba ganando la guerra ¿Allá se decía lo mismo?

-A lo primero sí. Había pasado una camioneta con una bandera. Los primeros desembarcos de los ingleses los habíamos tomado nosotros, teníamos prisioneros. Después nos enteramos que habían hundido el Belgrano, que no llegó a Malvinas. Porque si llegaba, todavía estamos allá. Con la misilera, con ese barco que tenía un gran alcance y la aviación que tuvimos. Por la aviación tengo que dar gracias, porque nos defendieron en todos los lugares que estuvimos. Tuvieron unos huevos. Bajaron barcos.

Hundimiento del Crucero General Belgrano. Foto: Archivo.

-¿Cómo fue la vuelta?

-Nos llevaron en un barco hasta Ushuaia y de ahí nos trajeron en un avión de vuelta. Pero nos trajeron medio escondidos. Nos dijeron que no hablemos nada. Después nos dijeron que habíamos perdido, que no habíamos hecho nada. Mucha gente se burlaba y eso te dolía. Hoy por hoy me pongo una medalla y me siento orgulloso, pero antes no quería que se enterara nadie de que había estado en Malvinas. Ahora somos todos héroes.

-¿Qué secuelas te quedaron?

-Cuándo volví me dediqué a las drogas, al alcohol. Era como que me quería autodestruir. Yo no era reconocido, yo era un loco de la guerra. La gente me tenía miedo. Después estuve internado como quinientas veces. Por droga, por alcohol.

-¿Faltó ese acompañamiento del estado cuando volvieron?

-Sí, totalmente. Yo en esa época estuve a punto de cuetiarme y así muchos se quitaron la vida. No tuvimos contención. Te tiraban ahí, en ese hospital militar, y ahí arreglate. Volvías peor.

-Contame de tus primeros días en tu casa

-Yo llegué acá y era un silencio rotundo. Había poca gente que tenía auto. Yo estaba en mi pieza y ante cualquier ruido, saltaba de la cama y estaba en alerta. Se me venía a la mente que estaba el enemigo y que me tenía que alistar con todo el armamento. Eso me duró varios meses, hasta que me internaron. Eso lo recuerdo. A lo último me lo tomaba como una película. Porque si me lo tomaba en serio, me ponía re mal. Y hasta el día de hoy lo pienso así. Ya se que no es una película, pero siempre trate de pensarlo así, como que fui a filmar una película. Tuve depresión, tomaba miles de pastillas y así lo comencé a superar.

-¿Cómo hiciste para poder salir adelante?

Soldados Argentinos, diario en mano. Foto Archivo.

-La vida es muy injusta, porque yo a los 16 años perdí a mi viejo. Todo por la dictadura, porque a mi viejo lo buscaban y nos lo entregaron en un cajón cerrado y nos dijeron que lo había agarrado el tren, pero nada que ver. A él lo bajaron también, en el 78. Eso fue muy fuerte para mí. Y después me toca Malvinas. Imaginate como tendría que haber quedado yo. Hoy reconozco todo, pero doy gracias a dios que tengo vida.

-¿Cuáles son esas cosas de las que te arrepentís?

-Locuras que hacía. Me iba de mi casa, me emborrachaba, me drogaba. Mis hermanas y mi vieja me andaban buscando por todos lados. Yo dormía en la plaza, en cualquier lado, pedía plata a la gente, había meses que ni me bañaba. Vivía así. A medida que fue pasando el tiempo me fui dando cuenta de las cosas y me dije a mí mismo: tengo que volver a ser el mismo de antes, a trabajar.

-¿Qué fue lo que te hizo ese clic?

-Yo no quería verla sufrir más a mi vieja. Porque ella también sufrió mucho.

-¿Se te vienen recuerdos de Malvinas?

– Sí. Más en esta fecha. Después pasa abril y yo vuelvo a estar con la mejor onda, pero para esta fecha me afecta mucho. Por más que yo no quiera pensar en Malvinas. Es una herida que me va a quedar de por vida. No solo lo que sufrí en Malvinas, porque después vine y fui muy discriminado. Fui un loquito de la guerra, no tenía trabajo y todo eso lo sufrí. Me cague de hambre allá y acá, no es que la pasé bien. Muchos vinieron y tenían a los padres que los ayudaron. Yo me fui siendo sostén de madre viuda y cuando volví mis hermanos todavía eran chicos. Mi vieja no cobraba nada, yo tampoco. El estado lo único que hacía era tirarme al hospital militar y me venía peor.

-¿Cómo conmemoras el 2 de abril?

-Es una fecha muy fuerte para mí. Porque fue injusto todo. Cayeron chicos inocentes y quedaron todos allá y todo quedó en la nada. Por lo menos si hubiera quedado la bandera Argentina. Te queda una impotencia en ese sentido, porque al fin y al cabo, ellos se quedaron allá.

-¿Qué anécdotas te quedan?

-Ya estábamos prisioneros. Yo tenía un hambre que no daba más. Ya estaba re jugado y me subí arriba de un camión, me agarré un jarro, le puse agua, leche en polvo y me hice un café con leche re grande, en un calentador que había. Me silvateaban de todos lados, pero yo no lo iba a largar. Hacía semanas que no comía.

-¿Te gustaría volver a las islas?

-Me queda pendiente volver, para rezarle un padre nuestro a mi amigo y a todos los argentinos que están allá, que son héroes. Después hay que ver que reacción tenes cuando estás allá porque, por ahí te pega mal.

-¿Qué se valora hoy?

-Uno viene y reconoce el agua, reconoce todo. Reconoces a tus hermanos, a los vecinos. Vos venís muerto de allá. Yo extrañaba mi barrio, lloraba mucho. Hoy soy un agradecido. Si dios te dio la vida, tenes que seguir para adelante. Hoy me puedo tomar un mate, comer un asado, juntarme con mis amigos.

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