Es el más famoso de Luján y en esta nota recorre su trayectoria en la cultura. Falta de fomento y derechos laborales, más el impedimento al trabajo callejero, forman parte de su mirada sobre la situación actual en un contexto que se repite en el mundo de las y los trabajadores artísticos.

Aunque con frecuencia es posible presenciar sus locas andanzas en Carlos Keen “Tertulio” es reconocido en todo el partido de Luján. Querido por su público sin distinción de edades, es Lucas Caballero quien da vida a ese personaje que recorre los encuentros artísticos y festivales llevando su gorro y la valija llena de objetos con el objetivo de hacer reír a toda persona que se detenga a mirarlo.

Si tiene que definirse Lucas sostiene que es un payaso. Pero los rasgos circenses lo acompañan en sus espectáculos a través de los malabares y la acrobacia. Lo mismo sucede con la magia, que junto con el clown y el circo sella la identidad de Tertulio.

“He ido como buscando mi propio lenguaje. También tengo bastante de lo que tiene que ver la técnica de lo gestual, la mímica, casi que no hablo en todos los espectáculos que he creado. Hablo un poco más en el espectáculo de calle por el tipo de código, de lenguaje que se utiliza”, identifica.

Lucas ostenta dos décadas de profesión artística, llevando espectáculos a diferentes ámbitos públicos y privados. En ese tiempo, diferentes gestiones pasaron tanto a nivel municipal como nacional y aunque la cultura tuvo sus años de fomento en el contexto nacional, la demanda es histórica en el sector y al artista aún le cuesta ser reconocido como un trabajador, y por lo tanto, los derechos que como tal le competen.

Hace algunos meses, integra un frente de artistas conformado para defender el acceso y la producción del arte local e ir contra las políticas de no fomento de la cultura pero ante la falta del compromiso estatal para solucionar las demandas y el desgaste que eso provoca le cuesta al grupo organizar su labor y la cultura local mientras profundiza hoy su abandono, cada vez más.

“Lo que se pide es que haya talleres y formas dignas de poder trabajar, ya sea para la gente que va a tomar el taller como los profesores, contrataciones de espectáculos, actividades en el centro, en los barrios, donde el público espectador no tenga que pagar una entrada. Que haya espacios de trabajo en la cultura, en las disciplinas, hay muchos espacios vacíos en Luján que aunque sea pedíamos que haya uno. En este momento lo poco que hay se está desarmando todo”.

Foto: Inti Castellanos

El estudio de las técnicas de circo comenzó a la par de la carrera de cine y en paralelo al trabajo audiovisual, llevó también su arte a la calle, durante varios años viajando por el país, Latinoamérica y España. De regreso a Argentina realizó con un grupo en la Casa de la Juventud talleres y diferentes actividades relacionadas al circo y al teatro. Luego de algún tiempo junto con dos amigos armaron una compañía y una sala, La Patera Teatro, donde ensayaban y desarrollaban dos obras, “Dos Payasos y un biombo” y “Lustro”, además abierta a otros grupos para que trabajen allí. A su vez, para poder generar recursos continuó el trabajo en eventos privados, actividad que sigue en la actualidad.

“Dentro de la compañía trabajamos mucho relacionado a lo que es cultural a nivel provincial y nacional, en relación con el Instituto Nacional de Teatro. Con “Dos Payados y un Biombo” ganamos el Festival Provincial de Teatro, nos fuimos a las fiestas nacionales en representación de la provincia y con “Lustro” también hemos ganado el segundo premio lo cual eso nos facilitó a poder haber trabajado por todo el país y también internacionalmente”.

Entre 2004 y 2005, recorrieron casi todas las provincias, con proyectos relacionados a la plataforma del Instituto Nacional de Teatro y también de manera independiente, generando vínculos con diferentes grupos de teatros del país, participando en otros festivales nacionales, provinciales y un festival internacional. Aunque su trabajo siguió de manera independiente en esos momentos destaca la intervención del Estado que impulsó muchos proyectos de fomento a la cultura donde grupos de teatro trabajaban y así generaba gran movimiento a partir de esa estructura. Fueron los años de gobierno kirchnerista lo que les permitió un importante caudal de trabajo, situación totalmente distinta a la que hoy la cultura transita, tanto a nivel nacional como local.

“Muchas provincias, muchas escuelas, lugares que a lo mejor uno iba a una escuelita rural en el medio del monte de Tucumán y te llevaban a hacer un espectáculo donde chicos nunca habían visto, no sabían lo que era el teatro. Entonces esos son proyectos que realmente tienen sentido, que ahí es donde se ejecuta mejor los fomentos de la cultura”.

Foto: Inti Castellanos

Luego de varios años, los amigos finalizaron la tarea conjunta y desarmaron la compañía. Desde ese momento, Lucas trabaja con el unipersonal, principalmente en la calle y en Carlos keen, un espacio que sostiene hace de mucho tiempo.

En ese recorrido laboral, las principales dificultades que encuentra están vinculadas al desarrollo el trabajo. “Como uno en estos lugares se inventa todo porque arrancas de la nada, lo que tiene que ver con la creación y con un impulso de confianza de creer en algo que está saliendo desde cero. Esa es una gran dificultad que hay que poder traspasarla con trabajo. El tiempo, la dedicación a la profesión. Hay muchísimo esfuerzo en la creación, en el ensayo, para la gestión porque además de crear el trabajo, llevarlo adelante uno tiene que poder introducirlo para poder vivir, llenar la olla con trabajo que es bastante complejo”.

Una deuda histórica

Los malabares no solo quedan dentro de las rutinas. Los años de profesión le permiten hacer la mirada retrospectiva y evidenciar en primera persona la histórica ausencia de fomento y promoción en el área cultural. Sus andanzas identifican las principales carencias y los diferentes obstáculos que artistas y trabajadores de la cultura debe sortear para vivir de lo que les gusta.

“Hay cientos de trabajadores de la cultura con la necesidad de insertarse en la actividad laboral. Sea en talleres, contrataciones, poder ocupar espacios con actividades. Creo que los espacios que están, están totalmente vacíos. También el espacio de calle que al tampoco generar los recursos se están pidiendo habilitaciones en espacios callejeros en lo cual hay leyes que están guardadas en Concejo Deliberante hace mucho tiempo, no está regulado el artista callejero entonces es muy difícil que se habiliten esos permisos”.

Otra de las faltas en el desarrollo cultural es la falta de espacios. La carencia surge por la ausencia de un Estado promotor que además salpica cuando trabajadores salen a buscar ese lugar por cuenta propia no permitiendo su permanencia.

Y en el contexto actual, aunque el desarrollo de las actividades siempre fue una complicación para los trabajadores, Lucas remarca que en las gestiones locales nunca había visto un vaciamiento como el que los artistas viven hoy.

“Muchas veces el trabajador de la cultura, el artista no está ubicado con la misma posibilidad, que a lo mejor tiene otro trabajador con otra profesión. Está mucho más puesto como algo secundario. Porque a uno le guste lo que hace se cree que no tiene que ser valorado muchas veces económicamente la situación”.

Foto: Facebook Lucas Tertulio Caballero

Al no existir para los artistas y trabajadores de la cultura una Ley de respaldo en seguridad social y sostén a sus actividades laborales, como los actores que lograron esa conquista en 2015, el trabajo dentro de lo cultural está totalmente desregulado que empeora cuando se actúa en espacios callejeros contra las manifestaciones artísticas.

“El Estado tiene que ser consecuente en sus políticas culturales como también tiene que ver con la educación, la salud. Yo creo en ese tipo de políticas, que si el Estado tiene que sostener, tiene que defender, y tiene que promoverla y es algo que nunca sucede. Y uno se va acostumbrando como sociedad a que eso tiene que ser así. También le pasa al artista, que muchas veces con la necesidad de expresar, de mostrar lo que hace accede a esos espacios y se va deformando los mecanismos, entonces es mal utilizado y se presta a esas acciones entonces como que es muy difícil”.

En Luján, Lucas ha trabajado de manera independiente realizando talleres para niños o adultos ya sea de clown, de circo o de mago. “Lo que tiene que ver con el Estado talleres que a la vez no están sostenido con una estructura que vos decís, de acá la idea es que se forme un grupo. Es frustrante para el profesor, para los alumnos porque las condiciones son muy precarias ya sea de sueldos, los espacios donde se trabajan, los recursos, los materiales entonces es muy difícil que sea consecuente en el tiempo y por lo general son talleres que en tres o cuatro meses comienzan a generar desgaste”.

La búsqueda constante de sobrevivencia como trabajador de la cultura

Además de payaso, hace algunos años encontró entre el recorrido realizado en sus viajes un oficio que le ayuda a sostener su economía y que está en vínculo con su profesión. “Estoy muy contento con eso y como oficio me encanta”. Luego de finalizar la compañía de teatro, y sin el espacio para generar sus propias actividades decidió avanzar con la producción de sombreros.

“En todos los espectáculos que se hacían había rutinas de sombreros y siempre fue muy costoso encontrar, ya sea de estética y el tipo de sombrero para poder manipularlo. Y de un momento a otro cuando empecé fue un objeto que siempre me interesó y en Bolivia veía muchos artesanos de oficio de sombrereros en la calle y colgaba verlo. Creo que lo aprendí así el oficio. Siempre amigos de circo y de teatro me decían que me ponga, que haga que venda porque les resulta complejo encontrarlos”.

Hace dos años que produce sombreros, galeras y bombines requeridos para las actividades circenses y el mundo del teatro, aunque también hace para vestir, con repercusión en el país y también en el exterior, por lo que es posible contactarlo por redes sociales.

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